Ante la incertidumbre sobre el futuro de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y la falta de un consenso sólido en el Congreso para suspenderlas o eliminarlas, el peronismo comenzó a diseñar alternativas políticas para evitar la dispersión y garantizar la unidad del espacio. Mientras el oficialismo libertario evalúa la jugada para quitarle a la oposición una herramienta clave de reordenamiento, en especial al PJ, los distintos sectores del justicialismo diagraman su propia estrategia de contingencia.
En el peronismo no existe certeza absoluta sobre el desenlace legislativo respecto a las primarias. Algunos sectores consideran que el Gobierno carece de los números necesarios para eliminarlas o suspenderlas, mientras que otros advierten que las tensiones y los puentes tendidos con gobernadores dialoguistas complican el objetivo central de la Casa Rosada.
La intención del oficialismo (respaldada públicamente por gobernadores aliados como el jujeño Carlos Sadir) apunta a desarticular la capacidad de la oposición para reagruparse y volverse competitiva. La lectura política indica que el verdadero propósito no es meramente el ahorro fiscal, sino poner trabas para impedir que el peronismo cierre sus diferencias a través de los votos.
Ante la posibilidad concreta de que las PASO sean suspendidas o eliminadas, referentes del espacio empezaron a debatir caminos alternativos. Un paso clave en esa dirección ocurrió la semana pasada en el encuentro del que participaron Máximo Kirchner, los senadores Jorge Capitanich y Sergio Uñac, y el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela.
Durante la reunión, los dirigentes evaluaron la viabilidad de una interna partidaria y remarcaron la necesidad imperiosa de consensuar un programa de gobierno conjunto. Con la urgencia de definir las reglas electorales este año, el foco está puesto en el proceso de selección de candidaturas más que en los nombres propios.
En el plano electoral, Axel Kicillof ratificó su decisión de competir como precandidato a presidente, ya sea a través de unas PASO o mediante una interna partidaria. Kicillof cuenta con la estructura política más robusta y las mediciones más altas de la oposición, un terreno donde sólo empata con Cristina Kirchner, quien actualmente se encuentra inhabilitada para competir por su situación judicial.
No obstante, sectores internos reacios de su figura dudan de sus posibilidades de victoria en un eventual ballotage frente a La Libertad Avanza reconocen que su peso político es ineludible. Bajo esta premisa, la única forma de disputarle el liderazgo es a través de las urnas, lo que obliga a diseñar mecanismos transparentes de competencia.
En este contexto recobra fuerza la propuesta impulsada por Sergio Uñac de realizar una interna partidaria abierta y escalonada por regiones a lo largo de varios meses (dividiendo las votaciones por zonas como el NEA, NOA, Centro y Patagonia). Si bien esta alternativa enfrenta desafíos logísticos, organizativos y el riesgo de interferencia externa, se mantiene latente sobre la mesa de discusión.
Con el panorama electoral revolucionado, el peronismo transita una encrucijada donde sólo asoman dos salidas: las PASO o una interna partidaria. El objetivo primordial de los distintos sectores es encontrar un punto de equilibrio que evite que las disputas internas destruyan la cohesión del espacio político.
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