Soy un apasionado de los deportes. Me gusta seguir el fútbol argentino, las ligas europeas, la Fórmula 1 y prácticamente cualquier competencia que aparezca. El problema es que últimamente siento que estoy sobreinformado. Entre las redes sociales, las aplicaciones deportivas y las notificaciones del celular, recibo tantas noticias que a veces termino el día sin recordar qué fue realmente importante.
En mi familia siempre existió la costumbre de comprar el diario en papel. Mi abuelo lo leía todas las mañanas, después mi papá y ahora yo mantengo ese hábito. Sé que para mis amigos es algo bastante raro. Algunos se ríen cuando les cuento que todavía compro el diario para leer los resultados, las crónicas de los partidos o las entrevistas que probablemente ya circularon por internet varias horas antes.
Sin embargo, encuentro algo especial en sentarme a leerlo sin tener una pantalla adelante. No aparecen notificaciones, no hay videos que se reproducen solos ni discusiones interminables entre hinchas. Puedo dedicarle tiempo a una noticia, terminarla y pasar a otra sin sentir que me estoy perdiendo algo.
Tengo 23 años. No reniego de la tecnología, porque también la uso todos los días. Pero me llama la atención que, siendo joven, muchas veces necesite recurrir a una costumbre de mis abuelos para escapar de tanta información. Quizás leer el diario en papel no sea solamente una tradición familiar, sino también una manera de recuperar la tranquilidad de informarse sin estar permanentemente conectado.
Me gustaría que más jóvenes se animaran a probarlo. Tal vez descubrirían que no siempre estar más informados significa entender mejor lo que pasa.
Quizás leer el diario en papel no sea solamente una tradición familiar
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