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“Juan”: el malestar de una generación sin brújula

La ópera prima de Felipe Gaziglia retrata la deriva existencial de un joven galerista porteño atrapado entre la sobreabundancia de estímulos y la dificultad de encontrar un norte propio. Una novela generacional sobre el malestar de tenerlo todo y no saber qué hacer con eso

La obra de Felipe Gaziglia narra la historia de un joven galerista / Web

“Juan”, la primera novela de Felipe Gaziglia, busca capturar el ruido de fondo de una época, esa sensación difusa de estar en todas partes y en ninguna al mismo tiempo. Se inscribe en esa tradición de ficciones que eligen la incomodidad cotidiana como materia prima literaria. La novela es breve, de tono introspectivo, que retrata con precisión el estado de desorientación que define a buena parte de la generación millennial urbana.

Gaziglia nació en Buenos Aires en 1992 y proviene del mundo de las artes visuales. Trabajó en una galería de arte y se formó en contacto con pintores y con otras disciplinas artísticas, experiencias que impregnan la construcción del universo ficcional aunque la novela diste de ser autobiográfica. “Juan” es su debut en la narrativa y fue publicada por Dunken, sello editorial argentino especializado en la publicación de primeras obras y autores emergentes, que desde hace décadas oficia de puerta de entrada para nuevas voces.

El protagonista que da título a la novela es un joven galerista de treinta años y sin urgencias materiales

El protagonista que da título a la novela es un joven galerista en sus treinta. Tiene trabajo estable, remuneración adecuada y una vida sin urgencias materiales inmediatas. Y, sin embargo, no sabe bien qué quiere ni hacia dónde va. Esa paradoja es el punto de partida y también el núcleo del libro: la crisis no como catástrofe visible sino como estado permanente, como condición de época. No se trata de la crisis económica ni de la vocacional en términos clásicos, sino de algo más abarcador y más difuso: la sobreabundancia de estímulos, la proliferación de opciones, la dificultad para sostener la atención y el deseo en un mundo donde todo compite con todo.

El autor elige para esto una narración en primera persona que habilita el acceso directo a la corriente de pensamiento del protagonista. Las ideas aparecen en estado bruto: Juan salta del presente a recuerdos fragmentarios, a deseos vagos, a pensamientos intrusivos que irrumpen sin aviso. Esta estrategia narrativa, que Gaziglia defiende como la más funcional para su propósito, produce un efecto de inmediatez que es uno de los logros más notorios del texto. No interesa tanto lo que sucede sino cómo es percibido por quien lo vive y esa distinción le da a la novela su particular textura.

Gaziglia nació en Buenos Aires en 1992 y proviene del mundo de las artes visuales

Uno de los temas que recorre el libro de manera transversal es la conciencia de clase. Juan sabe de dónde viene y ese origen lo condiciona de maneras que él mismo no termina de procesar. Gaziglia señala que su protagonista quiere ampliar sus horizontes pero permanece enraizado en su procedencia y esa tensión entre el deseo de apertura y el peso del entorno conocido funciona como uno de los motores dramáticos más interesantes de la trama. No hay aquí una crítica social de trazo grueso, sino la observación cuidadosa de cómo la pertenencia social moldea la percepción y los límites de lo posible.

La amistad, el amor, la vocación y los excesos aparecen como los ejes temáticos declarados de la novela y Gaziglia los trabaja desde una perspectiva generacional explícita. Para él, los paradigmas de cada generación son siempre los mismos; lo que cambia es el contexto en que se los experimenta. Los millennials, sostiene, vivieron el traspaso a la era digital en carne propia, con todo lo que eso implica en términos de transformación de los vínculos, del trabajo y de la identidad. Esa transición es el trasfondo histórico y cultural sobre el que se recorta la figura de Juan.

Al terminar la novela, Juan sigue sin tener del todo claro su norte. Gaziglia no resuelve lo que la realidad tampoco resuelve. Lo que sí queda es una voz narrativa que sabe cuándo callarse y cuándo dejar correr el pensamiento y una mirada sobre el presente que viene del arte visual y se nota: más atenta a lo que se percibe que a lo que se argumenta.

JUAN
FELIPE GAZIGLIA
Editorial: Dunken
Páginas: 328
Precio: $25.000/div>
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