Argentina está a las puertas del mayor ciclo de inversiones mineras de su historia. Los proyectos de cobre, litio, oro y plata permitirán que las exportaciones del sector superen los US$ 35.000 millones anuales hacia 2035, multiplicando varias veces los niveles actuales y consolidando a la minería como uno de los principales complejos exportadores del país.
Son cifras que reflejan la magnitud de la oportunidad, pero que también plantean una pregunta mucho más relevante: ¿qué país habrá construido Argentina cuando ese ciclo de inversiones madure? Durante décadas discutimos cómo atraer inversiones y aprovechar la riqueza del subsuelo. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que los recursos naturales, por sí solos, no garantizan el desarrollo.
La diferencia entre los países que lograron transformar esa riqueza en prosperidad y aquellos que quedaron atrapados en un modelo meramente extractivo estuvo en su capacidad para construir empresas, conocimiento, tecnología y capital humano alrededor de esos recursos.
EJEMPLOS EXITOSOS
Australia entendió tempranamente que la minería no debía limitarse a la extracción de minerales. Aprovechó ese impulso para desarrollar una poderosa industria de proveedores de bienes, tecnología y servicios —el reconocido ecosistema METS (Mining Equipment, Technology and Services)— que hoy exporta ingeniería, automatización, software y soluciones especializadas a proyectos mineros de todo el mundo. Noruega siguió una estrategia similar con el petróleo y el gas, utilizando esos recursos para fortalecer empresas proveedoras, desarrollar tecnología y consolidar capacidades industriales de alcance global.
Irlanda, desde una realidad completamente distinta, demostró que el crecimiento sostenido depende de la inversión en educación, innovación y actividades de inversión en conocimiento.
Son trayectorias diferentes, pero con una misma enseñanza: los recursos naturales generan oportunidades; el desarrollo depende de las capacidades que un país construye a partir de ellos. Ese es, precisamente, el desafío que enfrenta Argentina.
UNA NUEVA GENERACIÓN
La expansión de la minería puede impulsar una nueva generación de proveedores industriales, empresas de ingeniería, desarrolladores de software, firmas de servicios tecnológicos, laboratorios, centros de investigación y emprendimientos innovadores capaces de abastecer no solo al mercado local, sino también a proyectos en toda la región.
La minería puede convertirse en una plataforma para diversificar la economía y fortalecer el entramado productivo, siempre que exista una estrategia orientada a generar valor agregado, innovación y competitividad.
La reconversión productiva no implica desindustrializar el país. Implica reasignar recursos hacia actividades con mayor potencial competitivo, acompañando la transformación de empresas que deberán innovar para integrarse a nuevas cadenas de valor. Algunas actividades perderán protagonismo y otras emergerán con fuerza, pero el objetivo debería ser siempre el mismo: construir una industria más moderna, más exportadora y más vinculada al conocimiento.
DOS FINALES POSIBLES
Si dentro de veinte años el balance de esta etapa se limita a contabilizar toneladas de cobre o litio exportadas, Argentina habrá desaprovechado una oportunidad histórica. Si, en cambio, la minería deja como legado nuevas empresas, proveedores competitivos, tecnología, innovación y capacidades productivas, entonces habrá contribuido a transformar la estructura económica del país.
Porque las minas tienen una vida útil. Las capacidades que una sociedad construye alrededor de ellas pueden perdurar durante generaciones. Esa debería ser la verdadera medida del éxito de la nueva minería argentina.
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