“¿Quién es ese tipo?“, fue la primera respuesta del presidente de Brasil, Lula da Silva, cuando le preguntaron anoche sobre los insultos que le propinó su par argentino, Javier Milei, el sábado pasado en un acto de la derecha en el vecino país, de cara a las elecciones generales de octubre.
De esta manera, el presidente socialista que irá por otra reelección y de buenas relaciones con el kirchnerismo, buscó ningunear las críticas del mandatario argentino, que busca más aliados a su ideología en el continente y hasta liderar ese sector, que tiene como máximo exponente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El paso insultante de Javier Milei por Brasil dejó lo obvio: la relación bilateral, que venía maltrecha por la diferencia ideológica entre los dos presidentes, quedó directamente en terapia intensiva. En la administración libertaria admiten el mal momento (el peor, aclaran) aunque subrayan que no consideran que las diferencias tengan impacto en el vínculo comercial entre la Argentina y su vecino.
DIFERENCIAS
“Lo diplomático y lo comercial corren por cuentas separadas en este caso“, explican las fuentes de Balcarce 50. Allí descreen que se intensifiquen las diferencias con el correr de los días, pese a que Milei tildó a Lula Da Silva de “basura socialista”, “ladrón” y “presidiario”. Lo hizo, además, en su propio casa y en el marco del lanzamiento como candidato presidencial de Flavio Bolsonaro, el rival directo del actual presidente brasileño en las próximas elecciones de octubre.
O sea que Milei se metió, sin disimulo, en el proceso electoral del país vecino, el principal socio comercial de Argentina. Todas las reglas diplomáticas y el sentido común dicen que eso no debe hacerse. Y menos con la virulencia y el lenguaje insultante que usó el libertario. Quien también criticó al juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, porque le impidió visitar a Jair Bolsonaro, el padre de Flavio, condenado por intento de golpe de Estado precisamente contra Lula.
Pedido de explicaciones
El “numerito” de Milei ha creado, sin dudas, una crisis diplomática. El canciller brasileño, Mauro Vieira, convocó al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, para transmitirle el “repudio” de su gobierno y exigirle explicaciones por el comportamiento del presidente argentino dentro de su territorio.
Vieira le transmitió al embajador argentino “el desagrado del gobierno brasileño” con el discurso de Milei en San Pablo y le pidió que trasladara ese mensaje a Buenos Aires junto con un pedido formal de explicaciones. Raimondi se comprometió a hacerlo. La verdad, nadie en Itamaraty cree que eso derive en una respuesta oficial argentina. La charla fue el domingo. Dato: Vieira y Raimondi se conocen desde hace décadas.
Por otra parte, el canciller brasileño llamó a consulta al embajador de su país en Buenos Aires, Julio Bitelli, para reunirse de urgencia. Bitelli viajó sin pasaje de regreso al país. Lo que marca la seriedad del tema. El llamado a consulta de un embajador es, en la práctica diplomática, una de las señales de mayor gravedad que puede dar un gobierno sin llegar a romper relaciones.
En Itamaraty no descartan que, además de ese encuentro, el propio Lula converse directamente con su embajador en la Argentina.
“No hay precedentes de un presidente extranjero que, en territorio nacional, haya acumulado agresiones y ofensas contra el jefe de Estado, las instituciones democráticas, incluido el Poder Judicial, y el Pueblo brasileño. Es especialmente lamentable que ese episodio infamante involucre al presidente de un país con el que Brasil mantiene 203 años de amistad y cooperación y que tiene, en Brasil, su principal socio comercial”, plantearon desde la administración brasilera a través de una nota de prensa.
EL APOYO A MASSA
Milei no le perdona a Lula el respaldo que le profesó al candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, durante la campaña de 2023. Situación que, digámoslo, estuvo pésima. Lula vino al país a respaldar al candidato del gobierno de entonces, pero-kirchnerista, alineado ideológicamente con él. Pero la verdad, más allá de que también se inmiscuyó en el proceso electoral, no insultó a nadie.
En las últimas horas, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, se expresó públicamente al respecto: “Que no se rasguen las vestiduras, vinieron acá a hacer campaña, dijeron barbaridades del Presidente y pudieron hacer los recorridos que quisieron hacer”, señaló. No fue tan así. Lula no profirió improperios contra Milei. Pero si se reunió con Cristina Kirchner en 2025 -foto incluída- durante una cumbre del Merocusr realizada en Buenos Aires. Fue porque la Justicia local lo autorizó. He ahí otra diferencia con la reciente visita de Milei: no fue autorizado por el Poder Judicial para ver a Bolsonaro padre.
UN “PAYASO”
A dos días de la visita, Brasil es un hervidero. El ministro de Hacienda local, Darío Durigan, también se despojó de formalidades: llamó “payaso” a Milei, en respuesta a las declaraciones sobre Lula. Textual: “El payaso es presidente de la Argentina que vino a Brasil y habló sobre Brasil, a pesar de que el Riesgo País de Argentina es mucho mayor, su deuda pública es mucho más elevada y su inflación es mucho más alta. No se puede caer en la narrativa de quienes aseguran que la situación se volverá apocalíptica”. Fue a una radio local.
Lo dichos de Milei fueron el sábado, en la convención del Partido Liebral que nominó a Bolsonaro hijo. Habló unos 25 minutos. Allí aludió a Lula en términos insultantes Arriba del escenario lo acompañaron el canciller Pablo Quirno y el cónsul argentino en San Pablo, Luis Kreckler. Quirno, máxima autoridad diplomática argentina, celebró cada arremetida contra los “zurdos de mierda” y el “socialismo” como si fuera u hincha de fútbol.
EL CÓNSUL EN LA MIRA
La presencia de Kreckler en ese escenario partidario opositor generó un reclamo puntual en la mencionada reunión entre Raimondi y Vieira.
Es que el cónsul cuenta con un “exequátur”, el permiso oficial que da el Estado donde va a trabajar un cónsul -en este caso, San Pablo- para que pueda cumplir con su labor y que lo habilita a ejercer funciones específicas (no políticas, que son resorte del embajador), por lo que su participación en un acto partidario fue vista como incompatible con su cargo. Por ahora, según fuentes con conocimiento del caso, eso no derivará en consecuencias mayores, como el pedido de su despido.
RESPALDO CHINO
A todo esto, el presidente chino Xi Jinping expresó ayer suapoyo a su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en su “oposición a la injerencia externa”, informó la prensa china.
Los dos gobernantes conversaron por teléfono a tres meses de las elecciones en Brasil. “China valora altamente el estatus internacional de Brasil y su importante influencia”, declaró Xi a Lula, según la agencia noticiosa estatal Xinhua. Pekín “apoya a Brasil en la defensa de su soberanía e independencia, se opone a la injerencia externa y contribuye al mantenimiento de la paz y estabilidad regional y mundial”, agregó Xi.
Lula indicó en su cuenta de X que él y Xi coincidieron en “la importancia de acelerar las negociaciones para un acuerdo Mercosur-China”, en referencia al bloque comercial sudamericano.
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