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El ave que se extingue en silencio

A partir de años de investigación, archivos y radios rurales, Martín Bericat explora en Crueldad del macá la relación entre el ser humano y un animal casi religioso
Martín Bericat / web

Hay un ave que existe desde hace miles de años y a la que casi nadie vio sino hasta 1975. Se llama macá tobiano, vive únicamente en algunas lagunas de la meseta santacruceña, no hace ningún esfuerzo por defenderse de sus depredadores y, cuando las cosas se ponen difíciles, elige quedarse quieta y morir. Ese comportamiento, tan extraño como conmovedor, es el corazón de Crueldad del macá, la primera novela de Martín Bericat, un historiador porteño de 27 años que hasta hace poco no sabía nada de pájaros.

“El macá me interesó como me podría haber interesado un pulpo o una ballena”, contó Bericat en el ciclo Lecturas de fondo. “Nunca fui observador de aves, siempre me pareció algo bastante gracioso, en el buen sentido.”

Publicada este año por el Fondo de Cultura Económica en su colección Tierra Adentro, la novela llega precedida de un premio y una mención: fue la seleccionada argentina de la convocatoria internacional Tierra Adentro Sur 2025 y, en 2024, había obtenido una mención del jurado en el certamen Todos los tiempos el tiempo. Ninguno de los dos la consagró de entrada; Bericat es el primero en aclarar que, en aquel concurso, “el proyecto que lo ganó era claramente mejor que el mío”. Pero le alcanzaron para terminar un libro que, según cuenta, estuvo a punto de no existir nunca.

La historia que narra Crueldad del macá es sencilla en apariencia: un fotógrafo escandinavo, una bióloga y un voluntario porteño cruzan a pie la meseta de Santa Cruz para censar una colonia de macás tobianos. Pero alrededor de esa caminata de tres días, Bericat despliega otra dimensión temporal. La novela arranca con el origen mismo de la vida (“Al principio no había nada. Apenas una espuma de material genético”, dicen sus primeras líneas) y desciende, capítulo a capítulo, hasta la meseta contemporánea, sus puesteros, sus radios rurales y sus exploradores decimonónicos.

“No es un libro para aprender biología, pero sí para situarse en otra temporalidad”, explicó el autor. “Uno mira una piedra y es solo una piedra, pero en la existencia de esa piedra toda la historia humana es nada, porque se mueve en otro tiempo.”

DEL PAPEL AL PÁJARO

Bericat es licenciado en Historia por la Universidad Nacional de San Martín, donde también cursa su doctorado sobre la Antártida y el Atlántico Sur. Crueldad del macá nació de un modo bastante distinto: en plena pandemia, encerrado en su departamento porteño, se obsesionó con la meseta santacruceña sin poder pisarla. Empezó a escuchar por internet una radio de Comodoro Rivadavia que transmitía los mensajes al poblador rural, esos avisos breves que llegan a las estancias más aisladas y los transcribía sin saber muy bien para qué.

“Lo que tenía era una fascinación muy fuerte por este animal, por cómo se vinculan los humanos con él, por el territorio en el que vive”, recordó. El proyecto empezó como una investigación académica, “inviable, no tenía ningún sentido como tesis”, después coqueteó con la crónica y recién al final encontró la forma de la novela. “Si hubiera servido una crónica, habría hecho una crónica; si hubiera servido un libro de historia, un libro de historia. Pero sucede que escribo. Entonces quedó así.”

El resultado de ese proceso, contó, fue menos escribir que recortar. Cartas, programas de radio, tratados de biología y geología de principios de siglo, textos de viajeros como Hesketh Prichard (cuyo grabado de 1902 ilustra, sin el macá -irónicamente- la tapa del libro) se acumularon durante años antes de que aparecieran los tres personajes que sostienen la trama. “No es que yo tuve que escribir la novela, sino que la compuse a partir de esa cantidad monumental de información; fui recortando hasta que más o menos tuvo forma”, dijo.

Ese trabajo de poda no fue indoloro. Hubo, cuenta Martín, ocho personajes que terminaron en cinco, versiones en las que los protagonistas cruzaban toda la provincia o escapaban en avión, capítulos enteros descartados. “Está lleno de fantasmas el libro, caídos en combate”, resumió, entre risas, en la charla.

UN ANIMAL CASI RELIGIOSO

Lo que sí permanece de punta a punta es la mirada sobre el macá, ese pájaro que la propia novela describe como un buda con aires de protesta suicida, capaz de dejarse morir antes que defenderse. Bericat evitó, a propósito, la explicación científica de por qué vale la pena salvarlo. “La variable científica de la conservación casi no la puse en la novela, porque no me interesa lo más mínimo”, admitió. “¿Por qué hay que salvar al macá? No sé decirlo; hay algo religioso en ese punto, y era más eso lo que me interesaba.”

Esa fascinación por lo pequeño y lo frágil convive, en la vida de Bericat, con una investigación bastante menos amable: su doctorado indaga en la caza de ballenas industrial y los obreros antárticos. “El macá era casi una relajación comparado con ese proceso”, dijo.

Antes de convertirse en libro, la novela pasó por talleres literarios de periodismo narrativo y por el programa de formación Nuevas Narrativas, además de una clínica de escritura que le sirvió, sobre todo, de plazo. “Entre la clínica, que me forzaba a presentar avances todas las semanas, y la convocatoria, fue necesario cerrar y lograr una obra terminada”, explicó. Bericat también salió a discutir cierto mito literario, la idea de que la formación o la ayuda externa “ensucian” la escritura. “Fueron muchos los ojos que leyeron e hicieron que este libro sea posible.”

Antes que en otros libros, el escritor se apoyó en la fotografía para construir la mirada de sus tres protagonistas sobre la estepa. Entre sus referencias menciona Lo salvaje apareció en mis sueños, de la fotógrafa Laura Ferro, y archivos de fotógrafos históricos de la Patagonia. “Los tres personajes tienen tres miradas distintas sobre el mismo objeto, que es la estepa y el mar”, contó. “A la hora de armar esa mirada, ahí sí la fotografía fue una referencia.”

Con apenas 222 páginas divididas en tres jornadas, El fotógrafo, La bióloga y El voluntario, Crueldad del macá se lee rápido, aunque detrás de esa brevedad hay, como reconoce su autor, años de materiales acumulados y descartados. Un libro chico sobre un pájaro chico que, contra todos los pronósticos, sigue ahí, en las lagunas de Santa Cruz, resistiendo.

Crueldad del macá

Martín Bericat

Editorial: Fondo de Cultura Económica (FCE)

Páginas: 224

Precio: $25.000

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