El Partido Demócrata de Estados Unidos enfrenta una disyuntiva de cara a las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre: apostar por candidatos de izquierda que movilizan a sectores jóvenes y progresistas o evitar que sus posiciones ideológicas alejen a los votantes moderados. En el centro de esa discusión están los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés), una organización que busca transformar su creciente presencia electoral en influencia dentro del partido.
El triunfo de Zohran Mamdani en la elección para la alcaldía de Nueva York en 2025 fortaleció al movimiento y amplió su visibilidad nacional. Ahora, sus candidatos aspiran a aprovechar ese impulso para ganar bancas en el Congreso, en una votación en la que los demócratas buscan recuperar el control legislativo durante los últimos dos años de la presidencia de Donald Trump.
Fundados en la década de 1980, los DSA permanecieron durante años en los márgenes de la política estadounidense. Su crecimiento comenzó a acelerarse con la campaña presidencial de Bernie Sanders en 2016, cuando el senador independiente por Vermont instaló en el debate público cuestionamientos a la desigualdad económica, la influencia de las grandes corporaciones y el funcionamiento del sistema político.
Aunque Sanders nunca integró formalmente la organización, su propuesta de socialismo democrático contribuyó a abrir un espacio para esas ideas. En 2018, Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib llegaron a la Cámara de Representantes con el respaldo del movimiento, que desde entonces busca consolidar una corriente propia dentro del Partido Demócrata.
Una agenda que divide
El programa de los DSA incluye un sistema de salud universal financiado por un único pagador, mayores impuestos a los sectores de mayores ingresos, políticas ambientales para acelerar la transición energética y una redistribución de recursos policiales hacia las comunidades. También plantea cambios más profundos, como reducir el presupuesto militar, eliminar el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y suprimir el Senado.
La organización sostiene, además, una posición crítica hacia Israel por la guerra en Gaza y cuestiona la asistencia financiera y militar que recibe de Estados Unidos. Estas posturas generan resistencias en parte del electorado, particularmente entre sectores de la comunidad judía, y ofrecen argumentos a los republicanos para presentar a los candidatos socialistas como representantes de una izquierda radical.
El problema para los demócratas es que esos cuestionamientos pueden extenderse a toda la fuerza política, incluso a dirigentes que no comparten el programa de los DSA. Algunos sectores moderados temen que esa asociación perjudique las posibilidades de recuperar el Congreso, mientras que otros consideran que la movilización de votantes jóvenes puede resultar decisiva para enfrentar al oficialismo republicano.
El atractivo electoral del movimiento también está vinculado con el descontento económico. Sus dirigentes señalan que la promesa de alcanzar un nivel de vida superior al de sus padres perdió credibilidad, especialmente después de la crisis financiera de 2008. La precariedad laboral, el costo de vida y la percepción de que el sistema beneficia a los más ricos alimentan el reclamo de alternativas.
Para los candidatos socialistas, el desafío consiste en convertir ese malestar en apoyo político. Sus campañas se apoyan en redes de voluntarios jóvenes, el uso de las redes sociales y el trabajo territorial. La candidata Darializa Ávila Chevalier, por ejemplo, afirmó que su equipo recorrió más de 155.000 hogares con voluntarios durante la campaña en Nueva York.
El peso de una minoría
Los DSA esperan ampliar su representación en la Cámara de Representantes hasta siete integrantes, entre ellos Ocasio-Cortez y Tlaib, además de candidatos que compiten en distritos tradicionalmente demócratas. Sin embargo, los analistas advierten que un resultado favorable no necesariamente implicará un cambio inmediato en la orientación del partido.
El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal de Arizona Steven Smith sostiene que el atractivo de estos aspirantes está más relacionado con sus propuestas concretas en salud, impuestos, educación y medioambiente que con la ideología socialista en sí misma. También remarca que la mayoría de los demócratas que obtengan una banca no estará vinculada a los DSA.
Su influencia, de todos modos, podría resultar significativa si los demócratas consiguen una mayoría parlamentaria ajustada. En ese escenario, el bloque socialista tendría capacidad para condicionar acuerdos internos y exigir concesiones a cambio de sus votos. Con una diferencia más amplia, su margen de presión sería menor.
La disputa también puede repercutir en las aspiraciones presidenciales de Ocasio-Cortez, una de las principales figuras del ala progresista. Un buen desempeño de los candidatos respaldados por los DSA fortalecería su posición, aunque para ampliar sus posibilidades deberá construir apoyos más allá de ese sector.
Las elecciones, por lo tanto, no solo definirán la composición del Congreso, sino que también pondrán a prueba la estrategia demócrata frente a Trump. El avance socialista expresa el malestar de una parte del electorado y la búsqueda de respuestas más contundentes, pero también expone una tensión todavía abierta: cuánto puede desplazarse el partido hacia la izquierda sin perder el respaldo de sus votantes moderados.
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