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Las familias gallegas en Argentina

Por MARTA MORENO

Desde el viejo continente zarpan surcando las aguas, algunos barcos impregnados de esperanza. Muchos de ellos van quedando atrás, donde aún se divisan pañuelos al viento, que flameando como banderas, despiden a sus valientes coterráneos; que muy pronto desde un imponente océano vislumbraran un horizonte donde sus ilusiones estaban dispuestos a dar vida.

En Argentina, las familias gallegas tuvieron su mayor ingreso como inmigrantes extranjeros después de la guerra civil española, donde los exiliados en búsqueda de una ciudad compatible a sus características étnicas, culturales y espirituales, elegían a Buenos Aires como destino. Muchos fueron intelectuales que llegaron, entre los que se encontraban aquellos dedicados al teatro, la literatura, las ciencias, la historia, etc... Antes de esta masiva llegada, más precisamente en la época colonial, eran pocos los gallegos que tenían participación en las expediciones realizadas por el Imperio Español.

“Timoneando sus barcos, el Atlántico atravesaron. Argentina encendió su gran Faro para recibirlos y así elogiarlos...”.

Manteniendo sus tradiciones, la comunidad gallega supo organizarse en numerosas asociaciones y sociedades locales, creando en 1921 la Federación de Sociedades Gallegas, Agrarias y culturales. Esta colectividad celebra el Día Nacional de Galicia y el Festival de Buenos Aires celebra Galicia. Allí todas las actividades cuentan con música, donde el entrechoque de las cunchas, son de una gran exquisitez para nuestros oídos, acompañadas, junto al acorde de las gaitas, imitando el sonido del viento, que junto a la pandereta, donde los dedos de nuestras manos bailan sobre un parche, elevándose a un imaginario compás. “Cunchas, gaitas, panderetas, amenizan a los pueblos de Galicia”.

Y junto al recuerdo de aquellas manos firmes y arrugadas de nuestros abuelos, llega la gastronomía gallega, que inspirada en sus típicas comidas los invitan a disfrutar en tierras lejanas, las añoradas comarcas de España. Ricos almuerzos se organizaron, ofreciendo ante sus creencias: la queimada y su conjuro. En definitiva... a través de la poesía, también llegamos a comprender, que ante los avatares de la vida, nuestro terruño, es aquel donde nos vio nacer, donde nos impregnó del saber ser, en nuestra propia tierra, como en mundos lejanos. El saber ser, es disfrutar de la vida sin perder la esencia. Aunarse para un fin común, lleva a mantener nuestras tradiciones y cultura, en cualquier suelo que nos dé esperanza. El intentar es la fórmula.

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