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Una relación Gobierno-Iglesia que se tensa a un mes de la visita del Papa

El presidente, Javier Milei, con el arzobispo porteño, Jorge García Cuerva, en un Tedeum por la fiesta patria / Archivo

A un mes del arribo del Papa León XIV al país la relación entre el gobierno libertario y la Iglesia Católica no atraviesa un buen momento. En rigor, nunca hubo una relación amigable entre la Casa Rosada liderada por Javier Milei y el Episcopado argentino.

No se recuerda una reunión formal entre las partes hasta que la visita del Sumo Pontífice hizo inevitable el trato. Sí, en cambio, Milei ha tenido gestos hacia un sector importante de las iglesias evangélicas y, obviamente, hacia la comunidad judía, a cuya religiosidad pretende acercarse.

El viaje del Papa parece haber acelerado ciertos gestos críticos de la cúpula eclesiástica, canalizados a través de voces con especial predicamento que hacen hincapié en los flancos más cuestionados de la gestión Milei. Como aquella obsesión por pasar la motosierra en los fondos destinados a atender a las personas con discapacidad (que en la millonada del Presupuesto representan una migaja) o la pulsión presidencial a romper, insultar, profundizar grietas, no tolerar criterios distintos.

DECLARACIÓN QUE NO CAYÓ BIEN

El malestar de la Rosada con los obispos tuvo un pico el viernes pasado, un día antes de que una multitud marchara a la Basílica de Luján bajo la lluvia. Fue cuando el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, afirmó que el Papa se encontrará con “una Argentina dividida y en crisis”, y con un “alto porcentaje de pobres”, entre otras palabras lacerantes pero pronunciadas sin agresividad y con profesionalismo dialéctico. Se recuerda que el Indec acaba de registrar que en el primer semestre de 2026 la pobreza alcanzó el 32,3 por ciento.

La Rosada no retrucó sus dichos. Sabe que llevaría las de perder en esa discusión frente a la inminencia de la visita del Pontífice. Pero el malestar está y, dicen fuentes violetas, se nota intramuros. Es que son posturas, en definitivas, irreconciliables: es claro que la Iglesia Católica tiene una mirada crítica del programa económico de Milei, la famosa economía de dos tiempos, que no viene derramando en los sectores menos pudientes. En especial en los Conurbanos.

Puertas adentro del gobierno se reconoce que hay preocupación por el tono que adoptará la Iglesia en los eventos de los que participará el Papa, en especial los masivos. Entre ellos, la misa en la Catedral Metropolitana, el encuentro con distintos sectores sociales en la sede de la Universidad Católica, y las homilías en Luján y el porteño Monumento a los españoles.

Es claro que la Iglesia Católica tiene una mirada crítica del programa económico de Milei

Nunca se reconocerá en público pero en sectores del Gobierno están convencidos que, desde la conducción eclesiástica local, se buscaría que la visita papal sea utilizada para resaltar ítems de la agenda pública en las que el mileísmo aparece con cierta carencia de sensibilidad, por la tozudez del Presidente en aferrarse a sus dogmas económicos y porque, por definición, un mandatario liberal-libertario está en las antípodas de la doctrina social de la Iglesia.

El tema Discapacidad es un ejemplo notable. El Papa visitará el Pequeño Cotolengo Don Orione, de Claypole. Sinónimo de una obra al servicio de las personas con capacidades diferentes y, no ahora sino en sus orígenes allá por los años 30 del siglo pasado, excluidas de la sociedad porque eran “raros” y “vergonzantes”. De hecho, por eso terminaban allí. Hoy tiene 412 alojados.

Que vaya León XIV al lugar es un reconocimiento explícito a ese trabajo, solventado por la propia Iglesia, donaciones y obras sociales de los residentes. Por contraposición, es un señalamiento (¿una condena?) a las estructuras de cualquier tipo que no se ocupan de eso o miran para otro lado.

El lunes último, representantes del Gobierno recibieron a miembros de la Iglesia para conversar sobre la continuidad de las prestaciones en las instituciones y organismos sociales que trabajan con esa población y en las que ambas partes están involucradas. Por el lado de los religiosos participaron integrantes de la Pastoral Social y del Área de Discapacidad de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) y su secretario general, Raúl Pizarro. En tanto, por el ministerio de Salud fueron funcionarios de segunda línea (Roberto Olivieri, jefe Asesores; Rodrigo Sbarra, secretario de Gestión Administrativa; Roberto Moro, del SEDRONAR) pero no el ministro Mario Lugones. ¿Tanto le costaba? Los invitados presentaron un documento con distintas inquietudes y propuestas vinculadas al sector. Nada más.

Otro dato: para tocar un tema muy reciente, la Iglesia argentina objetó el fallo de la Corte Suprema de Justicia que convalidó el artículo del DNU 70/2023 del presidente Milei que habilita la venta sin límites de tierras a extranjeros. La inquietud del Episcopado apunta a zonas que se encuentran vinculadas con reservas de agua y otros bienes naturales.

Conviene volver a las palabras de García Cuerva, que ocupa el lugar que tuvo Jorge Bergoglio antes de ser nombrado como el heredero de Pedro. En aquellas palabras, el arzobispo porteño le pidió a la Virgen de Luján -patrona de la Argentina- “curar los vínculos entre nosotros” porque “las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal ya supuran y parece que se está infectando el corazón del pueblo argentino”. Más claro, echale agua.

¿POLÍTICA DE POR MEDIO?

En la Casa Rosada, los más cebados contra la Iglesia murmuran conspiraciones. Creen que los obispos juegan “políticamente” para favorecer a la oposición, concretamente al peronismo. O, con menos extremismo, para no facilitar la eventual reelección de Milei, que hoy es el objetivo central del Gobierno.

La Iglesia, por su parte, se encarga de resaltar que la visita de León XIV tendrá un carácter meramente pastoral, sin otras intenciones. Es, en definitiva, el oficio papal: ser pastor. Pero eso no quita que, con el lenguaje delicado y cortés que le dan a la Santa Sede más de 2000 años de historia y acaso el cuerpo diplomático más eficaz del mundo, el norteamericano Robert Prevost no deje bien en claro sus disidencias con el momento político argentino, en particular, y el avance conservador en la región, en general. Probablemente sea lo que pase.

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