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La revolución invisible: descubriendo la tradición oculta de las mujeres en la filosofía

Del proletariado a la identidad de género: Mariana Dimópulos explora la formación del sujeto político a través de la vida y obra de figuras fundamentales del pensamiento contemporáneo

Mariana Dimópulos / Web

florenzo@eldia.com

Pensado para difusión pero sin perder ni por un instante la profundidad, “El siglo de Hannah Arendt”, el nuevo ensayo de Mariana Dimópulos, es una entrada indispensable a estas mujeres del canon filosófico. “Es un libro sobre el pasado, pero cuya voluntad está realmente en armar una tradición para el futuro. Para discutir lo que viene”, le cuenta a EL DÍA. Reúne a siete pensadoras del siglo XX —Rosa Luxemburgo, Simone Weil, Simone de Beauvoir, Hannah Arendt, Iris Murdoch, Ágnes Heller y Judith Butler— y argumenta que entre ellas existe un hilo conductor sólido, preciso, capaz de contar la historia del pensamiento político moderno de un modo que los autores masculinos no pudieron hacer solos. No porque las mujeres piensen distinto, sino porque estas mujeres pensaron sobre algo que nadie más pensó con la misma urgencia: la transformación del sujeto político a lo largo del siglo.

Dimópulos es Doctora en Filosofía y actualmente vive en Berlín; es traductora, docente y escritora. Escribió novelas y ensayos, y durante años dirigió la colección de la Escuela de Frankfurt en la editorial Eterna Cadencia, donde tradujo a Benjamin y a Adorno; y a Heidegger, para Waldhunter. Además, creó “Decir el mundo: una introducción a la filosofía del lenguaje”, un título de la colección Cuadernos publicado por Malba Literatura. Habla de la filosofía con la soltura de quien la ha habitado desde adentro y con la franqueza de quien sabe que los textos tienen historia, recepción, malentendidos y usos políticos. Todo eso está en este libro que no sólo atrapa sino que educa y desafía.

UNA TESIS QUE EMPIEZA ANTES DEL LIBRO

La propuesta nace de una “comparación silenciosa” con la literatura, en la que el canon de mujeres está consolidado desde mucho antes —pues como señala la autora, “no empezó con Virginia Woolf, o con Jane Austen”. Dimópulos explica que en la filosofía el punto de partida debe ser el siglo XX, dado que se trata de un “saber y una práctica técnica” que históricamente exigió el paso por la universidad. Fue solo a comienzos de ese siglo cuando se produjo la “doble adquisición” necesaria: el acceso masivo a la “educación formal en la técnica del pensamiento” y la obtención de “derechos políticos”, lo que permitió que las mujeres finalmente se apropiaran de la “prerrogativa masculina sobre el pensamiento abstracto” para teorizar sobre la vida en comunidad.

Esa tesis, que abre el libro, se vuelve carne a lo largo de los capítulos biográficos y filosóficos que le siguen. Cada uno puede leerse de manera independiente —así lo pensó la autora—, pero juntos arman algo más que una suma de retratos: arman un argumento.

“El hilo conductor es la transformación del sujeto político en el arco del siglo, desde el proletariado hasta las minorías de Judith Butler”, dice la autora en diálogo con este medio. Hay, en ese periodo, una transformación continua en la manera de concebir quién tiene derecho a actuar políticamente y en qué condiciones. Esa transformación no fue obra del azar ni del progreso abstracto de las ideas. Fue obra, en buena medida, de estas siete mujeres.

EL CENTRO DEL SIGLO

De todas las pensadoras del libro, Hannah Arendt ocupa un lugar especialmente destacado, tanto en el relato como en el título de la edición en español. No es casual: Dimópulos la considera la filósofa política más creativa del siglo XX, la primera que se atrevió a enfrentarse abiertamente con Marx y con Hobbes para proponer una teoría política que no se fundara en la soberanía ni en la economía como determinante última. Arendt pensó la política tras las catástrofes —la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto— y lo hizo sin recurrir a los esquemas heredados. Por eso, dice Dimópulos, todos los que vinieron después —incluido Habermas— le deben más de lo que reconocen.

“La idea de la esfera pública en Habermas es de Hannah Arendt”, sostiene la autora sin rodeos. “Él lo liquida en una frase y sigue.” Esa operación de invisibilización, pequeña pero sistemática, es exactamente a lo que se resiste el libro.

Lo mismo vale para Simone de Beauvoir, cuya recepción en Estados Unidos estuvo durante décadas mediada por una traducción defectuosa realizada por un hombre que omitió cerca del 15% del texto original y alteró el vocabulario. Paradójicamente, fue esa mala traducción la que la hizo conocida en el mundo anglosajón y la que terminó vinculándola definitivamente al feminismo. La historia de los libros, recuerda Dimópulos, no es lineal ni justa.

