En cercanías de Bordenave, un establecimiento ganadero apuesta al desarrollo de la raza Shorthorn como herramienta para incrementar la producción de carne vacuna a través de una mayor eficiencia productiva.
El trabajo se lleva adelante en el campo El Campito, propiedad del productor Héctor Montero, quien sostuvo que el desafío actual de la ganadería argentina ya no pasa por aumentar el stock bovino, sino por lograr más kilos de carne por animal.
“Es la gran esperanza de la ganadería para aumentar la producción en la Argentina”, afirmó Montero al referirse a la raza británica, cuya presencia comercial perdió protagonismo en las últimas décadas frente a otras líneas ganaderas tradicionales.
El productor explicó que el contexto internacional exige animales más pesados y con mejores características de calidad. “El ganadero debe empezar a buscar más kilos por animal porque, además, ahora la calidad se paga. No podemos seguir faenando animales de 280 kilos; el mundo busca carne con marmoleo, criada en pasturas y de peso más alto, que son las que tienen mejor sabor”, señaló.
Según detalló, la mejora en la alimentación y en los sistemas de manejo permite aumentar rápidamente la producción sin necesidad de incrementar el número de cabezas, un proceso que demandaría varios años.
Montero indicó además que, junto a especialistas del INTA Bordenave, realizaron un estudio de tres años para analizar el comportamiento productivo de distintas cruzas.
“Realizamos un estudio de tres años con los especialistas del INTA Bordenave y comprobamos que, si bien las razas puras como Angus y Shorthorn rinden parecido, la cruza de ambas produce entre el 16 % y el 17 % más de peso al destete y final”, explicó.
También destacó los resultados obtenidos al cruzar Shorthorn con Murray Grey, experiencia que, según sostuvo, permitió alcanzar mayores niveles de crecimiento animal.
La raza Shorthorn fue una de las primeras desarrolladas para producción de carne vacuna y tuvo un rol clave en la mejora genética del rodeo argentino desde el siglo XIX. Montero recordó que el primer toro pedigree que ingresó al país fue Tarquino, un ejemplar Shorthorn llegado en 1823.
El productor remarcó que en su establecimiento mantuvieron las características tradicionales de la raza, priorizando fertilidad, mansedumbre y calidad carnicera. “Comenzamos con un proceso de inseminación masiva para poblar el campo con ese Shorthorn antiguo que, hoy, resulta ser el más moderno por su capacidad de respuesta productiva”, expresó.
Y concluyó: “Honramos la historia de una raza que, dos siglos después de Tarquino, sigue siendo sinónimo de la mejor carne del mundo”.
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