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Cuidado al entrar: el animal como reactivo

Patricia Ratto reúne cuentos en los que perros con joroba, lagartos y una reina de las hormigas rondan lo cotidiano. La autora explica que no los piensa como protagonistas: son un reactivo que vuelve visible algo de lo humano
Patricia Ratto, escritora y docente de literatura, especializada en Didáctica de las Prácticas del Lenguaje

Una mujer mayor vive en un geriátrico. En algún momento ve aparecer por la ventana a un joven con cabeza de perro, lo llama cinocéfalo y se pone a conversar con él. De esa escena toma su título Cuidado al entrar, el nuevo libro de cuentos de Patricia Ratto, editado por Adriana Hidalgo en la colección La lengua.

Los cinocéfalos, seres de cuerpo humano y cabeza de perro, figuran en relatos de viajeros de la Antigüedad y en bestiarios medievales. Frente a una réplica de un cuadro de Botticelli con la Virgen María y un ángel, la mujer del cuento se pregunta: “¿Por qué nos parece monstruoso un cinocéfalo y no nos parece monstruoso un ángel?”. Ratto reconoce en esa pregunta el origen del libro: “Para mí esa es la premisa que me llevó a escribir el libro”, cuenta en una entrevista.

Ratto es escritora y docente de literatura, especializada en Didáctica de las Prácticas del Lenguaje, y coordina talleres de lectura y escritura. Publicó las novelas Pequeños hombres blancos, Nudos y Trasfondo, que narra la participación del submarino ARA San Luis en la guerra de Malvinas y tiene un proyecto de adaptación al cine con dirección de Pablo Giorgelli, además del libro de cuentos Faunas, de 2017. Su obra fue traducida al italiano, al inglés y al hebreo.

Los once relatos recorren climas y géneros distintos. Según la autora, hay registros que “tocan un poco lo oscuro, lo gótico, lo fantástico, lo realista” y también cuentos “con mucho humor”. Se habitan espacios, cerrados o abiertos, capaces de volverse algo distinto de lo que parecían y de una fauna que incluye perros con joroba, una reina de las hormigas, mirlos, caballos y lagartos. “Es un ambiente como de mucha calma al principio, de un ambiente rutinario que luego se va enrareciendo”, cuenta Ratto.

Para explicar el lugar de los animales, recurre a una imagen de laboratorio: un reactivo que, agregado a una sustancia, “vuelve evidente algo que a simple vista no podía ver”. Así, los relatos no son meramente protagonizados por animales, sino que funcionan como ese reactivo: “ponen en evidencia algo de la condición humana que, si no estuviera ese animal ahí, no lo veríamos”.

La autora dice haber querido “poner bajo sospecha qué es lo habitual, lo normal y lo raro”, y explica que lo raro entra “para poner en cuestión eso que, a fuerza de ver, terminamos normalizando”. Esto invita a detenernos y preguntarse erdaderamente qué es lo raro: ¿un ser que no terminamos de calificar, una mujer sola en un geriátrico a la que su familia casi no tiene tiempo de ir a ver, dos mujeres que durante la pandemia se pelean hasta llegar a las manos por unos rollos de papel higiénico o un virus asesino que amenaza con extinguir la raza humana?

Para Freud, lo siniestro es “eso cotidiano que de pronto se nos vuelve extraño”; idea que el psicoanalista desarrolló en un ensayo de 1919. De ahí su método de trabajo: “A veces no hay que salir a inventar el absurdo, solo hay que volverse un fino observador de la realidad”, afirma la autora.

“Siempre me preguntan cómo se te ocurrió inventar esto. No lo inventé, existe”, dice Ratto sobre un relato que roza lo insólito. Su hijo le dio el dato clave: en Turkmenistán, Gurbanguly Berdimuhamedow —odontólogo de cabecera del presidente Saparmurat Niyazov— asumió el poder tras la muerte del mandatario en 2006 y más tarde mandó a erigir una estatua suya a caballo, bañada en oro.

En el cuento, Ratto lleva este disparate histórico al extremo: un dictador que hereda el gobierno por cuidar la salud bucal de su antecesor, obliga al público a ovacionarlo en conciertos de órgano y despliega una tortura muy particular, arrancándoles los dientes a los invitados. Para construir el relato, la autora eligió una estructura ingeniosa: un visitante mudo que recorre el país en una visita guiada mientras los lugareños, sin darle margen a intervenir, le revelan los desatinos del régimen.

Para ella, la ficción tiene que mirar agudamente lo que nos rodea y recuerda una idea de Roland Barthes: el texto literario como un tejido de detalles. Las cosas están ahí, dice, y hay que encontrarlas; cuando alguien las muestra, el lector duda: “No, esto no puede ser verdad. Pero sí”.

Cuidado al entrar

Patricia Ratto

Editorial: Adriana Hidalgo

Páginas: 132

Precio: $ 20.000

Los relatos no son meramente protagonizados por animales, sino que funcionan como ese reactivo

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