Con el presidente, Javier Milei, en primera fila, junto a gran parte del gabinete y sin la vicepresidenta, Victoria Villaruel (a la que el Gobierno deliberadamente no invitó), el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, brindó ayer el tradicional tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral Metropolitana. Un escenario que aprovechó para apuntar contra el odio, la grieta y la ostentación; además de reclamar por la búsqueda del diálogo y por la atención a sectores como los de los jubilados y los discapacitados, especialmente postergados por la gestión libertaria.
Como hilo conductor de su homilía, García Cuerva eligió el pasaje de Marcos 2:1-12 que narra la curación de un paralítico en Cafarnaúm, un antiguo pueblo de pescadores donde cuatro hombres lo cargan, lo acercan a Jesús sorteando una multitud y entonces Jesús lo sana.
“Hoy también muchos hermanos experimentan estar paralizados en sus esperanzas, en sus oportunidades, en su dignidad. Desde hace muchos años se sienten postrados, tirados al borde del camino de la vida, y ya no tienen fuerzas para seguir”, alertó García Cuerva, que evitó dirigir sus palabras directamente contra el Gobierno para enmarcar la crisis actual como el resultado de varias gestiones.
En ese sentido, habló de responsabilidades compartidas, al decir que “no es cuestión de buscar rápidamente responsables, que, con sinceridad, y cada uno desde su lugar, un poco somos todos, sino en tomar conciencia de que tenemos la enorme responsabilidad de ayudar a curar tantas parálisis personales, familiares, y también sociales. Como aquellos cuatro hombres, que se hicieron cargo, que no buscaron culpables, sino soluciones”.
El arzobispo pidió poner fin a la grieta en la ceremonia a la que no fue invitada la Vicepresidenta
En el párrafo siguiente, el arzobispo rescató la sensibilidad frente al paralítico que cuenta el Evangelio y lo vinculó con la situación de los discapacitados, jubilados y trabajadores informales, golpeados por los recortes del Gobierno: “No lo dejaron tirado, porque nadie es descartable (...), todos somos importantes, comenzando por los abuelos, los niños, los enfermos, las personas con discapacidad, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los trabajadores informales y precarizados, y tantos más”.
Luego, citando al papa León XIV se preguntó: “¿Los menos dotados no son personas humanas? (...) ¿Los que nacieron con menos posibilidades valen menos como seres humanos, y sólo deben limitarse a sobrevivir?” e instó a reconquistar “nuestra dignidad moral y espiritual”.
OBJETIVOS Y ACUERDOS
En lo que se interpretó como un claro mensaje político, el arzobispo destacó que aquella díficil empresa de acercar al paralítico a Jesús entre la multitud solo fue posible “porque se pusieron de acuerdo, porque dejaron de lado por un rato sus diferencias, porque pusieron en el centro de su misión al paralítico; se pusieron a su servicio, no se sirvieron de él”. Y tradujo: “En términos políticos: acordaron, consensuaron; se plantearon una tarea común pensando en los más frágiles”.
En palabras de García Cuerva, cuatro hombres fueron los que hicieron la diferencia; cuatro personas capaces de cargar la camilla del otro. De ahí derivó la enumeración de los cuatro “actores esenciales” para la Argentina de hoy: el del bien común; el del diálogo; el de la amistad social (“basta de arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo”, reclamó, citando a Francisco); y el de la esperanza.
En tiempos en que el Gobierno, con el propio Milei a la cabeza promueven los ataques contra sus críticos, el prelado insistió sobre la necesidad de promover a esos “cuatro acuerdos fundamentales: el bien común, el diálogo, la amistad social y la esperanza”.
Pidió además “no ser ingenuos” porque, alertó, “la sombra de una nube de desmembramiento social se asoma en el horizonte mientras diversos intereses juegan su partida, ajenos a las necesidades de todos; el ‘sálvese quien pueda’ no es más que expresión de un individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad y descompone la Nación”. Este tramo recordó aquella frase del cardenal Jorge Bergoglio, cuando en el tedeum de 1999, durante el gobierno de Carlos Menem, dijo también que “la sombra del desmembramiento social se asoma en el horizonte”.
MENSAJE A LA DIRIGENCIA
También habló en clave política cuando dijo que “lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza del pueblo se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación y que lo haga por los que no pueden más, por los que perdieron las ganas de seguir, por los que sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación, de oportunidades”.
Otro filoso pasaje de la homilía dedicó García Cuerva a los “escribas” del evangelio, esos que miraban sentados el milagro de Jesús sanando al paralítico y criticaban. El arzobispo los actualizó sin piedad: “Viven de privilegios; alejados del común de la gente, perdieron la sensibilidad con los que sufren, critican a los que intentan hacer el bien. Odiadores de aquella época (...), haters de hoy, sentados frente a una computadora de su escritorio, o cómodamente instalados delante de una pantalla para hacer terrorismo de las redes, descalificando, difamando”, mientras clamó porque “los violentos de hoy” no detengan a los hombres y mujeres que quieren hacer el bien en la Argentina. Algo que se leyó como un cuestionamiento a los ataques libertarios a periodistas, medios y opositores.
García Cuerva también fue enfático al señalar que “es cruel y escandalosa la ostentación, el despilfarro, el derroche”. Una frase que, en otro contexto, podría leerse como un lugar común de la Iglesia, pero que hoy cobra especial relevancia con casos como el del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado por presunto enriquecimiento ilícito.
Para el cierre, el arzobispo porteño retomó una cita de la Proclama de la Primera Junta de Gobierno del 26 de mayo de 1810, que llamaba “a la unidad” y recordó que “el sueño fundacional fue siempre la unión”. Algo que, en medio de las divisiones internas que sacuden al Gobierno y con Villarruel como la gran ausente, pidió hacer “realidad”.
“Desde hace muchos años, muchos hermanos se sienten postrados, tirados al borde del camino de la vida, y ya no tienen fuerzas para seguir, no pueden sostenerse en sus derechos tan postergados”
“Nadie es descartable (...) todos somos importantes, comenzando por los abuelos, los niños, los enfermos, las personas con discapacidad, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los trabajadores informales y tantos más”
“Se necesitan cuatro acuerdos: el bien común, el diálogo, la amistad social y la esperanza”
“Falta una clase dirigente que se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación”
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