El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y su esposa Bettina Angeletti, solicitaron adherirse al régimen simplificado de Ganancias que está contemplado en la Ley de Inocencia Fiscal, impulsada por este gobierno. Ella lo hizo el martes y él ayer. Mientras, pasó lo que fuentes violetas juraban que iba a pasar antes del inicio del Mundial: el funcionario envió a última hora su tan esperada declaración jurada de bienes a la Oficina Anticorrupción para procurar saldar las dudas sobre su incremento patrimonial de los últimos años, justo los que lo tienen como servidor público. Y en los que que se compró y refaccionó una casa en un country y un departamento en Caballito y realizó viajes suntuosos, entre otros detalles que investiga la Justicia. Por cierto, muy polémicas sus justificaciones que presenta: un ahorro de medio millón de dólares en negro y altas ganancias con el bitcoin.
El régimen simplificado de Ganancias establece un esquema declarativo abreviado para contribuyentes que opten por regularizar su situación tributaria bajo determinadas condiciones. Implica una reducción en el nivel de detalle exigido respecto de las declaraciones juradas tradicionales, es verdad. Y permite evitar sanciones penales por incumplimientos tributarios anteriores. Pero no ampara al contribuyente de investigaciones como las relativas a delitos de enriquecimiento ilícito o lavado de activos. O sea, adherir al régimen no zafa al individuo de investigaciones criminales que se sustenten en otros fundamentos legales. Sería el caso.
Pero la declaración jurada de Adorni tardó en llegar mucho más que los tanques del general Alais (Referencia para los memoriosos que vivieron aquella Semana Santa del 87). Si hasta el propio Javier Milei quedó “pegado” cuando, allá por abril, dijo que el exvocero ya tenía todos los papeles listos para presentarla y así evacuar todas las sospechas. En ese momento el mundo libertario clamaba, intramuros, una solución rápida para un escándalo que escalaba y, a todas luces, sólo producía desgaste a la imagen del gobierno y daño político al propio Presidente, quien respaldó y ratificó una y otra vez a su amigo y funcionario.
TRES MESES DESPUÉS
Bueno, lo de “solución rápida” nunca se dio. Pasaron más de 90 días desde la jornada en la que se desató la serie de acontecimientos que llevaron a Adorni al sótano del desprestigio y la sospecha. Fue un 8 de marzo, cuando trascendió que su esposa, Bettina Angeletti, había formado parte de la delegación oficial que acompañó a Milei a la “Argentina Week” en Nueva York. ¿Para qué? Porque que mi mujer tenía un viaje agendado de antes a EE UU; que justo coincidió con la gira presidencial y la invitaron; que nosotros pagamos los gastos de ella...Explicaciones inconsistentes que sólo sirvieron para que, luego de meses previos en los que el hombre se pasó exaltando la supuesta moral libertaria para hacer política en contraposición a los políticos tradicionales, quedara una suerte de hilito suelto del que se empezó a tirar.
Y a partir del dato de ese viaje que incluso contradijo una disposición de este gobierno -la prohibición de usar aviones oficiales para familiares de funcionarios- se empezó a tirar de aquel hilito y así saltó el notable crecimiento patrimonial en tiempo récord que, digámoslo, es materia de risa entre algunos políticos profesionales, expertos en el arte de dibujar declaraciones juradas.
Así, pues, Adorni debió explicar sus bienes ante la opinión pública y, la verdad, fue un flan. Incurrió en contradicciones y, como se dijo, el dato principal que le ha jugado en contra es que no presentó rápido la declaración jurada de bienes que se supone actuaría de refutación de las sospechas y de la investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito. El daño político de sus vaivenes, le exigía celeridad. Y así salió también el viaje en jet privado a Punta del Este durante el feriado del Carnaval, con su familia y el empresario periodístico Marcelo Grandio, su amigo personal, contratado además por la Televisión Pública. Que depende de su oficina. De nuevo vaguedades: yo pagué el “proporcional” del vuelo, mi pasaje y el de mi familia, dijo. Pero el piloto y la secretaria del mismo afirmaron ante la Justicia que fue el amigo Grandio quien lo pagó y que los Adorni fueron invitados. ¿Delito de dádivas? Es una sospecha que impera dado los contratos que unían a Grandio con el Estado.
PATRIMONIO EN LA MIRA
Menos de un año después de asumir como vocero, su cargo inicial en el gobierno, o sea a fines de 2024, los Adorni compraron la casa en el country Golf Club Indio Cuá de Exaltación de la Cruz. Se inscribió a nombre de Bettina. Polémica: no figuró en la pasada declaración jurada con fecha del 4 de agosto de 2025. Recién se incorporó este año, una vez desatado el escándalo.
Supongamos que fue una desprolijidad. Pero ahí apareció el contratista Matías Tabar quien declaró en la Justicia que realizó refacciones en la casa y recibió de Adorni 245.000 dólares en efectivo. Quedará para la historia la anécdota de la cascada como paradigma de suntuosidad. Desde el Gobierno dejaron trascender que demandarían a Tabar por falso testimonio, aunque el hombre presentó toda clase de papales para respaldar sus dichos.
En noviembre del 2025, Adorni adquirió el departamento de Caballito, por un total de 230.000 dólares. Su sueldo: 3 millones de pesos en ese momento (hoy es más). Lo que ha otorgado un manto de sospecha adicional a todas las operaciones fueron las figuras de las jubiladas que actuaron de prestamitas del funcionario. Por cierto, muy benévolas porque no le cobran intereses. Habrá que ver cómo hace Adorni para levantarlas antes de fin de año, de acuerdo al compromiso que adquirió con su sueldo de ministro. Y como explica todo esto en la mentada declaración jurada.
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