Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, se destruyeron más de 235.000 empleos asalariados del sector privado registrado (-3,7%), según datos de la Secretaría de Trabajo. Para dimensionar, esta contracción supera incluso a la observada durante la crisis de 2018-2019 (-2,7% entre mayo de 2018 y julio de 2019). La novedad de esta economía entonces es que, incluso en tiempos de crecimiento de la actividad a nivel agregado, la destrucción de puestos de trabajo formales no solo persiste, sino que además se acelera.
Según revela un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, en base a los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que publica el INDEC, la probabilidad de que un “asalariado privado registrado” permanezca en el mismo lugar luego de doce meses es la más baja de la última década (76 sobre 100). Para dimensionar, en 2024-2025 este número llegaba al 80, en tanto que en 2018-2019, anterior pico de fragilidad, se ubicaba en 79.
La pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores formales obliga a que más personas deban generar ingresos, complementando al ingreso principal. En este marco, 1 de cada 2 desocupados de 2024-2025 tuvieron algún tipo de empleo en 2026: ahora bien, el 80% de estos lo hicieron en el mercado informal, en tanto que solo el 20% logró insertarse en el mercado registrado. El avance “lento” de la tasa de desocupación refleja más la insuficiencia de ingresos que una mayor demanda de puestos de trabajo.
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