Margarita
Una era Argentina y la otra de España / La tierra generosa les abrió sus entrañas / Y ellas con mano firme de amor y de esperanza, / sembraron las semillas y soñaron confiadas.
El agua, el sol, el viento, hicieron que de pronto / La tierra se brotara en espigas doradas.
Amasaron el pan y acunaron nostalgias. / Criaron varios hijos con amor y trabajo.
Y crecieron mujeres y hombres de pujanza. / Francisca se fue muy joven, allí donde los ángeles / Necesitan que alguien les cante algunas nanas.
La otra, ya anciana, batiendo un flan casero / Nos contaba historias con mucha, mucha gracia.
A mis queridas abuelas Francisca y Juana.
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