TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

Por qué el temblor de los bonos puede golpear al crédito en Argentina

La venta de deuda soberana llevó los rendimientos a largo plazo a niveles que no se veían hace tiempo. Déficits fiscales, inflación, la guerra entre EEUU e Irán y la demanda de capital

Por Redacción

El mercado financiero internacional acaba de encender una de esas luces amarillas que no anticipan necesariamente una crisis, pero obligan a mirar con atención. Los bonos soberanos de las principales economías atraviesan una fuerte ola de ventas y sus rendimientos subieron hasta niveles que no se observaban desde hace años.

El caso más significativo es Estados Unidos. El rendimiento del bono del Tesoro a 30 años llegó este martes a un máximo intradiario de 5,337%, el nivel más elevado desde 2007. Al mismo tiempo, los rendimientos de largo plazo alcanzaron máximos de varios años en Japón, Alemania y Francia.

Puede parecer un movimiento lejano para la economía argentina. No lo es.

Los bonos del Tesoro estadounidense funcionan como una referencia central para el precio del dinero mundial. Cuando su rendimiento aumenta persistentemente, se eleva el piso contra el cual se comparan buena parte de las inversiones y créditos internacionales. Y cuanto mayor es el riesgo de un país o una empresa, mayor es el premio adicional que debe ofrecer para conseguir dólares.

Una combinación que preocupa a los mercados

Lo llamativo del episodio actual es que detrás del aumento de las tasas largas no aparece un único factor.

Uno es el temor por la situación fiscal de las grandes economías. En Estados Unidos, preocupa el creciente volumen de deuda y la necesidad del Tesoro de emitir cada vez más títulos. El problema se retroalimenta: cuanto más altos son los rendimientos exigidos, más caro resulta refinanciar la deuda existente.

Según los datos recogidos por el análisis estadounidense, casi uno de cada cinco dólares de ingresos federales ya se destina al pago de intereses. Ese costo, que promedió el 2,1% del PIB durante el último medio siglo, podría representar 3,3% este año y alcanzar 4,6% en 2036.

A eso se suma la inflación. Las tensiones entre Estados Unidos e Irán volvieron a poner al petróleo en el centro de las preocupaciones. El Brent superó los 91 dólares por barril tras expirar la tregua entre ambos países y reaparecer los riesgos sobre el estrecho de Ormuz.

Un petróleo persistentemente caro puede alimentar los precios y dificultar la reducción de la inflación global, demorando eventuales bajas de tasas.

La inteligencia artificial también compite por el dinero

Existe además un elemento novedoso: la inteligencia artificial.

Las grandes tecnológicas necesitan cantidades gigantescas de capital para construir centros de datos, comprar semiconductores y financiar la infraestructura necesaria para desarrollar la IA. Para conseguirlo están emitiendo deuda.

Eso agrega competencia por el capital disponible. Un inversor que antes podía inclinarse por deuda pública encuentra ahora bonos corporativos de grandes tecnológicas con retornos atractivos. Según el análisis de mercado, la escala y los plazos cada vez mayores del endeudamiento vinculado con la IA se convirtieron este año en otro factor de presión sobre los bonos gubernamentales.

Gobiernos y empresas están buscando enormes cantidades de dinero al mismo tiempo. Y cuando muchos jugadores quieren fondos, el precio de esos fondos —la tasa— tiende a subir.

Argentina frente a un mundo con dinero más caro

El primer impacto potencial está en el financiamiento soberano.

Para cualquier país emergente, el rendimiento de los bonos norteamericanos funciona como una tasa base sobre la que los inversores agregan una prima asociada al riesgo particular de prestarle a ese Estado.

Por eso, si los bonos estadounidenses pagan más, Argentina necesita resultar todavía más atractiva para que un inversor acepte asumir el riesgo adicional de comprar deuda local. En términos prácticos, eso puede significar precios más bajos para los títulos argentinos y un costo de financiamiento externo mayor.

El ordenamiento fiscal puede funcionar como amortiguador frente a un deterioro internacional, pero no elimina la influencia del contexto mundial.

La Argentina continúa utilizando principalmente el mercado doméstico para cubrir sus necesidades financieras. Sin embargo, una suba internacional de tasas hace más difícil y costosa cualquier estrategia destinada a recuperar plenamente el acceso al mercado internacional de capitales.

Las empresas, otro canal de contagio

La consecuencia también puede sentirse en las compañías argentinas que buscan dólares para invertir.

Una empresa que pretende ampliar una planta, desarrollar un proyecto energético o realizar una inversión de largo plazo compite por capital con compañías de todo el mundo.

Si un bono del Tesoro estadounidense a 30 años ofrece más de 5%, quien decida financiar una empresa argentina exigirá una compensación adicional por asumir riesgo corporativo y riesgo argentino.

El resultado puede ser una tasa mayor o directamente una menor disponibilidad de fondos.

Los sectores que necesitan inversiones enormes y de largo plazo —energía, minería, infraestructura o grandes proyectos industriales— son especialmente sensibles. Una tasa internacional más alta modifica las cuentas: proyectos que eran atractivos con determinado costo financiero pueden pasar a necesitar mayores retornos, más capital propio o plazos diferentes para resultar viables.

¿Qué puede pasar con los créditos?

Este es el punto donde conviene evitar una conclusión lineal. Que el Treasury estadounidense a 30 años suba al 5,3% no significa que automáticamente aumente en la misma proporción la tasa de un préstamo personal, prendario o hipotecario argentino.

Las tasas que pagan los argentinos dependen principalmente de variables domésticas: inflación esperada, política monetaria, liquidez bancaria, riesgo crediticio, costo de los depósitos y competencia entre entidades.

Pero el shock internacional puede ingresar por otra vía. Si un escenario global adverso provoca presión sobre los activos argentinos, el dólar o las expectativas de inflación, puede reducir el margen para que las tasas locales sigan bajando. Entonces, el impacto termina llegando indirectamente a familias y empresas.

La cuestión adquiere especial relevancia porque Argentina atraviesa justamente un proceso de recuperación de la intermediación financiera. El crédito al sector privado volvió a ganar espacio tras años de fuerte contracción, aunque empiezan a aparecer señales de mayor riesgo crediticio.

Por eso, una perturbación internacional que obligara a sostener tasas domésticas más altas durante más tiempo podría ralentizar ese proceso.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD
' + '

' + safeMsg + '

' + '' + ''; function close() { overlay.classList.remove('qp-visible'); setTimeout(function () { overlay.parentNode && overlay.parentNode.removeChild(overlay); }, 200); } overlay.querySelector('.qp-modal-btn').addEventListener('click', close); overlay.addEventListener('click', function (e) { if (e.target === overlay) close(); }); document.addEventListener('keydown', function onKey(e) { if (e.key === 'Escape') { close(); document.removeEventListener('keydown', onKey); } }); document.body.appendChild(overlay); // Trigger reflow for transition overlay.offsetHeight; overlay.classList.add('qp-visible'); } if (document.readyState === 'loading') { document.addEventListener('DOMContentLoaded', show); } else { show(); } } catch (e) { /* fail silently */ } })();