“El kirchnerismo fue hiperinflación, emisión descontrolada, desabastecimiento y caos. Hoy los índices son positivos, pero sabemos que algunos sectores están pasando un momento difícil. Nos debe ocupar que los resultados lleguen a cada familia, pyme y empresa”. Esto escribió ayer la senadora libertaria Patricia Bullrich en la red X. Buscado o no, sonó como una suerte de diferenciación de lo que había dicho el presidente Javier Milei un día antes, en el foro Council of the Americas, en el que aseguró que el desempleo no aumentó, que los salarios no cayeron y que no habrá cambios en el plan económico.
Bullrich, una política profesional, pareció buscar una cierta empatía con la parte de la población que todavía no percibe los supuestos beneficios del programa oficialista. Programa que ha logrado estabilizar variables macro-económicas, iniciar el camino de la baja de la inflación pero que, a su vez, tiene a grandes sectores (servicios, comercio, construcción) esperando el derrame.
Los dichos de Bullrich interpelan de cierta forma a Milei, quien en sus apariciones recientes transmite alguna carencia de la fibra empática y también de algún grado de autocrítica. Al menos desde lo discursivo, el Presidente muestra un país de maravillas, refuta datos que a veces son del propio INDEC y despotrica con insultos contra los que señalan que existen actores que no se están beneficiando con el actual modelo de rigidez fiscal, dólar planchado y consumo restringido.
LOS NÚMEROS Y EL RELATO
Milei se la agarra con los medios y los periodistas -su enemigo buscado- por publicar cifras que a él no le gustan. Pero suelen ser números oficiales.
Ejemplo 1: en el Council of the Americas, el Presidente afirmó que en 2024 la economía creció 6% y que en 2025 lo hizo 4%, con una expansión acumulada de “más de 10 puntos porcentuales” en sus dos primeros años. No es lo que muestran los números oficiales: el PBI cayó 1,6% en 2023 -último año del cuarto gobierno kirchnerista- y 1,7% en 2024, primer año de gestión libertaria marcado por el ajuste fiscal. Recién en 2025 la economía mostró una recuperación, con un crecimiento de 4,4% según el INDEC.
Ejemplo 2: el Presidente aseguró que los salarios no cayeron en su gobierno. El Índice de Salarios que publicó el INDEC el jueves último muestra que, en el primer semestre de 2026, las remuneraciones registradas subieron 15,5% y acumularon 29,7% en los últimos 12 meses. Sería buena noticia si no fuera porque es contra una inflación de 16,8% y 33,5%, respectivamente, en los mismos períodos. Es objetivo: los salarios registrados vienen perdiendo terreno frente a los precios.
Vayamos a noviembre de 2023, antes de que asuma La Libertad Avanza. Desde entonces, los salarios registrados del sector privado todavía están 3,6% abajo y los públicos (nacionales y provinciales) 16,5% abajo. En promedio, el conjunto de los salarios registrados se ubica 8,2% por debajo del nivel de noviembre de 2023.
Ejemplo 3: Milei niega cierre de empresas (cierran unas, abren otras es su lógica) y la caída del empleo. Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, sistematizados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), muestran lo contrario: entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, la cantidad de empresas cayó en 30.633 (2.371 solo en mayo, último dato disponible). En el mismo período se perdieron 411.613 puestos de trabajo registrados.
Es información oficial.
MILLONES QUE NO LA PASAN BIEN
Es la gota de autocrítica que le falta al Presidente, que parece limitar el éxito económico de su gestión a la extraordinaria recuperación de los sectores de la economía que generan dólares: petróleo, gas y energía en general; minería y agro. ¿Es un acierto? Si, claro. Pero no se agota todo ahí.
Un universo importante de gente que votó a Milei en 2023 (y que le renovó el crédito en 2025) está incluido en el espectro que no siente el derrame en su cotidianeidad, que tiene problemas en la economía de su “metro cuadrado”. Según los estudios cualitativos de muchas consultoras, ya es gente “decepcionada”. ¿Son irrecuperables esas adhesiones para la Casa Rosada, que tiene como objetivo prioritario la reelección del jefe de Estado?
El Presidente, por ahora, parece no tener un discurso que apunte a ese grupo (hablamos de millones de personas), donde también están los hiper-endeudados con bancos y billeteras virtuales para pagar gastos cotidianos, ya no gustitos caros. Palabras que seduzcan, que arropen, que expliquen los tiempos. Salvo los talibanes violetas, es gente para la que ya pasó el tiempo de culpar a la gestión anterior: ahora, al cabo de dos años y medio, le reclaman soluciones a ésta.
Trasciende, cual pesadilla para el ala política del Gobierno, que Milei no se desviará de la rigidez dogmática; que no apelaría a ninguna decisión económica que huela, digamos, a populismo, para fomentar el consumo que no sea la de esperar que los tiempos de su modelo así lo dicten. Puede que el repunte en ese sector crítico, clase media y media baja urbana (Conurbanos), no termine coincidiendo con los tiempos políticos, regidos por las necesidades de la reelección. “Prefiere irse a casa antes que cambiar el rumbo”, dicen en el poder. Ver para creer.
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