Compilada por Natalia Bericat y Nina Ferrari, editoras de Sudestada, Bravas muchachitas. Antología para el Indio Solari reúne a treinta mujeres que escriben desde un vocabulario común: metáforas de barrio, frases que circulan entre fans y una épica que se nutre de recitales, cassettes y despedidas.
El proyecto nació, según cuenta Bericat, cuando murió el músico, dentro de un grupo de poetas y escritoras de la editorial, varias de ellas autodefinidas como ricoteras. El título apareció de forma casi instantánea. Después vino la búsqueda de voces, que no se limitó a las escritoras de oficio: la editora quiso que también hablaran mujeres que habitualmente no escriben y que el libro les diera la oportunidad de hacerlo.
La variedad es lo primero que se advierte. El volumen combina poesías, canciones, cuentos, monólogos y cartas, y ninguna pieza se parece del todo a otra. Hay recuerdos de la primera vez que alguien escuchó a la banda, dos cuentos y dos relatos centrados en el propio Indio y textos poéticos junto a otros de lenguaje visceral y popular. La lectura se parece a un recorrido por distintas generaciones de fans, con sus fechas, sus lugares y sus modos de nombrar.
El prólogo, “Elegía para el poeta de los olvidados”, define el libro como un texto vivo y propone una imagen que organiza el conjunto: la de una misa colectiva que no deja a nadie afuera. Allí aparece también la pregunta que sostiene la antología: ¿no es acaso un familiar aquel con quien compartimos un lenguaje, una forma particular de ver y sentir?
Gloria Carrá abre el recorrido con “No lo soñé”, un relato sobre la adolescencia: un cassette rebobinado una y otra vez en una casa de El Faro, en Mar del Plata, para descifrar letras que nadie terminaba de entender. La voz del Indio, escribe, llegaba a los huesos. El texto avanza de la escucha a la conversación, del mito a la intimidad, y su título ya contiene un juego: el sueño que la autora deseaba tener lo tiene un amigo, no ella.
Nina Ferrari escribe “Un idioma de fuego”, un poema dirigido a un tú al que se le pide una forma de nombrar. Parte de una imagen popular, la de los pueblos que tendrían decenas de palabras para la nieve y la convierte en una pregunta sobre cómo se narra a alguien que se conoce a través de unas pocas palabras. Su cierre sostiene que la poesía no se inventa sino que se descubre y que puede resucitar a un pueblo entero.
En “Una pluma deambula en la eternidad”, Natalia Bericat construye una crónica en primera persona de la vigilia en Villa Domínico, en Avellaneda, la noche previa a la despedida. Hay cuerpos alrededor del fuego, una fila que avanza hacia el altar, una marcha hasta el Puente Pueyrredón y una frase que atraviesa quizás todo el libro: donde hay dolor habrá canciones.
Las compiladoras explican que el orden de los textos se pensó en colectivo, respetando la voz de cada autora y evitando repetir géneros. Durante la lectura conjunta, según recuerda Bericat, el proceso fue intenso: “Después era leer juntas y llorar”. Sobre la motivación de muchas participantes, sostiene que salir “de ahí directo a escribir algo porque era una necesidad”.
El vínculo con el músico tuvo también una dimensión de gesto. Antes de la pandemia, y durante toda ella, las compiladoras le enviaban libros al buzón de su casa. La antología nace además de una frase suya que las compiladoras convirtieron en consigna: “Hay que leer a las muchachas”. Saber que sus libros estaban a su alcance, para ellas, un honor. Bericat habla de las canciones de Los Redondos como de una “memoria sonora casi inexplicable”, un territorio donde se guarda lo que las palabras no alcanzan a decir. Para las mujeres de su generación fue un rescate en las adolescencias de los años noventa, cuando el paisaje de género era otro y la música les daba un lugar propio.
- Bravas muchachitas. Antología para el Indio Solari
- Natalia Bericat y Nina Ferrari
- Editorial: Sudestada
- Páginas: 156
- Precio: $29.000
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