LO QUE QUEDÓ AFUERA

Toda selección implica una exclusión, y Dimópulos lo sabe y lo dice. Edith Stein quedó fuera. Susan Sontag también. Donna Haraway. Silvia Schwarzböck, a quien la autora hubiera querido incluir. Pero el canon no es el límite del libro: es su punto de partida. La invitación no es cerrar una lista sino abrirla, discutirla, ampliarla. Quizás en el próximo.

UNA REVOLUCIÓN SIN NOMBRE

¿Por qué invisible? Porque, como señala la autora, lo que viene de una minoría —aunque esa minoría sea, en términos numéricos, la mitad de la humanidad— tiende a ser sistemáticamente relegado. En los programas universitarios de humanidades, el feminismo y los estudios poscoloniales comparten un cajón: una materia optativa, un seminario especial, un apéndice. Mientras tanto, el canon “principal” sigue siendo el de siempre.

Dimópulos recuerda una anécdota que sirve además como símbolo: un compañero de facultad que le dijo, subiéndose juntos al colectivo después de clase, que él no leía autoras mujeres porque no tenía tiempo, que había demasiados varones que leer; es decir, primero lo importante, después si aparece el tiempo, lo secundario, lo otro. En ese momento, cuenta, casi no le llamó la atención. Con los años, fue entendiéndolo como una síntesis perfecta del problema.

El libro también será traducido a varios idiomas —al alemán por ella misma, al inglés, portugués, polaco, griego, holandés— y en todos se llamará “La revolución invisible”. Hacia el final de la obra, Mariana plantea que “los grandes otros vienen marchando”, un cierre provocador que funciona como un diálogo crítico con las teorías de Judith Butler sobre la aceptación del otro. La autora advierte que, frente a las filosofías de la apertura absoluta, el panorama actual está cambiando: “ahora vienen otros que son los que tienen las armas largas”.

PARA DISCUTIR LO QUE VIENE

El libro no es nostálgico ni celebratorio; es inteligente. Tampoco es una mera biografía. Empieza con fuerza, en el punto álgido de la vida de estas mujeres. Dimópulos insiste en que no es un libro de historia sino una herramienta para el presente. Las luchas que vienen, dice, no se van a dar en los términos que conocemos. La inteligencia artificial está transformando lo que entendemos por esfera pública. Las batallas serán, en parte, batallas lógicas y digitales. Y si el pensamiento crítico no se pone a la altura de esas condiciones, el riesgo es quedar afuera de la discusión antes de que empiece.

Por eso, con una provocación que ella misma reconoce como deliberada, Dimópulos lanza hacia el final de la entrevista algo que suena a paradoja: “Hay algo que tienen que hacer las mujeres ahora para pensar las batallas que vienen: hay que estudiar más matemática y hay que escribir menos poemas”. No porque la expresión no importe, sino porque los nuevos campos de disputa requieren herramientas que la tradición humanística sola no alcanza a dar. “Las batallas van a ser de orden lógico y de orden matemático porque sobre esos órdenes se van a crear los nuevos lugares de lucha. Tenemos que ir a discutir las condiciones en las que se van a dar esas batallas”, explica.

En ese sentido, la revolución invisible no es solo el rescate de una tradición a la que resulta a veces fácil de olvidar. Es también, con toda su elegancia ensayística, una advertencia: la historia puede volver a pasar. Los cánones se construyen desde el saber que se produce en las universidades, en las instituciones, y se transmite a las generaciones siguientes. Si ese saber sigue organizándose de la misma manera, las revoluciones seguirán pasando desapercibidas.

¿CON QUIÉN TE SENTARÍAS A LA MESA?

Mariana Dimópulos cuenta que estaría entre Simone Weil y Hannah Arendt. Sobre Weil, explica que le interesa por ser “la más misteriosa, la más difícil de comprender en su movimiento también religioso, místico”, porque para la autora es “un modo de acceso ajeno al pensamiento”. En cuanto a Arendt, señala que le gustaría conversar con ella simplemente “porque era una mujer brillante y seguramente sería muy interesante”. Mariana destaca que ambas figuras, junto a Rosa Luxemburgo, encarnaron la divisa de que “más que la inteligencia , es el coraje la virtud política por excelencia”.

EL SIGLO DE HANNAH ARENDT
MARIANA DIMÓPULOS
Editorial: Paidós
Páginas: 352
Precio: $34.900
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