Tengo 27 años, soy docente y hasta hace unas semanas no tenía la menor idea de qué significaba la palabra “therian”. La había visto alguna vez dando vueltas por TikTok, pero pensé que era una moda más de internet, una palabra nueva de esas que aparecen todos los meses y que una ya no llega a entender.
La explicación terminó llegando de donde menos lo esperaba: una alumna de segundo año. Durante una clase surgió el tema de las redes sociales y alguien mencionó a los therians. Pregunté, con total sinceridad, qué significaba. Algunos se rieron de mi desconocimiento hasta que una de las chicas levantó la mano y me dijo: “Profe, yo te explico”.
Me contó que existen personas que sienten una identificación profunda con determinados animales y que algunas utilizan términos como theriotype para hablar de esa identificación. También me explicó que en las redes se ven videos de jóvenes usando máscaras, colas o practicando movimientos en cuatro extremidades, aunque esas prácticas visibles no definen por sí solas qué es ser therian.
Reconozco que al principio pensé que no había entendido nada. Llegué a mi casa, abrí el celular y empecé a buscar. Un video llevó a otro, después a testimonios, explicaciones y debates. Lo que había empezado como una pregunta bastante inocente en el aula terminó convirtiéndose en una pequeña obsesión.
Ahora soy yo la que encuentra videos y piensa: “Ah, esto era lo que me estaba explicando”. Incluso volví a hablar del tema con mi alumna y, para mi sorpresa, terminé haciéndole más preguntas que ella a mí. Me resulta fascinante descubrir los códigos, palabras y comunidades que se forman entre los adolescentes y que muchas veces los adultos ni siquiera sabemos que existen.
No sé si decir que me convertí literalmente en una “fanática de los therians”, pero sí del fenómeno. Me interesa entender de dónde viene, por qué algunos jóvenes encuentran allí una forma de expresarse y cómo las redes hicieron que algo que para muchos era completamente desconocido adquiriera tanta visibilidad.
Y me quedó una enseñanza bastante divertida: uno entra al aula convencido de que va a enseñar y, de repente, una chica de segundo año te explica una palabra que desconocías. Después terminás un sábado a la noche mirando videos sobre therians y leyendo sobre el tema.
Definitivamente, a veces los alumnos también nos actualizan el diccionario.
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