El dólar vuelve a ocupar un lugar central en la discusión económica argentina y comienza a convertirse, a más de un año de las elecciones presidenciales de 2027, en una de las variables que pueden marcar el escenario político y económico del próximo año. La cotización de la moneda estadounidense, la acumulación de reservas y la demanda de divisas aparecen entre las principales preocupaciones del Gobierno y de los mercados ante un proceso electoral que históricamente suele incrementar la dolarización de los ahorros.
El escenario ya comenzó a ser analizado por el equipo económico de Javier Milei. Según publicó LA NACION, el Gobierno estima que en los cuatro meses previos a las elecciones podría producirse una demanda adicional de unos US$7.000 millones, producto principalmente de una mayor compra de dólares por parte de los argentinos y del adelantamiento de importaciones por parte de las empresas.
La preocupación no surge solamente por la cotización del dólar, sino por el impacto que una eventual mayor demanda de divisas podría tener sobre el resto de la economía. Una presión cambiaria puede trasladarse a los precios, afectar las tasas de interés, condicionar el crédito y modificar las expectativas de empresas y consumidores. Por eso, la estabilidad del mercado cambiario aparece como uno de los objetivos centrales para el Gobierno durante el año electoral.
En ese sentido, el Ministerio de Economía sostiene que cuenta con herramientas para enfrentar una eventual mayor demanda. Según las cifras difundidas por el Gobierno, el esquema de respaldo para 2027 contempla reservas, swaps y capacidad de intervención en el mercado de futuros por un monto cercano a los US$72.000 millones. A esto se sumarían los dólares provenientes de las exportaciones y de nuevas inversiones vinculadas, entre otros sectores, con el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI).
El antecedente más cercano también explica la atención que genera el comportamiento del dólar durante los períodos electorales. De acuerdo con datos citados por LA NACION a partir de información del Banco Central, durante los seis meses previos a las elecciones legislativas de 2025 la dolarización, entre compras de divisas y cobertura cambiaria, se acercó a los US$35.000 millones.
Para 2027, además, existe una discusión sobre cuál debería ser el nivel del tipo de cambio. El proyecto de Presupuesto enviado por el Gobierno al Congreso contempla un dólar mayorista de $1847,6 para diciembre del año próximo, mientras que las consultoras y bancos que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyectaban, antes de conocerse el Presupuesto, un valor de $2016 para el mismo período.
La diferencia entre ambas referencias muestra que existe una discusión abierta sobre la evolución del tipo de cambio durante el año electoral. Mientras el Gobierno plantea un escenario de mayor estabilidad cambiaria acompañado por una desaceleración de la inflación, las estimaciones privadas contemplan una corrección mayor del dólar.
Las empresas también comenzaron a preparar sus presupuestos con un escenario diferente al oficial. Según una evaluación de la consultora Abeceb citada por LA NACION, las compañías trabajan para 2027 con un dólar oficial mayorista de entre $1900 y $1950 hacia fin de año, junto con una inflación cercana al 19% y un crecimiento económico de alrededor del 3%.
El debate cambiario está estrechamente relacionado con otra de las grandes discusiones económicas: la competitividad. Durante 2026, el dólar avanzó a un ritmo inferior al de la inflación acumulada, lo que generó cuestionamientos de distintos sectores productivos respecto del nivel del tipo de cambio. Al mismo tiempo, el Gobierno defiende la estabilidad cambiaria como una herramienta para consolidar la desaceleración de la inflación.
La tensión entre ambos objetivos -contener los precios y evitar una pérdida de competitividad- será uno de los temas que probablemente atraviesen la agenda económica de 2027. Una aceleración del dólar puede favorecer a sectores exportadores y mejorar la competitividad de determinadas actividades, pero también puede generar presión sobre los precios y afectar el poder adquisitivo. Por el contrario, un tipo de cambio más estable contribuye a la previsibilidad de precios, aunque puede generar cuestionamientos cuando los costos internos aumentan más rápido que el dólar.
En paralelo, el mercado financiero comenzó a incorporar el componente político en sus decisiones. El riesgo país argentino se ubicó recientemente por encima de los 550 puntos básicos, en un contexto en el que también influyeron factores internacionales, el desempeño de la actividad económica y el ritmo de acumulación de reservas.
La discusión también alcanza a la oposición. En las últimas semanas aparecieron distintas posiciones respecto del tipo de cambio, el esquema fiscal y el modelo productivo. El debate sobre el futuro del dólar, por lo tanto, no se limita a una cuestión técnica: también forma parte de la discusión sobre qué modelo económico podría prevalecer después de las elecciones de 2027.
A más de un año de los comicios, todavía existen numerosas variables que pueden modificar el escenario. La evolución de la inflación, los salarios, el nivel de actividad, las reservas, las exportaciones y el acceso al financiamiento serán determinantes para evaluar la fortaleza del programa económico. En ese tablero, el dólar aparece como una variable particularmente sensible porque concentra buena parte de las expectativas de los argentinos y de los mercados.
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