Mientras buena parte del país miraba hacia otro lado, el diario publicó un documento que anticipaba, con una precisión inquietante, el programa del gobierno que los militares planeaban imponer.
En los días previos al 28 de junio de 1966 el golpe de Estado ya no era un secreto. Se comentaba en despachos oficiales, cuarteles, universidades, sindicatos, partidos políticos y entidades empresarias. La posibilidad de una nueva interrupción institucional se había convertido en una conversación cotidiana, alimentada por una intensa campaña que había erosionado la figura del presidente Arturo Illia.
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