En un sorpresivo giro político y de gestión, Néstor Marcelo Lamboglia presentó ayer su renuncia indeclinable a la presidencia del Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENRGE), apenas a unas semanas de haber tomado posesión del cargo. La salida prematura del funcionario nacional enciende las alarmas en el sector regulatorio y expone las complejas dinámicas de poder dentro de la entidad.
De acuerdo con fuentes internas del organismo, el fin del ciclo de Lamboglia no fue fortuito, sino el resultado de una fuerte disputa puertas adentro con Marcelo Nachón, actual vocal del ente y ex interventor del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas). Trascendió que existieron profundas divergencias de criterios respecto al rumbo regulatorio y la toma de decisiones estratégicas, lo que llevó al flamante exfuncionario a dar un paso al costado para evitar una parálisis institucional.
LA VERSIÓN OFICIAL: “MOTIVOS PERSONALES”
Por su parte, desde los despachos oficiales intentaron bajarle el tono a la polémica. Fuentes del Gobierno aseguraron que la dimisión se debió estrictamente a “motivos personales”. Asimismo, desmintieron de forma tajante la existencia de fracturas internas y recalcaron que “su paso por el ente es valorado positivamente dentro de la estructura del organismo”, intentando transmitir una imagen de transición ordenada y pacífica.
Tras la salida de Lamboglia, la conducción del ENRGE quedó provisionalmente en manos de su vicepresidente, Vicente Serra. Sin embargo, se anticipa que este interinato tendrá una corta duración.
Según informaron las autoridades, está previsto el pronto inicio de un nuevo concurso público para la selección del próximo presidente, con el objetivo de asegurar un proceso transparente y reglamentario en la designación definitiva de la nueva conducción del organismo.
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