El presidente Javier Milei partió anoche hacia Brasil con una agenda ideológica, de alto voltaje político, que no incluye contactos con el gobierno de su colega, Luiz Inácio “Lula” da Silva. Es la segunda vez que viaja a la tierra del principal socio comercial de Argentina desde que llegó al poder. La primera fue en julio del 2024.
La visita -breve, de sólo un día- incluye un encuentro con el senador Flavio Bolsonaro, principal candidato opositor a Lula de cara a las elecciones presidenciales de octubre próximo. Participará, además, en la Convención Nacional del Partido Liberal (PL).
La Casa Rosada explicó el viaje como una visita orientada a “fortalecer los vínculos” entre Argentina y el estado paulista, no con el país vecino. Sarasa. El perfil de los encuentros previstos deja en claro lo obvio: es un viaje político para apoyar a Bolsonaro junior. Cuyo padre, el ex presidente Jair Bolsonaro, está preso, cumpliendo una condena a 27 años de prisión, por intentar un golpe de Estado contra Lula apenas éste asumió.
¿Porqué Sao Paulo como excusa? Porque su gobernador, Tarcisio de Freitas, ex funcionario de Bolsonaro padre, asoma con afinidades con Milei. De hecho, el argentino será recibido con honores militares en la sede del gobierno y se le otorgará la máxima distinción que otorga el estado: la Orden de Ipiranga en el grado de Gran Cruz.
EL INTENTO FALLIDO
Milei intentó visitar a Bolsonaro padre en su prisión domiciliaria (concedida por la Corte Suprema brasileña por cuestiones de salud) pero una decisión de la Justicia de ese país se lo prohibió.
Las relaciones entre Argentina y Brasil están en un nivel de frialdad como nunca antes se vio. Sus presidentes se detestan. Y, por supuesto, se culpan mutuamente por ese hielo imperante.
En los años que vienen coincidiendo Milei y Lula como mandatarios nunca mantuvieron encuentros mano a mano, más allá de obligaciones formales del Mercosur.
El apoyo de Milei a la campaña de Bolsonaro -se verá si le suma algo al senador, que hoy aparece debajo de Lula en las encuestas- es visto por el oficialismo de Brasil como una injerencia en materia de la política interna de ese país.
Digámoslo sin vueltas: lo es. Y está mal. Eso no debería pasar. Un presidente de un país no debería meterse en asuntos internos de otra nación.
LULA TAMBIÉN ESTUVO MAL
Pero Lula no es una carmelita descalza. También estuvo mal cuando él mismo se inmiscuyó en el proceso electoral argentino allá por 2023 y apoyó públicamente a Sergio Massa, que era el candidato presidencial del pero-kirchnerismo. Finalmente derrotado por Milei en un balotaje.
Se sabe de la enorme afinidad del brasileño con Cristina Kirchner (y antes con su fallecido esposo, Néstor). Al punto que la ha visitado en su lugar de detención, en el departamento de San José 1111.
Aquella vez, hace tres años, el apoyo a Massa fue una manera de respaldar al oficialismo que gobernaba la Argentina, a través de la figura de Alberto Fernández. También amigo de Lula. Y delegado de Cristina. Fue, digamos, más un apoyo al mundo K que al propio Massa, quien probablemente nunca más haya hablado con el mandatario de Brasil.
LA “LÍNEA ROJA”
Ayer trascendió de fuentes brasileñas que la visita de Milei, en los hechos, no enturbiará más la relación ya rota entre ambos mandatarios salvo que el argentino cruce lo que denominaban una “línea roja”. ¿Cuál sería? Pues que Milei, en tierra paulista, realice ataques personales e insultantes contra Lula.
El libertario, cuyo carácter volcánico y falta de tacto no garantizan precisamente un abordaje diplomático al tema, ya ha tildado a su colega de “comunista y corrupto”. Pero siempre desde Argentina, no en la propia “casa” del líder del Partido de los Trabajadores.
Cuando Lula visitó a Cristina en su lugar de detención, allá por julio de 2025, el dato cayó pésimo en la Casa Rosada habitada por los libertarios y también se habló en ese momento de injerencia del brasileño en temas internos argentinos porque el gobierno equiparó la vista -con foto incluida- a un acto de campaña K, en el año en que se realizaban las elecciones de medio término.
Una diferencia con la movida que intentó Milei para visitar al ex presidente Bolsonaro en su lugar de detención es que, en el caso de Cristina, la justicia argentina sí autorizó a Lula a asistir a su departamento-prisión. Lula estaba en Buenos Aires a propósito de una cumbre del Mercosur en la que también evitó ver a solas a Milei. O, en rigor, se evitaron.
EL ABOGADO DE CRISTINA
Por cierto, Cristina acaba de sumar a uno de los abogados de Lula al equipo de defensores que diseña la estrategia para cuestionar ante tribunales internacionales su condena en la causa Vialidad. Es el expediente por el que cumple seis años de prisión, pena ratificada por la Corte Suprema de Justicia argentina. Se trata de Rafael Valim, que trabajará con un grupo de letrados en el plan para presentar ante distintos organismos. Trabajará junto al abogado español Javier Borrego, quien en el pasado fue juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Todo tiene que ver con todo, diría la ex presidenta.
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