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Una suerte de grieta se abrió en el corazón del oficialismo, según fuentes que conocen lo que pasa en el poder. Involucra a Santiago Caputo, el poderoso asesor sin cargo, que es (¿era?) el jefe de una tropa de soldados libertarios digitales que suelen ser escuderos virtuales del Presidente. Según fuentes violetas, Caputo estaría en una suerte de etapa de repliegue y ya no sería el mandamás de la comunicación virtual del Gobierno, área que La Libertad Avanza siempre se jactó de dominar.
Surge el nombre de un supuesto nuevo gurú para esa faena: Santiago Oría. El hombre venía fungiendo como una suerte de documentalista oficial y personal del presidente Javier Milei en cada acto o evento del que participase. Dentro del país o en sus muchos viajes internacionales. Su nueva influencia en el Gobierno llegaría de la mano de la hermana presidencial, la secretaria general Karina Milei, que nunca se llevó muy bien con Caputo.
Oría sería el nuevo decisor en lo referido a la comunicación digital del Gobierno, avanzando por sobre la tropa de las caputistas “Fuerzas del Cielo”. Por cierto: es obvio en redes el repliegue (¿táctico?) de esa muchachada, que ya no salta como un resorte a defender a Milei de las muchas críticas que recibe por sus dichos envenenados, cáusticos. Daniel Parisini, alias el “Gordo Dan”, es acaso el paradigma de ese mutismo.
ATAQUES A PERIODISTAS Y OPOSITORES
En las últimas semanas, Oría buscó aumentar su visibilidad en el mundo virtual libertario. Hizo la de manual: ataques directos en sus redes a periodistas, economistas y opositores con ideas diferentes a las de Milei. Paso siguiente: el Presidente repostea lo que él escribe.
Ejemplo: “27 meses de crecimiento consecutivo. Los únicos peleados con la realidad son los periodistas”, escribió. Otro: “Las pelotas de acero”, tipeó, acompañando un artículo sobre la última reunión de Gabinete que marcó el regreso de Milei a la Casa Rosada después de 24 días de ausencia, realizada el lunes.
La irrupción de Oría coincide con el llamado a barajar y dar de nuevo de las Fuerzas del Cielo, que se fueron acallando luego de las elecciones legislativas del año pasado y ahora aparecen algo salpicadas por el escándalo que sacude desde hace días al consultor Fernando Cerimedo, ex asesor de Milei, detenido en Bolivia por el supuesto intento de asesinato de su pareja.
Cerimedo supo tener fuertes vínculos con el caputismo comunicacional en los inicios del mileísmo, durante la campaña de 2023 y en los primeros meses de gobierno. Hoy nadie se hace cargo de ese “muerto”.
Habría otros motivos para el aparente ostracismo del joven Caputo, al que Milei ha llegado a definir como “mi hermano”: con lógica política, el asesor sería de la idea de buscar algún camino desde la economía para seducir a los votantes que LLA ha perdido porque el modelo económico aún no derrama a sectores como servicios, comercio y construcción. Milei, en cambio, sostiene que prefiere perder las elecciones del año que viene antes de torcer un ápice de su programa económico.
EL MALESTAR DE CAPUTO
El Presidente, se sabe, es un hombre que no se banca las disidencias.
Ayer se comentaba un dato que reflejaría el malestar de Caputo. En la reunión de gabinete del lunes último, de la que se informó poco, el joven no habría participado, a pesar de que estaba en la Casa Rosada. No porque no lo invitaran sino porque prefirió no ir. Un desplante, digamos. Versiones.
En los papeles, Oría es Director de Realización Audiovisual de Presidencia. Pero, lo dicho: ahora también abarca buena parte de la comunicación digital del Gobierno, con el guiño de Karina y, se supone, del propio Milei, En la comunicación, desde otro lugar, también talla el secretario de Prensa, Fabián Fernández.
Ayer el vocero Adrián Ravier dio una conferencia de prensa. “Entiendo que sí”, dijo cuando lo consultaron por las eventuales nuevas tareas de Oría en redes sociales. Algunas fuentes aseguran que maneja una mini tropa digital de unas 70 cuentas, desde las que salen los ataques a opositores y los aplausos al Gobierno, convencido de que la militancia pro-Milei se hace en las redes y no en el territorio o con acuerdos.
Esa sería, aseguran en el mileísmo, una de las diferencias que mantiene con Caputo, quien al cabo de dos años y medio de gestión se habría vuelto más proclive de lo que era antes a la necesidad de entendimientos políticos y bajar el nivel de confrontación con el objetivo prioritario de asegurar la reelección del Presidente.
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