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El juguete rabioso: Arlt, a cien años de su primera novela

Frente al purismo de las academias, el escritor y periodista argentino aparece con la fuerza del “cross a la mandíbula”. La especialista Laura Juárez explora los trazos de un relato incisivo sobre las crudezas de la realidad

Transcurre una noche lluviosa en Buenos Aires y tres adolescentes caminan a paso rápido entre calles adormecidas. Silvio Astier tiene apenas catorce años y un revólver guardado en el abrigo. Acaba de devorar los folletines baratos de Rocambole y sueña con ser, también él, un bandido famoso. Con “El Club de los caballeros de la medianoche” se prepara para asaltar la biblioteca de la escuela, buscando volúmenes para vender, aunque alguno termine en el bolsillo como un tesoro furtivo.

Laura Juárez ha dedicado años a la investigación de Roberto Arlt. Doctora en Letras, investigadora independiente del CONICET y Profesora Titular de Literatura Argentina en la Universidad Nacional de La Plata, se detiene en las tensiones que atraviesan al protagonista de aquella novela publicada en 1926. “Es un joven pobre que sufre muchas vicisitudes. Quiere estudiar, quiere leer, pero lo mandan a trabajar. Su vida está marcada por la humillación, las dificultades y el fracaso, y también atravesada por el delito en una sociedad que lo está expulsando”, cuenta en una entrevista con EL DIA.

Un libro que llega a los golpes

El juguete rabioso irrumpió con la urgencia de una prosa plebeya, cargada de la violencia del suburbio, la fascinación por la técnica y la belleza feroz de una Buenos Aires en plena transformación. De la frustración del protagonista nace un relato que no mira a la sociedad desde arriba, sino desde el barro: detrás está la pluma -o, mejor dicho, la “Underwood”- inconfundible de Arlt. Como lo define Juárez, se trataba de “un escritor prepotente, batallador, un gran luchador de la literatura”.

Arlt y sus excentricidades -como aquel intento por inventar unas medias que no se corrieran- no pedían permiso para entrar en el campo cultural. Esa búsqueda de impacto no fue casual. Juárez explica que su estilo se construyó con la clara intención de sacudir al público de la época: “Se caracterizó, en su famoso prólogo a Los lanzallamas, por buscar una literatura que impacte sobre sus lectores como un cross a la mandíbula. En esa preocupación por impactar, Arlt trataba de representar, o de contar, una sociedad que se estaba desmoronando”.

Un diccionario en la calle

Para narrar ese desmoronamiento no le alcanzaba con las fórmulas heredadas del pasado ni la gramática normativa, sino que encuentra un algo más vivo, más elocuente: las voces de los argentinos. Arlt se hace eco de los murmullos de las calles: jetra, yuta, cana, jovie, bulín, bacán, chamuyar, berretín, chorro, gil. Pero también manyar, dolcefarniente, pickpocket, waiter. El escritor incorpora a la literatura sus propias y desordenadas lecturas, la lengua del inmigrante, del hampa y el habla cotidiana de una ciudad babélica. “Y cuando pensamos en un lenguaje expresivo, hay que pensar en los manuales de divulgación que aparecían en la literatura de quiosco: esa lengua de los manuales sobre inventos que a él le fascinaban, de galvanoplastia, de metalúrgica. Leía de todo; y esa lengua, que no estaba en la literatura argentina, Arlt la utiliza como modo de narrar en muchos momentos de sus novelas”, explica la especialista. Para Juárez, esa amalgama verbal es una de las marcas más potentes de su literatura. “A él le reprochan que escribe mal, pero lo que está haciendo es incorporar la lengua del encuentro ciudadano con esa Buenos Aires modernizada, en plena ebullición, donde los individuos ya no se conocían.”

