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La “visión” del PRO que aún debate sobre qué lugar ocupar

Mauricio Macri y Hernán Lacunza ¿quién será el candidato del PRO? / NA

mpeulate@eldia.com

Mirando varias encuestas, de las que se publican y las que no, en el PRO ha ido creciendo el convencimiento de que existe un electorado que ha quedado vacío de representación. Estaría representado por gente que en su momento votó a Javier Milei, tanto en la primera vuelta como en el balotaje, pero que ahora se siente desencantada con el oficialismo sobre todo por lo prolongado del ajuste y el no derrame hacia la llamada economía del metro cuadrado. Son votantes que, sin embargo, tampoco elegirían al pero-kirchnerismo porque lo consideran un retroceso, la vuelta a un pasado de dilapidación y populismo.

Son varias las voces internas en el partido amarillo que creen que en ese universo -no queda claro el porcentaje- puede haber un apoyo para convertirse en una alternativa más moderada a Milei, con modos republicanos y que, en líneas generales, coincide con el equilibrio fiscal y la necesidad de continuar la búsqueda de bajar la inflación, acaso el gran logro de la gestión libertaria en términos de apoyo social que registran aquellas mismas encuestas.

Esta, llamémosle “visión”, expone en rigor la gran discusión de fondo del PRO: el lugar que debe ocupar en el mundo político argentino luego de la llegada de Milei, quien claramente inició su gobierno con un objetivo de cooptación de dirigentes y electorado macrista para acaparar el espectro de centroderecha.

Sería para lo amarillo la re-definición de una identidad, que hasta ahora les ha costado mucho pero que empieza a insinuarse porque el Presidente ha entrado en zona complicada de apoyo popular, con sondeos que lo dan por abajo de un 40% (Lo dicho: impacto negativo de una economía de bolsillo que no arranca) y ponen en duda la posibilidad de conseguir la reelección en primera vuelta el año que viene.

Hace pocos día atrás, de la nada, sorprendió el ex ministro de Economía de la Nación y de la Provincia, Hernán Lacunza, al plantear su posible candidatura presidencial por el PRO para el próximo turno electoral. Definición que nunca podría haber salido de su boca si no hubiera estado previamente acordada con Mauricio Macri, el líder del espacio.

Lacunza no es conocido por el gran público y, a priori, no parece un hombre que destile carisma, más allá de su solidez técnica. Si podría explotar su condición de economista en una campaña que tendrá ese ítem como algo central.

Por la revancha

Pero le sirve a Macri para poner otro nombre en escena además del suyo. Porque, no es un secreto, en el mundo empresario, en el propio partido amarillo, incluso entre ex aliados de otras épocas, hay voces que le piden que se anime a ir por la revancha; por aquel segundo período que no pudo concretar porque perdió la reelección en 2019 frente a Alberto Fernández y a una Cristina Kirchner de vicepresidenta, que fue la arquitecta de la jugada de regreso del peronismo.

Para ese mundillo Macri podría cumplir con el deseo de mantener las líneas generales del modelo luego de cuatro años de “trabajo sucio” de Milei en la economía y agregarle a su vez la racionalidad, la sensatez y la concordia que no encuentran en el libertario, un hombre volcánico.

Pero lo que piensa ese micro mundo dirigencial no necesariamente es lo que siente el electorado. En las encuestas el ex mandatario no descolla en imagen positiva, en especial en el Conurbano. Que, como se sabe, es el punto más fuerte del kirchnerismo en general y del cristi-camporismo en particular. Este último, acaso el némesis más fuerte de macrismo.

También debe intuir Macri que una eventual oferta del PRO con autonomía de los libertarias dividirá el voto no peronista. Y eso podría facilitar el regreso de ese partido, si es que va unido. Se verá luego con qué candidato.

La “grieta” amarilla

Ese es, de hecho, el gran dilema interno en el PRO. Donde hay una visión acuerdista con el gobierno y otra, si se quiere, rupturista que justifica su dureza en los dos años de maltrato que el partido amarillo y el propio Macri han sufrido de parte de los hermanos Milei, Javier y Karina.

Una visión posible, extendida internamente en el PRO, es que las filtraciones de la idea de armar rancho aparte en 2027 son parte de una estrategia para fortalecerse ante una posible negociación con La Libertad Avanza. Que incluya listas nacionales pero además acuerdos en las provincias que le interesan a Macri, donde gobierna su partido o que pueda quedar en posición privilegiada para encabezar la oposición local.

O sea, lo contrario de lo que pasó en 2025, cuando PRO terminó aceptando un acuerdo con LLA en condiciones perdidosas, en cierto casos hasta humillantes. Era otro Milei el que se sentaba del otro lado de la mesa, tal vez en la cresta de su ola de respaldo popular. Sobre todo en el interior del país.

Para entender qué haga Macri cuando finalmente se produzca el desenlace de esta historia será crucial ver lo que pase en la Ciudad de Buenos Aires, el pago chico de PRO. La obsesión de Mauricio, hoy algo distanciado de su primo alcalde Jorge pero, aseguran fuentes del sector, en vías de recomposición del vínculo. Dicen que La Libertad Avanza estaría revisando su postura de competir en el distrito con oferta propia, enfrentando a los Macri, como ya lo hizo en mayo del año pasado en los comicios locales, provocando la primera derrota macrista allí en casi 20 años.

Detrás de la idea de que PRO no puede resignar tan anticipadamente una postulación presidencial para fortalecerse en la negociación global o, como dijo un hombre cercano a Macri, limitarse sólo a una estrategia para evitar el regreso del kirchnerismo, subyace lo que habría motivado al ex presidente a activar la vida interna del partido, incentivar miradas críticas y poner nombres en el ring: cuál es y será la identidad amarilla en un país gobernado por un actor con el que comparten muchas cosas y a qué electorado pretende representar.

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