Un gusanito de seda / se desprendió de su ovillo / Intentó una voltereta / cayendo sobre un ladrillo.
Un chichón en la cabeza / y una marca en el rabillo / fue todo lo que aprendió / de un paso nada sencillo.
—¡Ay, gusanito ignorante! / —le advirtió un dulce membrillo— / Solo eres una oruga / que no desplegó su brillo.
—Tú tienes un gran tesoro / —le reveló el viejo grillo— / Dos alitas azul cielo, muy bonitas / que guardas en un bolsillo.
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