La operación a la que fue sometido este martes el papa León XIV planteó un interrogante: quién queda al frente del Vaticano mientras el Pontífice se encuentra incapacitado. La respuesta es que no existe un reemplazante automático: el Papa conserva su cargo y los organismos de la Iglesia mantienen sus funciones.
El Vaticano es una monarquía absoluta y su máxima autoridad no cuenta con un “vicepapa” ni con un regente que asuma durante una internación. Aun cuando el Pontífice se encuentra hospitalizado, el gobierno permanece en sus manos.
LA CURIA MANTIENE SU ACTIVIDAD
La Constitución Apostólica Praedicate Evangelium, que reformó la organización de la Curia Romana, establece que los dicasterios llevan adelante su labor en nombre del Papa y por su autoridad.
Por eso, estos organismos, equivalentes a ministerios, y las demás instituciones vaticanas continúan trabajando durante la internación. Las decisiones más importantes, sin embargo, deben ser tomadas o ratificadas por el Pontífice.
Una vez que su estado de salud se lo permita, León XIV podría atender los asuntos que requieran su intervención desde el hospital, como hicieron sus predecesores. La hospitalización prevista por siete días no implica, por sí misma, un cambio en la conducción de la Iglesia.
CUÁNDO SE PRODUCE LA SEDE VACANTE
La internación de un Papa tampoco abre un período de “sede vacante”. Esa situación se produce cuando el Pontífice muere o renuncia, como ocurrió con Benedicto XVI en 2013.
En ese caso, el Colegio Cardenalicio queda a cargo de la administración de los asuntos ordinarios hasta la elección de un sucesor en el cónclave.
El canon 335 del Código de Derecho Canónico contempla también la posibilidad de que la sede romana quede “totalmente impedida”. Se trata de un escenario distinto al de una intervención quirúrgica programada, vinculado con una imposibilidad de ejercer las funciones del cargo.
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