En un escenario donde el Gobierno busca consolidar la estabilidad macroeconómica mientras intenta reactivar la actividad, la evolución del mercado laboral y la situación cambiaria volvieron a ocupar el centro del debate. En una entrevista concedida a Infobae, el economista y ex presidente del Banco Central, Martín Redrado, advirtió sobre el incremento del desempleo y la informalidad, y cuestionó que la política económica se mantenga anclada casi de manera exclusiva en el frente financiero.
Para Redrado, la generación de puestos de trabajo registrados debería constituir el eje central de cualquier programa económico exitoso. En esa línea, expresó su preocupación por los últimos indicadores oficiales: "Aumenta el desempleo, aumenta la informalidad".
El economista cuestionó con dureza que el equipo económico se jacte de la creación de empleo no registrado. "Lo que la política económica tiene que crear es empleo formal para que tenga sustentabilidad fiscal", remarcó, al tiempo que explicó que la formalidad laboral garantiza tanto los aportes patronales y laborales como mejores condiciones para los trabajadores.
Para graficar la brecha, contrastó los ingresos: mientras que el salario promedio de un trabajador informal se ubica en torno a los $560.000 mensuales, el de un empleado formal supera levemente el millón de pesos. Ante este panorama, sostuvo que el camino para impulsar el empleo registrado pasa por reducir los impuestos al trabajo, un área donde, según su visión, el Gobierno muestra "fatiga de materiales".
Asimismo, describió una economía fragmentada, sostenida principalmente por lo que denominó los "tres magníficos" (energía, minería y agroganadería), mientras que el resto de los sectores y la población "la están mirando desde la tribuna". A su juicio, cada medida e inversión extranjera debería evaluarse bajo un parámetro excluyente: "Cuánto empleo y qué calidad de empleo nos genera a los argentinos".
En el plano cambiario y financiero, Redrado puso la lupa sobre la capacidad del Banco Central para acumular divisas y cumplir con los compromisos externos, un factor clave para los inversores internacionales. Señaló que las reservas actuales representan apenas un 6,5% del PBI, cifras muy por debajo de las de países de la región como México (14%) o Perú (28%).
El ex presidente del Banco Central advirtió también sobre el flujo mensual de dolarización de los ahorristas locales (el cual oscila entre los USD 2.000 millones y USD 2.500 millones destinados a compras de moneda extranjera, gastos en el exterior y consumos con tarjeta—, y alertó que este monto podría incrementarse de cara al próximo período electoral.
Esta demanda, sumada a la marcada desaceleración en el ritmo de compras de la autoridad monetaria (que pasó de promediar 100 millones de dólares diarios hasta julio a 35 millones de dólares en agosto y apenas en 15 millones de dólares en septiembre), responde a la intención oficial de mantener el tipo de cambio en torno a los $1.500 bajo presión cambiaria.
Al analizar la macroeconomía, Redrado la comparó con una "mesa de cuatro patas" (fiscal, monetaria, cambiaria y financiera): "La pata fiscal está firme. Las otras hay que definirlas". En cuanto a la proyección de un dólar a $1.800 para fines de 2027, indicó que el resultado dependerá tanto del ingreso real de divisas como del nivel de dolarización y de la certidumbre política que logre transmitir el oficialismo y la oposición.
Finalmente, el economista abordó el escenario geopolítico internacional y la disputa entre Estados Unidos y China. Consideró que Washington define al continente americano como una zona estratégica de seguridad hemisférica, lo que representa una oportunidad para la Argentina, siempre y cuando las negociaciones prioricen las necesidades de desarrollo nacional, como infraestructura, rutas, puertos y minerales críticos, por encima de la simple recepción de capitales extractivos.
"Nosotros necesitamos desarrollo, ustedes necesitan seguridad. Bueno, ¿qué me vas a traer? ¿Cuánta plata vas a traer? ¿Y qué empleo vas a generar?", sintetizó sobre el enfoque que debería tener la relación bilateral con Estados Unidos, especialmente en áreas sensibles como la defensa del Atlántico Sur y la energía, mientras que para el resto de las actividades recomendó actuar como un jugador global abierto a negociar con China, Malasia y Medio Oriente, entre otros.
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