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Ya en la segunda parte de su mandato, la llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete de Ministros patentiza la claudicación de Javier Milei ante lo inevitable: debió recurrir a la política tradicional, esa que denostó y cuyo combate puso casi como su razón de arribo al manejo de la cosa pública, bautizándola como “la casta”. Porque el “Colorado” es eso: un profesional de la política, curtido en mil batallas, con paso por varios espacios desde su inicial peronismo porteño allá por la noventosa era menemista.
Designar en ese puesto clave de la administración a Manuel Adorni acaso haya sido el peor error cometido por Milei. El ahora renunciado nunca estuvo a la altura de las circunstancias, incluso antes de los escándalos. El Presidente perdió 114 días de su administración defendiéndolo, un tema que sólo le restó en la agenda pública. Se enchastró con la tiña de la complicidad, de la sospecha, al alinearse sin fisuras con un personaje que, se supo en estos días, hasta le usaba la tarjeta de crédito a sus colaboradores para comprar caprichos “gamers”, un hobby caro según parece.
Santilli llega con la misión inicial de reconstruir lo que Adorni rompió: que se vea al jefe de Gabinete como poseedor de una autoridad delegada por el Presidente y que sea lo suficientemente fuerte como para que sus interlocutores políticos y económico lo respeten. Digámoslo: ¿qué gobernador, sindicalista o legislador opositor respetaba a un Adorni que ya no podía aparecer en público por miedo al repudio? Sólo la torpeza demostrada por el saliente jefe de Gabinete para justificar “el blanco” lo había puesto en un lugar de jarana, de señalamiento casi “bullyniano” .
Contador público de profesión como Adorni, pero con mucha más experiencia en la rosca política y en pactos que se proyectan a la gestión -sobre todo por su paso por la administración porteña-, Santilli llega para desplegar sus supuestos dotes acuerdistas con gobernadores, legisladores propios y ajenos y hasta gremialistas, un mundo que conoce muy bien.
Estos últimos, de hecho, recibieron con agrado su designación, en momentos en que plantean un plan de lucha contra el Gobierno para después el Mundial de fútbol, con la reciente reforma laboral como telón de fondo. ¿Se hará finalmente? ¿O se moderará luego de un par de asados con el nuevo Jefe de ministros? Pregunta abierta por ahora.
UN PRIMER RÉDITO
El gol que metió Santilli ayer en el acto de asunción fue la presencia de unos 13 gobernadores del país. Radicales, del PRO, peronistas no kirchneristas. Fue un mensaje respecto a su capacidad de diálogo. El dato se celebraba ayer en el oficialismo. Se leía como una señal de lo que puede venir y se supone es uno de sus principales activos: potenciar la relación con las provincias, algo clave para garantizar votaciones de proyectos en el Congreso que el Gobierno necesita sacar.
Todo muy lindo el análisis libertario pero la verdad es que Santilli necesita otra cosa que no depende de él: dinero. Los cheques para las provincias en ese tipo de relación transaccional (apoyo en el Congreso a cambio de liberación de partidas) los firma Toto Caputo, ministro de Economía. El oficio político del “Colorado” se verá en que le crean los mandatarios cuando les prometa que él le puede sacar a Caputo, en rigor su subordinado, las promesas financieras que les haga a ellos.
El arribo de Santilli -en rigor un “upgrade” porque era ministro del Interior- supone la colocación de una última pieza en una estrategia de re-formulación de la estructura comunicacional del gobierno, en teoría para mejorarla. Se deben sumar ahí las incorporaciones del nuevo vocero, Adrián Ravier, hombre que habla directamente con Milei, y de Fabián Rodríguez como secretario de prensa. Los tres trabajaran los ejes narrativos del oficialismo en la era post-Adorni (o sea, enfocados en la gestión sobre todo económica y no en atajar penales por las macanas del ahora desplazado), cuyo norte será la campaña electoral que arrancará luego del Mundial y que tiene como objetivo central la reelección del Presidente.
Ravier tuvo ayer su primera conferencia de prensa en la Rosada, abierto a preguntas. Fue más bien módico, mesurado y con enfoque principal en explicar “logros” económicos del Gobierno. Todo lo contrario al tono altanero y soberbio que solía tener Adorni en ese rol, perfil que contribuyó al estrépito de su caída. Tampoco fue, digamos, el “10” de la cancha. Por eso ahí se meterá Santilli, muy ducho con los medios, quien está autorizado a desfilar por canales y radios para ser un vocero “blue” de la Casa Rosada para preparar el “clima de campaña”.
Por cierto, desde ayer el “colorado” es el candidato natural de La Libertad Avanza a la gobernación de Buenos Aires y por eso mismo es probable que lo veamos polarizar desde lo dialéctico con Axel Kicillof, quien a su vez está en plan de expansión de su proyecto presidencial y desde hace meses busca su propio objeto de polarización: Milei.
¿SE HACE LIBERTARIO?
Santilli en lo formal sigue perteneciendo al PRO pero en los hechos es un violeta con terminal en Karina Milei. Por la pelea política que pretende dar para arribar al sillón de Dardo Rocha es muy probable que enfrente presiones para firmar la ficha de afiliación a La Libertad Avanza, como en su momento hizo Patricia Bullrich. Se vaticina desde aquí que, llegado el momento, no dudará en hacerlo. Ya lo hizo en el pasado con otros espacios y, encima, hoy está medio distanciado de Mauricio Macri. Quien, para enojo del Presidente, pretendió capitalizar el desembarco de un ex “pollo” -otro más, por cierto- en el gabinete libertario.
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