El árbol de la vida que construí un día, muy frondoso, no lograba ser.
Creció con lo que pudo hacer; en la mitad de su corazón, tenía verde su follaje coloridas sus flores y frutos muy sabrosos.
El árbol de la vida que construí un día, desarrolló una faceta marchita; seco, su follaje era sin flores para oler y sin frutos para degustar.
El árbol de la vida que construí un día... fui regando con lágrimas de alegría.
Todo su follaje, en una gran copa reverdecia, todas sus flores esparcian el perfume del amor, brindando todos sus frutos un dulce sabor.
El árbol de la vida que construí un día próspero creció, colmado de todo el amor... que en el seno de mi familia halló.
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