Vaya uno a saber que pedazo temporal era. No importa. Podríamos decir que adelante, muy adelante. La muerte es cosa del pasado. Ahora hay algo que se llama flotación: un estadío en la web donde las almas ¿viven? eternamente o esperan a que sus familiares terrenales le consigan un cuerpo para volver a respirar, oler, transpirar; aquello que se llama ser de carne y hueso.
Ese traspaso se llama quemar y es uno de los múltiples conceptos nuevos de este futuro distópico. Este mundo que sólo puede hallar terreno fértil en los mejores guiones literarios, abre un abanico de preguntas -además de nuevas formas de relacionarse y concepciones del cuerpo totalmente desconocidas- pero yo elijo: ¿para qué vivir si la muerte no existe?
Es el año 2012 y el platense Martín Felipe Castagnet creó un universo de tal magnitud -a lo Orwell o Huxley- en su primera novela, Los cuerpos del verano, que lo catapulta a la visibilidad literaria nacional e internacional. Tiene 26 años y casi una década y media después, en el estudio de EL DIA, dirá que lo logró porque escribió sin miedo: “Tenía esa arrogancia, esa valentía natural, esa candidez que te da la juventud en donde uno no piensa realmente las cosas”.
Luego se sucumbieron una serie de premios; de más libros -Los mantras modernos (2017), Unos ojos recién inaugurados (2023) y Minotauro (2023)-; de más trabajo como editor, traductor, guionista, docente en la carrera de Letras de la Universidad Nacional de La Plata (Unlp); de mucho más. Hoy, con cuarenta años recién cumplidos está a la espera de la filmación de aquella novela inicial. Mientras, escribe otras y asegura: “Siempre hay cosas por terminar que se cuelan en el espacio en la urgencia de cada día”.
“¿A QUIÉN QUIERO IMPRESIONAR?”
Castagnet, Doctor en Letras y profesor adjunto de Literatura Norteamericana en la Unlp, revela: “Cuando escribí Los cuerpos del verano, me había hecho un cartel en la heladera que decía ‘¿A quién quiero impresionar?’ Necesitaba algo explícito, consciente. Obviamente, en primer lugar aparece uno mismo. Luego, tiene algunas miradas seleccionadas y conviene ser precisos con esas personas”.
De esa pregunta, inevitablemente deviene en la idea de exigencia. ¿Cuándo efectivamente uno mismo se impresiona?
Castagnet, entonces, afirma que “uno sabe cuál es la vara” y explica: “Cuando uno lee en el texto de otro a veces piensa, no quiero caer en esa. Pero, tratando de cerrar un libro por ejemplo, sucede. Entonces está la tarea de buscar otra solución que lleva más trabajo y tiempo pero que me deje conforme”. Así, para el escritor, la clave -su clave- fue y es no publicar cualquier cosa. “Antes de mi primera novela había escrito dos. Y la que estoy trabajando ahora, es la quinta versión. Vos me preguntás cómo me doy cuenta si algo bueno o malo. A eso se llega con el oficia de la lectura”, analiza. El editor y traductor, que estudió en la Ciudad, sentencia: “La carrera de Letras te enseña a leer. Si uno aprende, sabe cuál es la vara; cuál es el criterio. Ojo, hay grandes autores que pudieron hacerlo. Pero lo lograron por experiencias traumáticas, únicas. A los demás, nos queda trabajar”.
“AGUA PARA MI MOLINO”
Otra vez la enumeración: editor, traductor, guionista, docente, investigador. A ello hay que agregarle padre. Podría no encontrar tiempo para la mera escritura de ideas pero sucede, en su vida, lo contrario. “Me presento como escritor. Y para ello, lo primero que hay que tener es la voluntad, ese deseo de escribir que te consume. Luego, mentalizarse como tal, ayuda para que cuando uno tiene otros trabajos -que necesita tenerlos-, pueden ser agua para tu molino. Quiero decir que mis otros trabajos me ayudan a ser mejor escritor”, asegura.
Un ejemplo: “Traducir es transmitir la idea de otro autor. ¿Uso bien los adverbios? ¿Los adjetivos? Todo termina confluyendo en ser un mejor escritor”.
EL ARRAIGO
Nació en La Plata el día inaugural del Mundial de 1986 pero fue a los 4 años cuando se mudó a City Bell, paraje que por entonces no era el polo comercial actual pero que sí prometía serlo. En esa localidad de la periferia platense, Castagnet atravesó su paso por la escuela y asevera: “Fueron cruciales los años de formación. Especialmente, mi profesor de literatura, Enrique Lonné”, (quien fue declarado ciudadano ilustre en 2006 por su extensa trayectoria como educador y su aporte literario a la Ciudad).
Sobre la localidad, reflexiona: “City Bell te da la posibilidad de estar bajo un manto de árboles, de ver un cielo estrellado, de caminar por la noche. Fue un privilegio”.
“Para ser escritor, lo primero que hay que tener es esa voluntad, ese deseo de escribir que te consume”
EL BUEN CAMINO
Su materia en Letras muchas veces es cursada por estudiantes de primer año. “Me gusta ver el aluvión de jóvenes, hablar con ello, ver la concepción que tienen sobre la literatura”, dice Castagnet y añade: “Muchas cosas cambiaron pero otras permanecen. Entre ellas, la voracidad por la lectura. Quizás cambió la forma pero es mentira que se lee menos. En Argentina hay un claro amor por la literatura”.
No obstante, ante la pregunta típica de este cronista sobre “¿Qué le dirías a un otro...?”, el platense resuelve: ”Les diría que sean sinceros con ellos mismos y que la trasmitan, obvio que dentro del mecanismo de la ficción. Así, que cuando uno se lea, sienta que se esta exponiendo. Si uno siente que está expuesto, que se esta metiendo en problemas, está por buen camino”.
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