Hay libros que cuentan una historia y otros que, además, ponen en duda la manera en que estamos acostumbrados a leer. Cómo me hice monja, de César Aira, pertenece a los segundos. Publicada originalmente en 1993, la novela sigue durante un año la vida de un niño de seis años llamado César, aunque desde el comienzo hay algo que no termina de encajar: quien narra se identifica muchas veces como una niña, mientras el resto del mundo insiste en tratarlo como un varón.
La historia arranca en Rosario, después de que la familia se instala allí. El padre lleva a César a comer un helado de frutilla. El gusto resulta insoportable y el niño se niega a terminarlo. Cuando el padre prueba el helado descubre que está en mal estado y la discusión con el vendedor termina de la manera más inesperada: lo asesina. Ese episodio, entre absurdo y brutal, abre la puerta al universo particular de Aira.
A partir de entonces, la realidad comienza a deformarse. El protagonista enferma, atraviesa situaciones cada vez más extrañas y tiene dificultades para adaptarse a la escuela y relacionarse con otros chicos. Se siente observado, rechazado, diferente. El mundo adulto aparece como un territorio incomprensible, mientras su propia identidad se vuelve algo difícil de explicar incluso para él mismo.
La novela trabaja justamente sobre esa incertidumbre. Aira utiliza el nombre propio y algunos elementos que parecen remitir a su propia vida, pero el resultado no es una autobiografía. El César de la novela es un personaje que funciona como una máscara, y esa confusión deliberada obliga al lector a preguntarse constantemente quién habla y desde dónde.
También el género del protagonista permanece en movimiento. Niño y niña se alternan en su relato, como si la identidad fuera algo menos estable de lo que los demás pretenden. El deseo de tener una muñeca, por ejemplo, no aparece solamente como un objeto infantil: concentra una necesidad más profunda de compañía, pertenencia y transformación.
El título, además, funciona como una trampa. No hay aquí una historia de conversión religiosa ni un despertar espiritual. La “monja” del título parece formar parte de un juego mayor sobre las transformaciones, los cambios y las identidades que se construyen durante la infancia.
Con su humor extraño, sus escenas violentas y su lógica imprevisible, Aira convierte la mirada infantil en una herramienta para cuestionar aquello que los adultos consideran normal. Cómo me hice monja es una novela sobre crecer, pero también sobre no encajar. Y sobre la posibilidad de que, detrás de aquello que llamamos realidad, siempre haya otra historia esperando ser contada.
Editorial: Random House
Páginas: 232
Precio: $34.199
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