Las duras declaraciones del presidente Javier Milei contra periodistas que investigaron el caso $LIBRA provocaron una ola de repudios que atravesó prácticamente todo el arco político. Desde el peronismo hasta el radicalismo, pasando por la Coalición Cívica y sectores del PRO, dirigentes y legisladores cuestionaron los insultos del mandatario y advirtieron sobre la gravedad institucional de sus expresiones. Incluso hubo voces críticas dentro de La Libertad Avanza y entre sus aliados parlamentarios.
La polémica estalló después de que Milei, durante un discurso en la Fundación Faro y tras conocerse su sobreseimiento en la causa $LIBRA, acusara a sectores de la oposición y a periodistas de haber utilizado políticamente el expediente para perjudicar al Gobierno.
En ese contexto, apuntó contra Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Paulino Rodrigues, Natalia Volosin y Luis Novaresio, a quienes calificó de “ensobrados y corruptos”. Luego elevó el tono de su discurso y lanzó una frase que desató las críticas: “Los que se tienen que quemar en la hoguera son los hijos de puta”.
El Presidente aseguró que combatiría con mayor audacia a quienes considera parte del status quo y cuestionó la información publicada sobre el escándalo de la criptomoneda. Sus palabras fueron acompañadas por aplausos de varios funcionarios presentes, entre ellos Karina Milei, Alejandra Monteoliva y Luis Petri.
EL RECHAZO HASTA DE LOS ALIADOS
Una de las reacciones más significativas provino de la diputada libertaria Silvana Giudici, cercana a Patricia Bullrich, quien defendió el ejercicio del periodismo y marcó diferencias con las expresiones presidenciales.
“El trabajo de los periodistas es investigar, disentir, publicar información, incluidas sus opiniones e ideas con absoluta libertad”, sostuvo. Y agregó: “Creo en la prensa como factor de equilibrio y contrapeso del poder”.
También se pronunció el jefe del bloque PRO en el Senado, Martín Goerling, quien calificó las declaraciones de Milei como “un despropósito y una locura”.
“Viniendo de la máxima autoridad institucional de la Argentina, tiene que cuidar ese tipo de expresiones”, señaló el legislador macrista, quien expresó su solidaridad con los periodistas atacados y aseguró que no comparte “ni las formas ni el fondo” del discurso presidencial.
En la misma línea, el diputado Oscar Zago, del Movimiento de Integración y Desarrollo, cuestionó la reiteración de los agravios. “Se va de mambo”, afirmó, y reclamó que alguien del entorno presidencial le ponga un límite.
Las críticas se produjeron después de que el PRO difundiera un comunicado en defensa de la libertad de prensa y del respeto a quienes piensan diferente, tras los insultos que Milei había dirigido contra periodistas españoles durante su paso por Madrid.
ADVERTENCIAS POR LA GRAVEDAD INSTITUCIONAL
Desde la Unión Cívica Radical, su presidente, Leonel Chiarella, calificó las expresiones como un episodio de “enorme gravedad institucional” y cuestionó la utilización de la imagen de la hoguera para referirse a quienes piensan distinto.
El dirigente advirtió que ese tipo de comportamientos pone en discusión las condiciones de convivencia democrática y el respeto hacia quienes cumplen la tarea de informar.
Más contundente fue el diputado radical Pablo Juliano, quien consideró que se trató de “uno de los peores ataques al periodismo desde la vuelta de la democracia”. Además de solidarizarse con los periodistas mencionados, lanzó una advertencia al mandatario: “Quien siembra vientos cosecha tempestades”.
La Coalición Cívica también rechazó las declaraciones. Su presidente, Maximiliano Ferraro, quien encabezó la comisión investigadora del caso $LIBRA en Diputados, calificó a Milei de “sinvergüenza” y expresó su respaldo a la prensa.
Desde ese espacio, Mónica Frade y otros referentes sumaron cuestionamientos al tono del discurso presidencial y alertaron sobre el riesgo de naturalizar expresiones violentas desde el poder.
EL PERONISMO TAMBIÉN SALIÓ AL CRUCE
En Unión por la Patria, las críticas fueron igualmente severas. Cecilia Moreau definió las palabras del Presidente como “intolerables y peligrosas” y sostuvo que reflejan su relación conflictiva con principios fundamentales de la democracia, especialmente la libertad de prensa.
Por su parte, Juan Grabois denunció lo que considera una práctica sistemática de abuso de poder y aseguró que Milei viene corriendo los límites de la convivencia democrática.
“Es un método que se alimenta de complicidades, aplausos y silencios”, afirmó el dirigente social, quien advirtió sobre las consecuencias de naturalizar los insultos y las amenazas desde las máximas autoridades del Estado.
El diputado Pablo Yedlin también cuestionó a quienes celebraron las expresiones presidenciales y sostuvo que los aplausos contribuyen a legitimar ese tipo de discursos.
La controversia dejó así una postal política poco habitual: dirigentes enfrentados en numerosos temas coincidieron en cuestionar los ataques del Presidente contra la prensa. El rechazo no quedó limitado a sus adversarios tradicionales, sino que también alcanzó a legisladores que habitualmente acompañan al Gobierno en el Congreso, ampliando el alcance de una polémica que volvió a colocar la relación entre Milei y el periodismo en el centro del debate público.
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