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Empieza otro Mundial y se expande el imperio del fútbol

Lo verán por TV unos 6 mil millones de espectadores. La pasión del hincha no tiene fronteras. La FIFA tiene más naciones asociadas que los países reconocidos por la ONU

La final del mundial se jugará en El MetLife Stadium / web

Por Por MARCELO ORTALE

marhila2003@yahoo.com.ar

La pasión colectiva por el fútbol, como ocurre cada cuatro años, llegó otra vez a su Meca: el Mundial 2026. La entidad que rige este deporte, la FIFA, acaba de informar que el campeonato que se inicia tendrá por TV una audiencia global superior a los 6.000 millones de espectadores. Mil millones más de fieles que los que congregaron ante las pantallas en Qatar 2022.

Si se considera que la Tierra tiene en la actualidad poco más de 8 mil millones de habitantes, debieran quedar pocas dudas acerca del inmenso poder de este deporte.

En realidad, el fútbol dejó de ser un poder en crecimiento y es un imperio. Sin ejército ni armas, es el imperio más extendido jamás habido, ya que tiene vigencia plena en los seis continentes. El Mundial 2026 se convertirá en el espectáculo más visto en la historia de la televisión mundial.

Hace meses que su repercusión alcanza a miles de radios y de redes digitales, así como a una multitud de medios gráficos, ocupándose de su cobertura. Las vidrieras de los comercios de La Plata se vistieron de celeste y blanco, las figuritas van y vienen, los motores del Mundial ya están encendidos.

La pasión volverá a estar al rojo vivo y el panorama, con toda seguridad, debe verse replicado en las más de 4 millones de localidades y ciudades que existen en el mundo. Las imágenes de Messi, Ronaldo o Mbappé volverán a ser veneradas.

CORRUPCIÓN

Está claro también, y lo sabe todo el planeta, que el imparable crecimiento del fútbol como negocio y show en las últimas décadas se vio aderezado por escándalos como el Fifagate, un caso de corrupción que involucró a los más altos dirigentes del fútbol a nivel mundial, investigado en 2015 por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, el FBI y fiscales que lograron revelar la complicidad de directivos y de empresarios de marketing deportivo en sumas millonarias en dólares.

Una oleada de renuncias en la FIFA salvó a la entidad de una sanción que pudo ser más drástica, que hizo tambalear a las estructuras mayores de la FIFA y que, sin embargo, no mermó el interés por el fútbol en ningún país.

Si hubiera que añadir algún ingrediente a estas cuestiones extradeportivas, no puede menos que aludirse al creciente disgusto de no pocos habitantes de Zurich por encontrarse en esa ciudad de Suiza el enclave principal de la FIFA. Este malestar no es reciente, viene por lo menos desde la década del 80. Los habitantes de Zurich ven con malos ojos las tramas de corrupción que suelen tejerse cerca de sus casas.

También las denuncias sobre sobornos a tirios y troyanos, sobre lavado de dinero, desvíos de fondos, subsidios en negro, compras de votos, resultados amañados y relacionados con las apuestas, acusaciones sobre voluminosas evasiones impositivas y otras trampas se presentaron en las entidades futbolísticas nacionales de Argentina —en donde numerosas causas judiciales están abiertas contra las actuales autoridades de la AFA—, en Italia, Brasil, España, Ecuador y otros países. Así también hay imputaciones que golpean a federaciones regionales, como la Conmebol, por presuntas irregularidades financieras, operaciones en paraísos fiscales, lavado de activos y otras.

Por conocidas que sean estas referencias, los aficionados siguen adheridos a la gran pasión que causa este deporte. El hincha sin condiciones —tal como lo interpretó Enrique Santos Discépolo en una película argentina— solo quiere defender los colores de su club, sin importarle lo demás. Es un amor sin necesidad de preguntas.

Tendrá una audiencia superior a los 6.000 millones de espectadores

Mientras tanto, la filantropía de la FIFA excede ya todos los ejemplos de afecto por la humanidad. Ocurre que en sus padrones ella cuenta con 211 asociaciones nacionales reconocidas como miembros activos, en tanto que la Organización de las Naciones Unidas tiene como inscriptos a 193 estados soberanos. Hay más fútbol que países.

LOS ESCRITORES

Son numerosos los escritores célebres en el mundo que, en general, apuntaron a destacar las cualidades que convierten al fútbol en el deporte más popular.

Pero no faltan intelectuales de renombre que cuestionaron al fútbol, entre ellos, para no ir lejos, nuestro Borges. Vaya esta muestra: “Yo no entiendo cómo se hizo tan popular el fútbol. Un deporte innoble, agresivo, desagradable y meramente comercial”.

Cultor de Shakespeare y de tantos escritores británicos, Borges embistió en otra oportunidad contra Inglaterra: “¡Qué raro que nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol! El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra…”.

Pero no le faltan al fútbol elogios vertidos por intelectuales que hablan maravillas. En este sentido corresponde valorar la iniciativa de la publicación “Fútbol Club de Lectura” que, para colocar la polémica en sus justos términos, decidió hacer dos seleccionados de fútbol, uno con los intelectuales antifutboleros y otro con los fanáticos del fútbol.

El seleccionado de los once contras coloca a Borges en el arco, con una línea de fondo integrada por Savater, Paniker, Sánchez Dragó y Jodorowsky. El medio campo lo integran Marías, Eco y Cabrera Infante, mientras que los tres delanteros serían Oscar Wilde, Sebreli y Orwell.

En cuanto al team de los futboleros, también estructurado en un 4-3-3, formaría con Cela en el arco; la línea de fondo con Priestley, García Márquez, Panzeri y Piglia; el medio campo con Rivas, Cruz y Roncagliolo; y adelante Segurola, Almudena Grandes y Laura Restrepo. El elenco es vanguardista, ya que lo integran dos mujeres.

Y acá van algunas frases entreveradas, ataques y contraataques: “El intelectual debe interesarse en todo lo que está vivo, y el fútbol lo está” (Camilo José Cela). “Yo no odio al fútbol, yo odio a los apasionados del fútbol. El aficionado tiene una extraña característica: no entiende por qué tú no eres aficionado e insiste en hablar contigo como si lo fueras” (Umberto Eco). “Ese juego nefasto incita a la violencia porque es violento en sí mismo: se juega con los pies, y pocos movimientos hay tan feroces como el que supone dar una patada” (Guillermo Cabrera Infante).

En realidad, el fútbol dejó de ser un poder en crecimiento y es un imperio

El escritor mexicano Juan Villoro tiene una admirable colección de frases sobre el fútbol. Y hay una reciente, que toca de cerca a los argentinos: “Lionel Messi ha llevado el fútbol a un nivel que suspende el juicio. Absortos ante sus jugadas, los árbitros son como nosotros: mudos testigos de la gloria”.

El austríaco Peter Handke, ganador del Nobel de Literatura en 2019, tiene un estudio formidable titulado El miedo del arquero ante el penal. En cambio, un futbolista, Michel Platini (después de su retiro se vio involucrado en el Fifagate), habló sobre la escritora Marguerite Duras, que lo entrevistó cuando era un crack en las canchas: “Una hora con Marguerite Duras fue para mí más difícil que cualquier partido de mi carrera. Había incluso preguntas que no alcanzaba a comprender. Hablaba sin cesar del angelismo, había inventado una palabra, el hombre-ángel (l’angélhomme), para referirse a los futbolistas”.

Empezará un nuevo Mundial. Terminará en un mes. Y el fútbol seguirá andando, cruzando fronteras y conquistando espacios, con más agilidad que los ejércitos de Napoleón y de Alejandro Magno.

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