Un cronista en la redacción

Mientras escribía sus novelas, Roberto Arlt cargaba con una obligación exigente que organizaba el ritmo de sus días: una columna cotidiana en el diario El Mundo. Escribir cada jornada sobre la pulsión de la calle era para él una labor ruda sostenida a pura “prepotencia de trabajo”. Sobre esta monumental labor periodística, Laura Juárez destaca esa condición indisoluble entre la prensa y la ficción: Arlt es escritor porque es periodista, sostiene.

Lejos de la torre de marfil, la redacción se convirtió en su verdadero laboratorio creativo. Sometido al ritmo febril y a la urgencia de la entrega, Arlt construyó un diálogo directo con su público. Respondía las cartas que llegaban al diario, discutía los reproches de los puristas sobre el uso del lunfardo. “Los lectores le mandan temas para la nota, y muchas veces los llama ‘colaboradores’. Hay una nota muy curiosa en la que dice que le faltan cinco renglones para terminar y pide al lector que hubiese mandado una idea más larga”, cuenta Laura divertida.

Biblioteca Roberto Alt

Frente al vacío de unas obras completas que nunca llegaron a constituirse de manera concreta para el caso de Arlt, Laura Juárez, junto con la investigadora del CONICET y doctora en letras Sylvia Saítta, asumieron una tarea titánica: coordinar la Biblioteca Roberto Arlt. Obra Completa, un proyecto editado por Eduvim que busca rescatar, sistematizar y poner al alcance de la mano la producción total del autor. Sobre la génesis de esta colección, Juárez explica que la iniciativa surgió a partir de una vacancia histórica en el campo cultural argentino: “Curiosamente, un escritor como Arlt no tenía sus obras completas, lo que se dice ‘completas’. Había avances parciales, libros que fueron puntos de partida importantes, aportes valiosos, por supuesto, pero también existían, existen, muchos textos dispersos, aislados, mucho sin relevar, ordenar ni integrar. Es decir, en ningún caso estas publicaciones eran exhaustivas, ni publicaban toda su obra reunida, como lo empezamos a hacer con Eduvim.”

El desafío no era menor. La obra periodística de Arlt se extendió por miles de crónicas -más de 1800 solo en el diario El Mundo- publicadas de manera casi diaria desde 1928 hasta 1942, muchas de las cuales circulaban únicamente de forma fragmentaria o en antologías y, por ello, muy recortadas. Sobre el arduo proceso de rescate de estos textos, Juárez detalla: “El proceso de armado de estos dos volúmenes, Arlt antes de Arlt en El Mundo y Aguafuertes porteñas (1928-1929), fue muy arduo; buena parte de lo recopilado, y sobre todo para el caso de las notas nunca editadas antes en libro, que ascienden a bastante más de un centenar, contábamos con originales dañados y con algunos de sus fragmentos muy poco legibles. Esto no nos permitió escanear los originales y fue preciso llevar adelante una tarea de transcripción de la mayoría de las notas y reposición cuidadosa de algunos párrafos y secuencias.” Lejos de tratarse de un frío rescate de archivo, la colección se plantea como una verdadera biblioteca viva que intercala novelas, cuentos, teatro y periodismo, devolviéndole al lector contemporáneo la posibilidad de recorrer el laboratorio literario de un autor que, como bien señala Juárez, sigue estando más vivo que nunca en nuestras letras.

Lo que el tiempo confirma

La consagración de Arlt no fue lineal. Hubo un momento fuerte con la revista Contorno y, más tarde, una discusión sobre su lugar en el canon. Hoy ese lugar parece firme. “La consagración de Arlt ya estaba”, sostiene Juárez. Las Aguafuertes porteñas siguen leyéndose en las aulas, en antologías parciales, y los nuevos tomos, según ella, “van a permitir leer aquello que lo parcial y lo sesgado no invitaba a leer”.

El juguete rabioso

Roberto Arlt

Editorial: Eduvim

Páginas: 238

Precio: $24.900

“Esa lengua, que no estaba en la literatura argentina, Arlt la utiliza como modo de narrar en muchos momentos de sus novelas”

Laura Juárez es Doctora en Letras, investigadora independiente del CONICET y docente en la UNLP
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