La movida de Cristina Kirchner de presentar un recurso en la ONU buscando un pronunciamiento a su favor, agitó al peronismo en el marco de una estrategia de su sector, acaso un plan, para tratar de instalarla como candidata a presidente en 2027. Eso, pese a que se encuentra con prisión domiciliaria e inhabilitada de manera permanente para ejercer cargo públicos.
El problema para ese eventual plan es el cómo. Trascendió que el Partido Justicialista no podría habilitarla para una postulación porque correría el riesgo de ser intervenido por la Justicia.
Cristina fue la titular del partido hasta junio de 2025. Debió bajarse de esa poltrona cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación ratificó su condena a seis años de prisión por la Causa Vialidad, que incluye la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. Ese último dato es una de las cosas que ella está cuestionando en el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Con la sentencia firme, fue dada de baja del padrón electoral y quedó legalmente impedida de seguir al frente del PJ Nacional. Desde ese momento, el vicepresidente 1° del partido, el senador por Formosa, José Mayans, está formalmente a cargo del peronismo.
Se sabe que desde el Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal N° 1, que es el que tiene competencia electoral, hicieron averiguaciones para saber quién tenía la firma en las decisiones del partido. Eso mostraría que la Justicia sigue de cerca la situación partidaria, de cara al año de elecciones que se aproxima.
Ese tribunal está a cargo de la jueza María Servini. La magistrada intervino el PJ nacional en 2018, tras un amparo de tres dirigentes gremiales que denunciaron el “estado de acefalía del partido, y en 2005. Para la jueza en ese momento el partido también estaba acéfalo, por eso ordenó su normalización.
Esa lupa judicial permanente sobre el PJ prende las luces de alerta puertas adentro de la fuerza. Servini realmente podría intervenir el partido en caso de que se permita una candidatura de Cristina en 2027 porque no cumple los requisitos legales.
Cristina, por supuesto, lo sabe. La agitación de su candidatura hay que leerla en el marco de su pelea con Axel Kicillof, quien por su parte preside el PJ bonaerense. Hoy se agita el nombre de la ex mandataria pero no se descarta que si hay ruptura, y los dos bandos se enfrentan, ella proponga como candidato propio a alguien muy cercano que sí pueda competir.
“¿Qué pasaría si Cristina presenta su candidatura e inmediatamente el sector de Axel la impugna porque está inhabilitada?”, se preguntan en fuentes del PJ. No es descabellado pensarlo, aún cuando hoy suene muy fuerte plantear que el kicillofismo utilice el argumento de que la condena le impide ser candidata.
Cristina juega con la idea de que está proscripta por sus ideas política. Una falsedad absoluta que repiten como un mantra sus seguidores. En este sentido, le vendría bien para el discurso que la Justicia Electoral dijera que no puede candidatearse por la condena que pesa sobre ella. La denuncia pública de proscripción sería automática. En ese plan, el que finalmente se quedaría con la nominación sería el que fuera elegido como su candidato a vice.
Algunos sugieren que podría ser el senador de La Cámpora, Mariano Recalde, ex compañero de colegio de Kicillof. Otros hablan del también senador Wado de Pedro. ¿Máximo Kirchner? Improbable. Pero su nombre viene siendo agitado como eventual candidato a gobernador en un esquema de enfrentamiento con Axel y su Movimiento Derecho al Futuro.
Hay dirigentes que hablan abiertamente del tema. “¿Qué vas a ganar pidiendo Cristina presidenta? Cristina no puede ser candidata, desgraciadamente. ¿Por qué no intenta ayudar a aquellos que sí pueden ser candidatos”, dijo el ex ministro de Desarrollo Social Juan Zabaleta, quien apoya a Kicillof.
“Que se dejen de romper las pelotas y arreglen el tema”, le reclamó la semana pasada el formoseño Mayans, jefe de la bancada peronista del Senado, a los Kirchner y a Kicillof. Juliana Di Tullio, senadora por Buenos Aires, sumó: “La discusión me tiene podrida”.
En el peronismo dicen que desde diversos sectores se trabaja para bajar la tensión entre ambas partes. Kicillof ya hizo saber que por ahora no irá a visitar a la ex presidenta a San José 1111. No quiere que se use esa visita para mostrarlo como subordinado.
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