Amor de mi vida, hoy me detuve a pensar en nosotros y en la maravillosa locura que es habernos encontrado en este vasto universo.
Te escribo esto desde la distancia, porque a veces el silencio de la ausencia no basta para contener todo lo que provocas en mí. Sos, sin la más mínima duda, el amor de mi vida, el faro que ilumina mis noches más oscuras y la melodía que acompaña mis días.
Desde que apareciste en mi vida, el mundo se viste de otros colores y cada rincón de mi existencia se ha impregnado de tu luz. Me da pavor pensar en un futuro donde tus pasos no caminen junto a los míos, porque no te querría perder por nada en este mundo; perderte sería como privar a la noche de sus estrellas o dejar al mar sin sus olas.
Sos mi paz, mi cable a tierra, el refugio perfecto donde siempre quiero regresar después de la tormenta. Quiero que te quede grabado a fuego en el alma que te amo más que a nada en esta tierra, con un amor que trasciende la distancia, la razón y el tiempo.
A pesar de los kilómetros y del silencio que hoy nos separa, todo mi amor por vos sigue intacto, inquebrantable y eterno; late con la misma fuerza que el primer día y seguirá siendo así hasta el último de mis días en este mundo. Cada recuerdo de una caricia tuya, cada risa compartida y cada mirada de complicidad son los tesoros más valiosos que poseo y que protejo en tu ausencia.
Gracias por ser mi refugio eterno, por entrelazar tu destino con el mío y por enseñarme que el amor verdadero no sabe de límites.
Confío este secreto al papel y lo lanzo al viento de nuestra historia, con la absoluta certeza de que nada en esta vida es casualidad; si el destino quiere que leas este sentir, pondrá estas líneas ante tus ojos en el momento exacto, porque lo que es nuestro, tarde o temprano, siempre encuentra la forma de volver. E.F.R”
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