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Un vaso de 7Up con demasiados cubitos que hay que girar para que el gas no raspe la garganta. Una cámara Kodak pocket que intenta atrapar un instante familiar. La puerta de un ascensor que se abre y revela, sin querer, la tristeza de los adultos frente a una pérdida que todavía no tiene nombre. Son postales mínimas, casi domésticas, pero en “Dame la mano” (Editorial Caburé, 2026) funcionan como llave de acceso a una época entera y a una conciencia que empieza a formarse.
Es la primera novela de Laura Efrón, narradora y comunicadora nacida en Buenos Aires en 1975, y llega organizada en relatos breves, bautizados con nombres de objetos, personas o lugares como “7Up”, “Yeso”, “Campamento”, “Churba” o “Barbie”, que siguen a una niña mientras crece.
UNA VOZ QUE NO SE EXPLICA A SÍ MISMA
El libro no tiene, en apariencia, una trama que avance en línea recta: son instantáneas que dialogan entre sí, unidas por la mirada de la protagonista. Sostener esa mirada infantil a lo largo de todo un libro, sin caer en el guiño adulto que explica de más ni en el lenguaje impostado de nena tierna, fue, según cuenta Efrón, un trabajo de reescritura tanto como de memoria.
“Dame la mano parte de sensaciones, recuerdos y fotos mentales de mi infancia que usé como punto de partida para crear cada instantánea en la vida de la niña. Aunque no es un libro biográfico, al momento de escribir cada escena, trataba de retrotraerme a esos años”, explica la autora, que además encontró un espacio de control casi artesanal en los talleres literarios de Adriana Riva y Ana Navajas, en los que escribió gran parte de los textos entre 2022 y 2024. “Ayudó también el haber escrito gran parte de los textos en el taller, en el que tuve muchos lectores y compañeros que sumaron sus ojos y oídos”, agrega.
Esa construcción coral, muchas lecturas ajenas puliendo una sola voz, explica en parte por qué el libro nunca subraya lo que cuenta. La nena de “Dame la mano” no entiende del todo lo que la rodea, y ese no entender es, también, lo que el lector sí entiende. En relatos como “7Up” o “Playa”, temas de peso (un duelo familiar, una interrupción voluntaria del embarazo, la violencia implícita, la tenencia de armas en una casa) aparecen de costado, nunca procesados del todo por la protagonista. “Quise jugar con esa brecha. Escribiendo ya de adulta, sé las respuestas, pero mi objetivo fue siempre estar en la mirada de la niña, casi enarbolando su bandera, defendiéndola de lo que todavía no sabe, o recién está intuyendo, que sucede o va a suceder”, dice Efrón. “Lo difícil fue no caer en la tentación de cuidarla en exceso y resguardarla por completo, sino dejarla en el borde, para que de a poco lo enfrente.”
BARBIES, CASETES Y UN PROYECTOR
“Dame la mano” está poblado de objetos muy reconocibles para quien creció en los ochenta: muñecas Barbie, casetes grabados a mano, cámaras Kodak pocket, juegos de mesa, un proyector doméstico pasando La naranja mecánica. Ese inventario no funciona como decorado nostálgico sino como material de trabajo: cada objeto ubica a la protagonista en un tiempo y en una clase social precisos. Efrón cuenta que esos elementos “fueron surgiendo naturalmente porque están en mi mirada habitual”, aunque detrás de esa naturalidad hubo también tarea de archivo: “Hubo mucho trabajo de investigación para chequear bien los tiempos en que se usaban, sus características, para que no haya inconsistencias.” La autora reconoce, incluso, haber tenido que frenarse: “La tentación de sumarle más memorabilias era fuerte, pero al hacerlo iba a sobrepasar a la historia de la niña. La idea fue crear un clima de época, el de esa niña en particular, con su trasfondo familiar y socioeconómico.”
EL CUERPO, TERRITORIO Y EVIDENCIA
Si hay un eje que atraviesa el libro de punta a punta es el cuerpo: el cuerpo que crece, que se lastima, que empieza a mirar y a ser mirado. En “Yeso”, un accidente doméstico, un dedo atrapado en una silla, marca a la protagonista; en “Churba”, unos agujeritos infectados vuelven visible el dolor físico; en “Barbie”, la nena observa la corporalidad ajena y empieza a construir, sin saberlo del todo, una idea sobre su propio cuerpo. Para Efrón esto no es casual: “El cuerpo es un tema que me convoca. De hecho, tengo varios textos y un proyecto de libro con el cuerpo como eje. En el caso de Dame la mano, también es central para el relato: por un lado, porque el cuerpo de la niña va transformándose, y en la situación narrada al final es bastante protagonista; además, ella está atenta a su cuerpo y al de los otros, sabe que mucho pasa por ahí, aunque no lo tenga del todo claro.” Y resume la idea que late detrás de buena parte del libro: “El cuerpo es un territorio en el que se inscribe la vida, y por eso traté de poner la mirada en él, a veces más, a veces menos, en las diferentes instantáneas de Dame la mano.”
EL TERROR QUE ESPERA EN LA CANCHA
Hay, además, una zona del libro que roza directamente el registro del terror infantil: el mito del chico desaparecido en el Tren Fantasma de “Campamento”, ciertos climas de tensión que se cuelan entre juegos y rituales de amistad escolar. Para Efrón, esa cercanía entre juego y espanto no es una excepción sino una condición de la infancia misma. “Creo que en la infancia, el terror, el real y el ficticio, está ahí, esperando para salir a la cancha en cualquier momento. Sí, la infancia es una etapa de mayor vulnerabilidad, pero también una etapa en la que muchas cosas se potencian y todo, sensaciones, hechos, es mucho más o mucho menos de lo que realmente es”, dice. “En la mirada infantil hay más posibilidad de todo, lo bueno y lo malo, y las fantasías, rumores y cuentos crecen y explotan con más facilidad.”
DE CONSIGNA DE TALLER A NOVELA
Dame la mano no nació como proyecto de novela. Tiene origen en un texto que Efrón escribió en 2022 a partir de una consigna de taller literario: una niña narrando una escena desde su propia mirada. Después vino otro texto con la misma voz infantil, y otro más. “En ese momento iban a ser varias niñas que hablaran o contaran”, recuerda la autora. “Pero con el tiempo y el intercambio en el taller literario, decidí que iba a construir la historia de una sola niña. Y ahí arrancó el trabajo de crear su mundo, su familia, sus amigas, sus situaciones.” Gran parte de los textos fueron escritos en 2022; en 2024 Efrón retomó el material, releyó, reescribió, sumó instantáneas nuevas. “Con el libro ya listo, busqué publicarlo y di con Caburé”, cierra.
Egresada de Ciencias de la Comunicación en la UBA y periodista formada en TEA, Efrón viene de un recorrido profesional por editoriales, televisión y medios digitales. Hoy codirige Estudio REC, dedicado a la redacción y edición para empresas e instituciones, y prepara Tinta y Raíces, un espacio enfocado en biografías personalizadas. “Dame la mano” es su primera incursión narrativa propiamente literaria, aunque, a juzgar por la charla, la escritura la acompaña desde mucho antes de que existiera un libro con su nombre en la tapa.
Dame la mano
Laura Efrón
Editorial: Caburé
Páginas: 108
Precio: $30.000
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