Como protagonistas de una épica, los gauchos bonaerenses necesitaban de una novela que les diera una más amplia categoría lírica, después de que Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi, Estanislao del Campo y José Hernández, a lo largo del siglo XIX, hubieran consagrado sobre ellos una colección poética de cielitos, historias y coplas inolvidables. Sobre todo, ese mayor monumento que es el Martín Fierro.
Y apareció por fin el autor talentoso de una obra de ficción nacional, que le diera remate a la poesía gauchesca. Y ese fue Ricardo Güiraldes (1886-1927) que compuso su maravillosa novela Don Segundo Sombra. Con su prosa estilizada logró rescatar la idiosincrasia de la gente de campo, en aquella nueva Argentina de inicios del siglo pasado.
No se conoce el número exacto de ediciones nacionales, desde la versión original de 1926 a cargo de la Editorial Proa. Se sabe que son incontables y que hubieron múltiples reimpresiones desde entonces. La novela fue traducida, entre otros, a los idiomas italiano, inglés, francés, alemán, checo, ruso, japonés, ucraniano, tagalo y portugués.
Su popularidad se consolidó cuando el cineasta Manuel Antin filmó en 1969 la película Don Segundo Sombra y obtuvo el Cóndor de Plata en nuestro país en 1970 y la Palma de Oro en el festival de Cannes. El reparto contó con el protagonismo central, como Don Segundo, de Adolfo Güiraldes, sobrino de Ricardo, con la participación de Héctor Alterio, Alejandra Boero, Juan Carlos Gené, Luis Medina Castro, Soledad Silveyra, Lito Cruz, Osvaldo Bonet y Enrique Pinti, entre otros.
La dedicatoria escrita por Güiraldes, que precede al poema, pinta de cuerpo entero la estatura moral y hasta define la finalidad literaria de su obra: “A usted, Don Segundo. A la memoria de los finados Don Rufino Galván, Don Nicasio Cano y Don José Hernández. A mis amigos domadores y reseros: Don Víctor Taboada, Ramón Cisneros, Pedro Brandán, Ciríaco Díaz, Dolores Juárez, Pedro Falcón, Gregorio López, Esteban Pereyra, Pablo Ojeda, Victorino Nogueira y Mariano Ortega. A los paisanos de mis pagos. A los que no conozco y están en el alma de este libro. Al gaucho que llevo en mí, sacramente, como la custodia lleva la hostia”.
La novela cuenta la historia de Fabio Cáceres, un muchacho que huye de su casa familiar en San Antonio de Areco. El chico empieza a trabajar en un campo, guiado por un resero llamado Segundo Sombra, que lo apadrina naturalmente, que le enseña las tareas rurales y lo acompañan en sus aventuras cotidianas, arreos de largo aliento, en idas a la pulpería, en riñas de gallo o apuestas en carreras de caballo. El viejo lo aconseja bien en todas las instancias.
Hasta que el joven se entera que ha heredado un campo que le dejó su casi desconocido padre y entonces le pide a don Segundo que lo acompañe y asesore para hacerse cargo. Sombra se queda y lo acompaña unos tres años, pero un día le dice que ya está, que debe irse. Y los dos van juntos una distancia en sus caballos, hasta que se inicia la partida definitiva de Don Segundo, en una despedida que el relato de Güiraldes transforma en conmovedora.
El joven mira a Sombra cuando va al paso hacia el horizonte y así, detenido sobre su caballo, Fabio se queda mirando la silueta de Sombra que desaparece por un bajo y luego reaparece en una lomada. Los ojos de Fabio se empañan: “Lo vi alejarse al tranco. Mis ojos se dormían en lo familiar de sus actitudes. Un rato ignoré si veía o evocaba. Sabía cómo levantaría el rebenque, abriendo un poco la mano, y cómo echaría el cuerpo, iniciando el envión del galope. Así fue. El trote de transición le sacudió el cuerpo como una alegría.
