La caída del empleo registrado volvió a encender señales de alarma en distintos sectores de la economía. Los últimos datos de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social muestran que en marzo de 2026 el total de trabajadores registrados alcanzó los 12,83 millones de personas, con una reducción interanual de 40.900 puestos de trabajo, equivalente a una caída del 0,3%.
La baja no sólo se verificó en la comparación con el mismo mes del año pasado. Respecto de febrero, el empleo registrado también retrocedió un 0,2%, con resultados negativos en todas las modalidades ocupacionales. La tendencia se mantuvo durante abril, cuando la Encuesta de Indicadores Laborales registró una nueva caída del 0,1% en el empleo privado formal de las empresas relevadas.
La construcción atraviesa una situación particular. Aunque las estadísticas oficiales muestran una mejora interanual del 1% en el empleo registrado del sector, las empresas advierten que la actividad continúa muy lejos de los niveles previos a la crisis y que todavía no logró recuperar los puestos perdidos durante los últimos años.
La preocupación quedó expuesta durante la reciente Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO), donde el presidente de la entidad, Gustavo Weiss, trazó un diagnóstico crítico sobre el presente de la actividad.
Según explicó, la construcción registra una caída cercana al 25% y perdió alrededor de 120.000 puestos de trabajo. Weiss atribuyó gran parte de ese deterioro a la reducción de la obra pública, que calificó como ubicada en “mínimos históricos”.
El dirigente sostuvo además que las dificultades para acceder a créditos hipotecarios limitan la construcción de viviendas y reducen las posibilidades de recuperación del sector. Remarcó que muchas familias de clase media podrían acceder a una vivienda propia si existieran préstamos a 20 o 30 años con cuotas equivalentes al valor de un alquiler.
La crisis de la construcción también impacta sobre una extensa cadena productiva. Weiss señaló que la menor cantidad de obras afecta directamente a fabricantes de insumos, proveedores de materiales y empresas vinculadas a la actividad, que deben reducir producción y enfrentar problemas financieros.
La retracción alcanza incluso a las refacciones y obras menores. La menor circulación de dinero y el encarecimiento de los costos en dólares provocaron una reducción de inversiones privadas.
Los datos oficiales muestran que el deterioro se concentró principalmente en el trabajo asalariado. En marzo se contabilizaron 9,995 millones de trabajadores registrados entre el sector privado, el sector público y el personal de casas particulares, mientras que el trabajo independiente alcanzó a 2,834 millones de personas.
Pese a que marzo suele ser un período asociado al reinicio pleno de las actividades económicas tras las vacaciones de verano, el empleo asalariado volvió a mostrar números negativos. El informe oficial destacó que todos los segmentos registraron retrocesos: tanto el empleo privado como el público descendieron un 0,1%, mientras que el trabajo en casas particulares cayó un 0,2%.
La situación resulta más preocupante cuando se observa la evolución de mediano plazo. El empleo privado formal acumula una tendencia descendente desde septiembre de 2023. Tras una fuerte caída durante el primer trimestre de 2024, el mercado laboral mostró una recuperación parcial hacia fines de ese año. Sin embargo, desde mediados de 2025 retomó una trayectoria contractiva que se extendió durante el segundo semestre y continuó en los primeros meses de 2026.
En términos interanuales, el empleo asalariado privado registró una reducción del 1,5%, equivalente a 96.700 trabajadores menos. Las industrias manufactureras aparecen entre los sectores más afectados, con una caída del 4% respecto de marzo del año pasado. También se observaron retrocesos significativos en la actividad minera, la intermediación financiera y el comercio.
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