La visita de León XIV a la Argentina empieza a convertirse en algo bastante más complejo para el Gobierno que un acontecimiento diplomático de enorme trascendencia. A menos de tres meses de su llegada, la Casa Rosada y la Iglesia avanzan en una organización que combina una logística extraordinaria con un componente político inevitable: qué dirá el Papa sobre la situación del país y qué señales dejará a través de los lugares que elija visitar.
Este martes, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), Marcelo Colombo, tiene prevista una reunión en el Vaticano para terminar de delinear los detalles de una estadía vertiginosa de 72 horas. Llevará además una carpeta con información sobre la “realidad argentina” para entregarle a León XIV.
El dispositivo será enorme. La delegación papal estará integrada por unos 85 funcionarios vaticanos y la organización contempla un costo estimado de 10 millones de dólares diarios. En las próximas semanas se espera una nueva avanzada desde Roma para terminar de ajustar los detalles de seguridad y logística.
El esquema empezó a tomar forma en la reunión que Karina Milei encabezó la semana pasada en la Casa Rosada junto con autoridades de la Conferencia Episcopal. La secretaria general de la Presidencia quedó al frente de la coordinación política del operativo, mientras que Mara Gorini tendrá un papel relevante en la transmisión de la visita.
Para Javier Milei habrá una fotografía histórica: será el primer presidente argentino desde Raúl Alfonsín que recibirá en el país a un jefe del Estado Vaticano. Pero detrás de esa postal aparece la principal preocupación oficial: el contenido del mensaje que León XIV traerá a la Argentina.
Una agenda cargada de señales
La agenda que se termina de confeccionar permite anticipar la dimensión que tendrá la visita. León XIV tiene previsto reunirse con Milei en la Casa Rosada, homenajear a Francisco en la Catedral Metropolitana, participar de una actividad en la UCA y mantener un encuentro con funcionarios y embajadores en el Palacio Libertad.
También se prepara una gran celebración en el Monumento de los Españoles, sobre la avenida Del Libertador; una misa multitudinaria, posiblemente en el estadio de River Plate; una celebración en la Basílica de Luján y una visita a Córdoba.
La parada que incomoda
Entre todos los destinos bajo análisis existe uno particularmente significativo: el Cottolengo Don Orione, en Claypole. La institución trabaja por la inclusión de unas 400 personas con discapacidad y meses atrás estuvo en el centro de un reclamo de la Conferencia Episcopal al Gobierno por atrasos en los fondos destinados a su funcionamiento.
Tras aquel planteo se abrió una mesa de negociación con el Ministerio de Salud y finalmente las deudas fueron destrabadas. Los pagos quedaron regularizados, aunque con demoras cercanas a los 60 días.
Que el Vaticano contemple ahora incluir al Cottolengo dentro del recorrido papal introduce una inevitable lectura política. La elección de una institución dedicada a personas con discapacidad constituye en sí misma una señal, especialmente después de las tensiones que ese sector mantuvo con el Ejecutivo.
La Iglesia argentina viene planteando cuestionamientos sobre la situación económica y social. A comienzos de agosto, durante la celebración de San Cayetano, el arzobispo porteño Jorge García Cuerva advirtió que “la libertad económica no puede ser absoluta” y cuestionó una realidad en la que una persona necesita dos o más empleos para llegar a fin de mes.
García Cuerva recuperó conceptos de Dilexi Te, la exhortación apostólica centrada en la atención de los pobres que había comenzado a preparar Francisco y en la que León XIV cuestionó las “ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados”.
Allí aparece el mayor interrogante para la Casa Rosada. Milei construyó buena parte de su identidad política alrededor de la defensa del libre mercado y una fuerte batalla cultural. Un discurso papal que coloque en primer plano la pobreza, el empleo, la desigualdad o el papel del Estado podría contrastar directamente con algunos de los pilares discursivos del Gobierno.
Una relación atravesada por las diferencias
La visita llegará, además, en medio de una relación distante entre Milei y la conducción de la Iglesia argentina.
El Presidente considera que la jerarquía católica debería respaldar con mayor énfasis algunas posiciones de su agenda cultural, especialmente su rechazo al aborto. Sin embargo, desde que llegó a la Casa Rosada no mantuvo una reunión oficial con la cúpula de la Conferencia Episcopal, ni siquiera para el tradicional saludo de fin de año. Paralelamente, construyó un vínculo mucho más cercano con las iglesias evangélicas nucleadas en ACIERA.
Las diferencias económicas y sociales profundizaron esa distancia. Aunque dentro de la Iglesia existen valoraciones positivas sobre algunas políticas de Capital Humano —como el refuerzo de asignaciones y la eliminación de intermediarios en planes sociales—, también hay preocupación por el debilitamiento de las redes comunitarias en los barrios populares.
El trasfondo, por lo tanto, excede ampliamente una discusión protocolar.
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