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El nivel de interna en el Gobierno es tal que hasta no se ponen de acuerdo para evitar que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, sea interpelado en el Congreso por su notable crecimiento patrimonial, investigado en la Justicia como posible enriquecimiento ilícito.
La cancelación, en principio, del informe de gestión que debía dar Adorni el jueves 2 de julio en la Cámara de Senadores evidenció la tensiones existentes en la llamada mesa política libertaria, donde el jefe de Gabinete y su sostén principal, Karina Milei, han quedado enfrentados a la senadora Patricia Bullrich, hoy la figura más preponderante de La Libertad Avanza en todo el Congreso.
El martes, Adorni convocó a la veintena de senadores violetas a la Rosada. Pretendió mostrar respaldo del bloque que conduce Bullrich. Quien, por cierto, faltó a esos encuentros. La ex ministra se encargó de comunicar la postergación de la visita informativa del jefe de Gabinete. Dijo que fue una decisión de ella -o sea, no a pedido del Ejecutivo- para evitar que a Adorni se lo coman crudo los opositores más duros.
Es que nadie en el Senado quiere escuchar lo que tiene que decir sobre la gestión (suelen ser detalles de los supuestos “logros”); todos quieren preguntarle y arrinconarlo con la cuestión de sus mentiras sobre sus ahorros, las declaraciones juradas rectificadas y las compras de casas y departamento. Es una obviedad que la sabe hasta el último ordenanza del Parlamento.
SALIR DE ESCENA
No es que Bullrich adore al jefe de Gabinete y pretenda salvarlo de esa suerte de cadalso legislativo. Más bien no quiere tener que aparecer ella misma, dado el cargo que ocupa en la bancada oficialista, como defensora de la persona más desprestigiada del Gobierno, con picos de rechazo social que llegan al 75% según encuestas difundidas recientemente.
¿Qué hizo Adorni el martes a la noche, luego de que Patricia anunciara que su visita quedaba anulada? Tuiteó lo siguiente: “Estoy a disposición para presentarme el día 2 de julio próximo al Honorable Senado de la Nación para brindar el informe de gestión como marca la Constitución Nacional. Fin”. Claramente la intención fue desmentir a Bullrich. Como diciendo que ella no puede decidir ese tema.
Asoma detrás de ese texto la figura de Karina, muy desconfiada de Bullrich desde hace tiempo porque observa cómo la senadora toma vuelo propio y cuida que su perfil político no sea manchado por los derrapes del Presidente y de la propia hermana.
O sea la dupla Karina-Adorni prefiere un gesto casi suicida (supuestamente concurrir al Senado) a seguir la estrategia de Bullrich sólo porque no fue una orden emanada de la Casa Rosada sino del instinto de la senadora, una política profesional con años en un mundillo en que los hermanos Milei son todavía advenedizos. “No tenía sentido hacerlo venir para que lo tengan ocho horas castigándolo en público; además, los senadores no están interesados en hacerle preguntas como jefe de Gabinete”, dijo una Bullrich hiper-sincera que conoce de sobra a halcones opositores como el peronista formoseño José Mayans.
Karina recordó que la bancada responde a La Libertad Avanza y, por ende, al presidente Milei
Ayer desde la Rosada se encargaban de insistir con esa suerte de juego de rangos. Fuentes oficiales decían que lo de Bullrich fue por cuenta propia y, en todo caso, si impera la decisión de no ir al Senado el 2 de julio es por una decisión tomada por Adorni y Karina y los senadores que fueron a las reuniones del martes a Balcarce 50.
FALTAZOS
Se aclara: del bloque de 21 senadores violetas faltaron sólo 3 a esos encuentros. Se trata de Bullrich, el cordobés Luis Juez y el formoseño Francisco Paoltroni. Son los que tienen más autonomía por peso político específico. El resto son, digamos, ovejas de un rebaño mileísta arriadas por la pastora Karina o el pastor Javier.
Más allá del tuit de Adorni en el entorno presidencial saben muy bien que el diagnóstico de Bullrich es acertado: si se hace, el informe de gestión se transformará en una maniobra para que la oposición “haga su show” e intente avanzar en la interpelación del ministro coordinador y su posterior destitución.
Es más, hasta los aliados ya están poniendo condiciones. Un camino de diferenciación, al menos desde lo gestual. En el bloque del PRO, por ejemplo, han adelantado que ellos también pedirán que Adorni sea interpelado en la sesión del 2 de julio para lo que, dicen, necesitarán dos tercios porque el pedido no pasaría por comisión. Los amarillos saben que eso es casi imposible pero lo aprovechan para plantar la idea de que tampoco tiene por qué ser defensores del cuestionado funcionario.
La postura más orgánica entre los macristas, de hecho, es que Milei debería echar a Adorni y no el Congreso, más allá de que tiene esa atribución. Rechazan que el Presidente le exija a sus aliados que paguen un costo que no les corresponde.
Como sea, desde esta semana parece haber quedado re-configurado un nuevo perfil en la eterna interna libertaria. A la grieta entre el asesor presidencial Santiago Caputo y Karina se suma ahora un tercer bando: Bullrich. En su caso, no tanto con pretensiones de ganar casilleros en el manejo de la administración, como sí pasa con los otros dos, sino como una suerte de mutuo propio que, marcando públicamente sus diferencias con el Ejecutivo, intenta no contaminarse del daño político que le inflige la continuidad del cuestionado Adorni a todo el oficialismo.
Por eso el martes en la reunión con los “senadores rebaño”, Karina se encargó de recordar que la bancada responde a La Libertad Avanza y, por ende, al presidente Milei. Y a nadie más.
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