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Murió Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo

Tenía 95 años y estaba internada en un hospital porteño. Nunca pudo hallar a su hijo Alejandro, secuestrado en 1975
Taty Almeida

Por Redacción

Lydia Estela Mercedes Miy Uranga, la mujer a la que todos conocieron como Taty Almeida en Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, falleció ayer a los 95 años de edad en el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde estaba internada y rodeada por su familia. Su deceso fue confirmado por el organismo que presidía: “Con un dolor muy profundo, nos toca compartir la noticia más triste. Hoy (por ayer) partió nuestra querida Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Gracias por tu compromiso, por tu militancia, por tu ternura y por cada palabra que siempre será un refugio y un abrazo”. Según trascendió, el velatorio se realiza en la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (Foetra), donde esta referente de los derechos humanos solía festejar sus cumpleaños.

Desde las organizaciones de Deerechos Humanos y desde la política la despidiaeron con dolor: “Su ejemplo de coraje y lucha incansable por la Memoria, la Verdad y la Justicia vivirá por siempre en el corazón de nuestro pueblo”, posteó en X el intendente de La Plata, Julio Alak.

Con el fallecimiento de Taty, coincidieron en Madres, se va una de las voces más persistentes y serenas de la Argentina en defensa de los derechos humanos. Una mujer que hizo de la búsqueda de su hijo la razón y el motor de toda una vida.

Víctima de la Triple A

Esa lucha arrancó el 17 de junio de 1975, cuando Alejandro —su segundo hijo, de 20 años, estudiante de Medicina de la UBA y trabajador de la agencia Télam— salió de su casa en Buenos Aires al anochecer y le dijo a su madre “esperame, ya vengo”. Pero nunca volvió. Después se supo que había sido secuestrado por la Triple A durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Taty lo buscó por el resto de su vida y acaso haya imaginado un reencuentro hasta los minutos finales de ayer, cuando el equipo médico que la atendía optó por sedarla “porque su cuerpito ya no aguantaba más”.

El camino hacia las Madres no fue inmediato. Taty provenía de una familia militar, antiperonista; su padre fue oficial de Caballería, su hermano llegó a coronel, y sus cuñados tenían vínculos con la dictadura. Al principio siguió esos contactos en su búsqueda, convencida de que “los peronistas” eran los culpables de todo. Fue la militancia de su hijo la que la fue transformando. “Alejandro me parió a mí”, diría después, para ilustrar esa conversión.

En 1979 se sumó a las rondas de las Madres. Fue María Adela Antokoletz quien se le acercó con una sola pregunta: “¿A vos quién te falta?”. Fue de esa manera que Taty encontró que su dolor no era individual, sino colectivo. Desde entonces no se detuvo. Con el tiempo asumió la presidencia de Madres-Línea Fundadora y se convirtió en una referencia de los derechos humanos, sintetizando su filosofía en una consigna que repitió hasta el final: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”.

Recuerdos

Cada tanto solía evocar fragmentos de unos poemas que su hijo escribió y que después recobrarían el tono de una despedida. A pocos días del secuestro de Alejandro, mientras buscaba entre sus cosas alguna nota de las que él le dejaba cuando no iba a dormir a casa, Taty encontró una libreta con 24 poemas. La primera sorpresa fue descubrir que su hijo escribía. Leyó uno de esos textos y entendió que Alejandro sabía que iba a morir.

Uno de esos poemas, escrito el 13 de enero de 1975 —seis meses antes de su desaparición— se resignifica hoy como un epitafio de Taty, la madre que lo leyó, lo guardó, y también lo publicó en libro: “Si la muerte me sorprende de esta forma tan amarga, pero honesta, si no me da tiempo a un último grito desesperado y sincero, dejaré el aliento, el último aliento, para decir te quiero”.

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