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La industria, entre décadas de estancamiento y el fuerte impacto en la Provincia

Tras 20 años de altibajos, enfrenta nuevos desafíos por los costos, las importaciones y la caída productiva

Las manufactureras bonaerenses, de las más golpeadas / web

Por Carlos Barolo

La industria argentina atraviesa una nueva etapa de incertidumbre después de dos décadas marcadas por fuertes ciclos de expansión, crisis y retrocesos. Desde 2006, el sector manufacturero alternó períodos de crecimiento con profundas contracciones, sin conseguir consolidar un sendero sostenido de aumento de la producción, la inversión y la productividad. El primer semestre de 2026 volvió a mostrar esa fragilidad: pese al repunte de junio, la actividad acumuló una caída del 2,2% respecto del mismo período de 2025.

Entre 2006 y 2011, la industria experimentó una importante expansión después de la crisis de 2001-2002. El tipo de cambio, la recuperación del consumo interno, la capacidad instalada disponible y un contexto internacional favorable para las materias primas impulsaron la actividad. Sin embargo, desde 2012 comenzaron a acumularse problemas vinculados con la inflación, las restricciones cambiarias, las dificultades para acceder a insumos importados y la pérdida progresiva de competitividad.

La situación volvió a deteriorarse entre 2016 y 2019, cuando la industria enfrentó una combinación de recesión, caída del consumo, altas tasas de interés y dificultades financieras. La pandemia provocó otro fuerte shock en 2020, con interrupciones de actividades y desplomes en numerosas ramas fabriles. El rebote de 2021 y 2022 permitió recuperar parte de lo perdido, pero no consiguió transformarse en un nuevo ciclo de expansión sostenida.

El deterioro volvió a profundizarse en 2023 y 2024, cuando la falta de divisas, las restricciones para importar y la caída de la demanda afectaron a buena parte de las fábricas. El desplome de 2024 fue seguido por una recuperación parcial en 2025, cuando la industria creció apenas 1,6%, después de haber caído 9,4% el año anterior. El resultado dejó al sector todavía lejos de recuperar plenamente el terreno perdido.

Buenos Aires, el principal núcleo industrial

La situación adquiere una dimensión especial en la Provincia de Buenos Aires, que concentra aproximadamente la mitad de la producción manufacturera argentina y alrededor del 40% de los establecimientos industriales del país. La industria también tiene un peso mucho mayor dentro de la economía bonaerense que en el promedio nacional: representa cerca del 30% de su estructura productiva, según datos oficiales. Por esa concentración, Buenos Aires es también una de las provincias más expuestas a cualquier deterioro de la actividad fabril.

La provincia reúne grandes cadenas automotrices, siderúrgicas, petroquímicas, metalmecánicas, textiles, plásticas y alimenticias, además de miles de pequeñas y medianas empresas proveedoras. Cuando caen las ventas, aumentan los costos o se profundiza la competencia importada, el impacto no queda limitado a las grandes plantas: se transmite a toda la cadena de proveedores, al empleo y a las economías locales. En 2026, la industria bonaerense registró además una pérdida de miles de puestos de trabajo industriales, en un contexto de menor nivel productivo.

A nivel nacional, la industria manufacturera representa históricamente entre 13% y 16% del Producto Interno Bruto, según el período y la metodología utilizada, con una participación cercana al 13% en los últimos años. La comparación permite dimensionar el peso bonaerense: mientras la manufactura explica alrededor de una séptima parte de la economía argentina, tiene una incidencia cercana a un tercio de la estructura productiva provincial.

El primer semestre de 2026 volvió a exhibir las dificultades. En junio, el Índice de Producción Industrial Manufacturero aumentó 2% interanual y 0,9% respecto de mayo, pero el acumulado enero-junio quedó 2,2% por debajo del mismo período de 2025. La recuperación tampoco fue homogénea: mientras algunas ramas vinculadas con alimentos, químicos y metales avanzaron, otras industrias sufrieron fuertes retrocesos.