“… Se fue reduciendo como si lo cortaran de abajo en repetidos tajos. Sobre el punto negro del chambergo, mis ojos se aferraron con afán de hacer perdurar aquel rezago. Inútil, algo nublaba mi vista, tal vez el esfuerzo, y una luz llena de pequeñas vibraciones se extendió sobre la llanura. No sé qué extraña sugestión me proponía la presencia ilimitada de un alma.
“Sombra”, me repetí. Después pensé casi violentamente en mi padre adoptivo. ¿Rezar? ¿Dejar sencillamente fluir mi tristeza? No sé cuántas cosas se amontonaron en mi soledad. Pero eran cosas que un hombre jamás se confiesa.
“Centrando mi voluntad en la ejecución de los pequeños hechos, di vuelta a mi caballo y, lentamente, me fui para las casas.
“Me fui, como quien se desangra”.
VISITA A ARECO
En este contexto, la Academia Argentina de Letras (AAL) formó estos días un contingente de 35 personas –académicos, escritores, entre ellos el decano de los autores, el ensayista Antonio Requeni (96) y periodistas- y el miércoles pasado viajaron desde la sede ubicada en la porteña calle Sánchez de Bustamante hasta San Antonio de Areco, al campo La Blanqueada de los Güiraldes, al entorno natural tan bello del Río Areco, y al Museo de la Ciudad, para homenajear la obra que Ricardo escribió en 1926.
De paso, debe decirse que en 1926 acompañaron a la publicación de Don Segundo Sobra otras dos grandes obras literarias de la Argentina: Los desterrados de Horacio Quiroga y El juguete rabioso de Roberto Arlt. Y que siendo los tres autores totalmente diferentes entre ellos, conservaron siempre un respeto y afecto profundos. Es más, el que pulió el estilo literario de Arlt, el que lo ayudó a editar su Juguete rabioso, fue Güiraldes.
El presidente de la Academia, el escritor platense Rafael Oteriño, habló en el acto y agradeció la invitación a esa entidad a “realizar en forma conjunta un homenaje a Ricardo Güiraldes y a su canónica novela Don Segunda Sombra en los ámbitos naturales –hoy ya míticos- de sus recorridos. Y felicito a ustedes, autoridades y vecinos, por ser custodios de esta memoria que es parte entrañable de la identidad argentina. Güiraldes y San Antonio de Areco son referencias literarias no solo para los que somos bonaerenses y sabemos de la pampa ilimitada y sus costumbres, sino para el país entero que distingue en este escritor de salón pero de sentimientos criollos a una de las figuras más queridas de nuestra literatura”.
El intendente de Areco, el rector de la Universidad de ese pago, la sobrina nieta de Segundo Sombra –el personaje central de la novela que en vida real existió, fue peón en la estancia de los Güiraldes y se llamó Segundo Ramírez- los descendientes de Ricardo Güiraldes y muchos criollos y criollas del lugar, naturalmente muchos de ellos vestidos con indumentaria gaucha, asistieron y dejaron en claro que el escritor y el protagonista siguen siendo mitos vivientes en una ciudad que no deja de rendirles homenaje desde siempre.
También habló el académico Javier González, escritor, profesor y especialista en filología, historia de la lengua española y literatura y, doctor en letras y miembro de la Academia, que ofreció una conferencia magistral sobre Don Segundo Sombra.
Segundo Ramírez (1852-1936), el que sirvió de inspiración para el personaje principal, acaso el último de los gauchos literaturizados, se encuentra enterrado en el cementerio de San Antonio de Areco, a pocos metros de la tumba de Ricardo Güiraldes. Los vecinos, y los incontables turistas descubren conmovidos que la cercanía de ambos se mantiene.
Sí, están las tumbas cercanas y hermanadas de Güiraldes y de su esposa, Adelina del Carril. El epitafio inscripto sobre la del escritor dice lo siguiente: “Yace aquí Ricardo Güiraldes, crucificado de calma sobre su tierra de siempre”.
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