No solo Beethoven tuvo su “amada inmortal”, aquella mujer misteriosa que nunca fue identificada y que, según dicen, correspondió al amor del músico.
Ocurre que fueron muchos los escritores y músicos que tuvieron “amadas inmortales” —y varias mujeres autoras a sus “amados inmortales”, como lo fue el novelista Henry Miller para la escritora Anaïs Nin.
Y entre ellos se encuentran los también románticos poetas y músicos del tango. El ejemplo más fascinante se encuentra en el tango Caminito, cuya letra fue compuesta en 1903 por el puntano Gabino Coria Peñaloza, y editado recién con música de Juan de Dios Filiberto en 1926, es decir que cumple ahora cien años.
Allí está la misteriosa “amada inmortal” del autor, cuyo nombre lo conocen sus descendientes, que admiten la relación pero que preservan su identidad.
Ocurre que el mes pasado se presentó en un salón del Senado nacional el libro de Roberto Rojo, titulado Gabino Coria Peñaloza y el tango Caminito. Historia(s) de amor (CYMG Gráfica Editora, 2026) y que, como dijo su autor al ser entrevistado por este diario, “está recién salido del horno”. A tal punto que los ejemplares aún no llegaron a las librerías platenses.
Marcos Vidable, editor de la colección que incluye al libro de Rojo, calificó al libro como “la historia de un poema transformado en un tango indeleble” que es “también la pintura de los lugares que recorrió su autor, de La Rioja a Buenos Aires, pasando por San Luis, donde Gabino escribió los versos que Roberto Rojo examinó con la lupa de un detective”.
“La canción de amor que cantó Gardel —agregó— que inspiró novelas como Una sombra ya pronto serás de Osvaldo Soriano, y que terminó confundiéndose con un rincón glorioso de La Boca contiene múltiples aristas. Al mismo tiempo que Rosario Vera Peñaloza, Coria Peñaloza construye su carrera de poeta y compositor en las calles porteñas sin dejar de mirar al interior, al del país y al propio. Ambos, se sabe, heredan el apellido Peñaloza de sus madres vinculadas con la familia de Ángel Vicente Peñaloza. El libro de Rojo reconstruye un capítulo significativo del siglo XX y, a la vez, es una grata compañía para volver a transitar los paisajes de Olta, en donde empezó todo”.
En Olta empezó el romance del joven Coria Peñaloza con una casi adolescente, cuyo nombre muchos conocen pero que los riojanos preservan con celo. El “caminito” no alude a la famosa calle boquense, sino a un sendero montañoso en donde el Romeo tanguero y su Julieta se encontraban y se amaron. Pero los padres de ella se negaron y la obligarían después a casarse con un gerente de banco. Claro que ella había quedado embarazada del poeta y el bebé sería reconocido por su padre legal.
Ella desapareció de la vida de Coria Peñaloza, que escribió la famosa letra cuya literalidad cobra otros significados: “Caminito que el tiempo ha borrado / Que juntos un día nos viste pasar / He venido por última vez / He venido a contarte mi mal // Caminito que entonces estabas / Bordeado de trébol y juncos en flor / Una sombra ya pronto serás / Una sombra lo mismo que yo // Desde que se fue / Triste vivo yo / Caminito, amigo / Yo también me voy…”
Esta historia de amor clandestino entre un poeta y una muchacha que fue y es para siempre su amada inmortal se convirtió —después de La Cumparsita y El Choclo— en el tercer tango más popular y más difundido en todo el mundo.
ROBERTO ROJO
Nutrido como buen intelectual del interior por un fuerte sustento académico, por el paisaje y la tradición fidedigna de su gente, Rojo —que acaba de investigar esta historia— nació y vive en la capital de La Rioja, es profesor de Historia y Educación Cívica, licenciado en la Universidad Nacional de Catamarca, con más de 20 libros publicados.
Para Rojo, Borges es de sus autores favoritos, pero da otras referencias poco frecuentes
Entre esas obras se encuentran una historia del periodismo riojano; un estudio sobre el ocaso del federalismo; una biografía sobre monseñor Angelelli (que lleva seis ediciones) y otro en elaboración sobre Carlos Menem; un ensayo titulado “Divino Joaquín” que refleja la vida del su coterráneo Joaquín V. González, y un estudio sobre la invención del libro, entre otras.
El libro sobre Joaquín V. González también es reciente y fue presentado en la última Feria del Libro en la capital federal. “Fui varias veces a La Plata por Joaquín…”, reseña. Aquí se documentó y habló sobre el creador de nuestra universidad nacional.
“Quiero destacar que el origen de este libro es una propuesta de Julio Martínez, un dirigente radical riojano, de Chilecito, que viene trabajando mucho en el tema de la divulgación y la memoria del tango, así como de la persona y obra de Gabino Coria Peñaloza”, señaló Rojo.
Sobre el romance de Coria Peñaloza con esa enigmática muchacha, ¿existen pruebas objetivas? Acá impera una derramada discreción. “El tema, desde luego, es conocido por su entorno familiar y creo que aceptado. Se admite también que ella fue retirada de esta zona por sus padres y que luego se casó con el gerente de un banco. Les corresponde a los descendientes la alternativa o no de reconocerlo en forma pública”.
Rojo dice que uno de sus autores preferidos es Borges, pero abre referencias no demasiado frecuentes acerca de la literatura que más admira. Al ser consultado sobre su perfil intelectual indicó que es “un gran lector de la literatura brasileña. La leo en portugués, por supuesto. Entré de la mano de Vinicius de Moraes y después, bueno, casi todo salvo los contemporáneos: desde Manuel Bandeira, Clarice Lispector, Rubem Fonseca y Rubén Braga, entre otros. Creo que no vamos a estar completos en la Argentina hasta que no incorporemos y hagamos nuestra a la gran literatura brasileña”.
OTROS CASOS
Mujeres reales o legendarias que inspiraron letras inolvidables del cancionero nacional, las hubo y de las buenas. Nelly Omar, bien llamada “la Gardel con polleras” por la calidad de su voz, vivió un silencioso y extenso romance con Homero Manzi.
El libro parece una “historia de un poema transformado en tango indeleble”
“Yo soy Malena”, alcanzó a decir Nelly Omar, en alusión a la que cantaba el tango como ninguna, que compuso ese enorme poeta que fue Manzi. Poco antes de morir a los 102 años, Omar se animó a esa confesión. Pero mejor no hablar de ello, expresaban en aquellos años en los que no había ley de divorcio en la Argentina.
Puede hablarse también del romance furtivo y turbulento entre la cantante Ada Falcón y el compositor y director de orquesta Francisco Canaro. La artista tenía unos ojos verdes que encandilaban y un enamorado Canaro —que era casado— le compuso el famoso vals cuya letra dice “yo no sé qué me han hecho tus ojos”.
El romance duró unos diez años, pero Canaro no se divorció. La esposa de Canaro, de carácter fuerte, ganó la batalla y la Falcón, la amada inmortal de Canaro, abandonó la batalla, pero se llevó el botín de estos versos inolvidables: “Yo no sé si es cariño el que siento / yo no sé si será una pasión / Sólo sé que al no verte una pena / va rondando por mi corazón. / Yo no sé qué me han hecho tus ojos / que al mirarme me matan de amor / yo no sé qué me han hecho tus labios / que al besar los míos se olvida el dolor”.
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