“Haz cuanto esté en tu mano para que conserve un recuerdo del pasado tan inmaculado como hasta ahora”, N. Sōseki, del libro “Kokoro”.
Junto al cordón de la vereda corría un río, sí. Corrían un río y una flota de barquitos todos blancos.
No se quién, no recuerdo muy bien si mi padre o mi abuelo, después de un fuerte aguacero, armó un barquito de papel. Pero aún veo a sus manos hacer aparecer ese pequeño barquito de una hoja plegada una y otra vez, casi como en un acto de magia. Y al instante mi sorpresa con una enorme sonrisa. No recuerdo cómo ni cuántos dobleces. Aunque allí siguen sus manos posando aquel barquito en el río y este alejándose en la corriente, sin más. Y mi alegría.
Hace tiempo ya que no los veo. Se fueron. Serenamente partieron después de una lluvia. Cada tanto me los traen un borroso recuerdo y algún que otro doblez en el corazón.
SUSCRIBITE a esta promo especial