Materias primas y el problema de los costos

La composición de los datos de 2026 muestra una industria cada vez más heterogénea. En junio, alimentos y bebidas crecieron 6,2%, sustancias y productos químicos 11% e industrias metálicas básicas 11,8%. La siderurgia, en particular, avanzó 16,2%, impulsada por la actividad de Vaca Muerta y la demanda de tubos sin costura y aceros especiales. En cambio, maquinaria y equipo cayó 16,8%, textiles 15,9% y otros equipos, aparatos e instrumentos 25,3%.

La diferencia entre sectores expone uno de los principales interrogantes sobre el futuro de la industria argentina: qué tipo de producción puede resultar competitiva. El país posee una importante disponibilidad de materias primas y recursos naturales, desde alimentos y productos agroindustriales hasta petróleo, gas y minerales. Sin embargo, contar con esos recursos no garantiza una industria manufacturera desarrollada. El desafío es convertir esas ventajas en cadenas productivas capaces de generar mayor valor agregado, tecnología, empleo y exportaciones.

A esa discusión se suma el problema de los costos. Energía, salarios, impuestos, transporte, logística, financiamiento, insumos y bienes de capital conforman una estructura que puede resultar difícil de sostener frente a competidores internacionales. La baja utilización de la capacidad instalada agrava el problema, porque obliga a distribuir los costos fijos sobre una cantidad menor de unidades. En mayo de 2026, la utilización de la capacidad instalada industrial se ubicó en torno al 58%, lo que significa que una parte considerable del potencial productivo permaneció sin utilizar.

La apertura de importaciones agrega una presión adicional, especialmente en Buenos Aires por su elevada concentración industrial. Para algunas empresas puede representar una oportunidad para conseguir insumos, componentes y maquinaria a menor precio, pero para otras implica competir directamente con productos terminados fabricados en economías de mayor escala. Textiles, electrónicos, electrodomésticos, maquinaria y determinados bienes de consumo son algunos de los segmentos más expuestos. Así, el problema ya no es solamente cuánto produce la industria argentina, sino cuánto del mercado interno continúa siendo abastecido por fábricas locales.

Un balance de 20 años

Las sequías también tuvieron efectos indirectos sobre la industria durante el período analizado. Los episodios de 2008-2009, 2017-2018 y, especialmente, el prolongado ciclo de sequía entre 2020 y 2023 golpearon la producción agropecuaria, redujeron exportaciones y limitaron el ingreso de divisas. El impacto terminó trasladándose a la actividad industrial a través de una menor disponibilidad de dólares, menor demanda de maquinaria y equipos y una reducción de la capacidad de financiamiento de la economía.

El balance entre 2006 y el primer semestre de 2026, por lo tanto, no muestra una industria que haya caído de manera continua, sino una estructura productiva que atravesó sucesivos ciclos de expansión y contracción sin resolver de forma definitiva sus problemas de productividad, inversión, escala y competitividad. Buenos Aires aparece en el centro de ese proceso por concentrar aproximadamente la mitad de la producción manufacturera nacional.

El desafío hacia adelante consiste en determinar si Argentina puede aprovechar sus ventajas en alimentos, energía, minerales y otras materias primas para desarrollar cadenas industriales de mayor valor agregado, al mismo tiempo que reduce los costos internos y aumenta la productividad. La discusión sobre la apertura comercial también será determinante: puede abaratar insumos y favorecer inversiones, pero también puede desplazar producción local si las empresas argentinas no consiguen competir en precio y escala.

Con el primer semestre de 2026 cerrado en -2,2%, la recuperación industrial todavía no aparece consolidada. Y el impacto será especialmente relevante en la Provincia de Buenos Aires, donde se concentra buena parte de las fábricas, los trabajadores industriales y las cadenas de proveedores. La evolución de la industria bonaerense será, en buena medida, uno de los principales indicadores para determinar si Argentina comienza finalmente a superar dos décadas de estancamiento o si vuelve a ingresar en otro ciclo de crecimiento breve seguido por una nueva contracción.

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