El avance de la tecnología no solo transforma las herramientas que utilizan las personas, sino que podría estar modificando al propio ser humano. Esa es la inquietud que atraviesa Lo que se desvanece. Arqueología de un presente inestable, el nuevo libro del economista y ensayista Alberto Ades, publicado por Sudamericana.
A lo largo de 176 páginas, Ades analiza cómo la revolución tecnológica interviene sobre dimensiones centrales de la vida cotidiana: la infancia, el amor, el trabajo, la memoria, el pensamiento y la manera de relacionarse con los demás. Su pregunta de fondo es si estos cambios pueden estar provocando una verdadera “mutación antropológica”.
El autor parte de la conocida formulación de José Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia”, para preguntarse qué ocurre cuando esa circunstancia cambia a una velocidad inédita. La tecnología, sostiene, no solamente facilita determinadas tareas: también puede hacer desaparecer capacidades que antes resultaban necesarias.
El ensayo pone el foco en pérdidas pequeñas y muchas veces imperceptibles. Saber contar un chiste, orientarse sin GPS, escribir a mano, aburrirse durante una tarde, permanecer en silencio o disponer de tiempo sin estímulos son prácticas que Ades utiliza para observar transformaciones sociales mucho más profundas.
Uno de los terrenos donde identifica esos cambios es la infancia. El autor contrapone las experiencias de generaciones que jugaban en la calle, se alejaban de sus casas y resolvían pequeños problemas por sí mismas con una niñez cada vez más supervisada, protegida y atravesada por pantallas.
La hipótesis es que aquellas situaciones también enseñaban a convivir con el riesgo, la frustración y la incertidumbre. Al reducirse esas experiencias, plantea Ades, también podrían modificarse algunas de las habilidades con las que posteriormente las personas enfrentan los problemas de la vida adulta.
Algo similar ocurre con la escritura. Frente al retroceso de la cursiva y el crecimiento de teclados, pantallas y herramientas digitales, el libro se pregunta si escribir más rápido necesariamente significa pensar mejor. La lentitud, la concentración y el silencio aparecen así como capacidades que también podrían estar perdiendo terreno.
El mundo laboral constituye otro de los ejes centrales. Ades recuerda que durante décadas existió una separación física relativamente clara entre trabajar y dejar de trabajar: al abandonar una oficina, gran parte de las obligaciones quedaban allí hasta la jornada siguiente.
El teléfono celular modificó esa frontera. Correos electrónicos, mensajes y notificaciones permiten que una tarea laboral aparezca durante una cena, un domingo o las vacaciones. Más que un simple aumento de las horas trabajadas, el cambio estaría en la dificultad creciente para determinar cuándo termina efectivamente el trabajo.
El ensayo también aborda la economía de plataformas y modelos como Uber, Rappi o Fiverr. Allí analiza la convivencia entre la promesa de autonomía y flexibilidad y sistemas algorítmicos capaces de administrar incentivos, reputaciones, tiempos y disponibilidad, dentro de una transformación más amplia de las relaciones laborales.
Ades evita presentar a la tecnología como un fenómeno exclusivamente negativo. Su planteo apunta hacia otra cuestión: discutir la creencia de que cada innovación representa automáticamente un progreso humano. Una herramienta puede ofrecer beneficios importantes y, simultáneamente, hacer desaparecer hábitos, conocimientos o formas de vincularse.
Nacido en Buenos Aires, abogado por la UBA y doctor en Economía por Harvard, Ades desarrolló buena parte de su carrera en el mundo financiero internacional. Desde esa experiencia, Lo que se desvanece propone observar el presente como si ya fuera una excavación arqueológica: identificar ahora qué estamos dejando atrás antes de que el avance tecnológico vuelva esas pérdidas tan cotidianas que ya resulte difícil advertirlas.
Editorial: Sudamericana
Páginas: 176
Precio: $35.499
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