Juan Solá construye una literatura en la que las vidas pequeñas nunca son vidas menores. Sus personajes atraviesan el deseo, la pérdida, el miedo y la necesidad de encontrar a otro en medio de un mundo que muchas veces parece hecho para expulsarlos. En Microalmas y Galaxia, dos libros diferentes pero conectados por una misma sensibilidad, el escritor encuentra distintas formas de contar esas experiencias.
Publicado en 2016 por Árbol Gordo, Microalmas reúne textos breves que se detienen en momentos mínimos: una espera, un encuentro, una separación, un recuerdo que vuelve cuando menos se lo espera. Solá trabaja con escenas de intimidad y las convierte en pequeñas historias sobre el amor y sus posibilidades. No le interesa tanto el desenlace de los vínculos como aquello que ocurre mientras dos personas intentan sostenerlos.
La escritura es directa y de tono confesional. Los cuerpos, la noche, el barrio y la memoria aparecen como espacios donde se construyen relaciones atravesadas tanto por la ilusión como por la incertidumbre. Cada texto funciona como una pieza independiente, pero todos participan de una misma mirada sobre aquello que suele quedar fuera de los grandes relatos: las emociones cotidianas, los vínculos frágiles y las experiencias que pueden parecer insignificantes hasta que alguien consigue ponerlas en palabras.
Cuatro años después, en Galaxia, Solá amplía ese universo. Publicada por Sudestada en 2020, la novela cierra la trilogía iniciada con La Chaco y continuada con Ñeri. Su protagonista es una mujer travesti cuya historia está atravesada por la violencia, la pobreza, el deseo y, sobre todo, por la búsqueda de un lugar propio.
En esta novela, la intimidad se cruza de manera más evidente con lo político. La discriminación, la violencia institucional y la vulnerabilidad forman parte de la vida cotidiana de Galaxia, pero el relato también pone en primer plano los vínculos entre quienes comparten esa experiencia. La amistad, el cuidado y la solidaridad aparecen como formas concretas de resistencia.
Entre Microalmas y Galaxia hay, entonces, un recorrido que va de lo mínimo a lo colectivo sin abandonar nunca el territorio de las emociones. Solá escribe sobre personas que buscan afecto, reconocimiento y compañía, pero también sobre aquello que deben enfrentar para conseguirlos. En ambos libros, la ternura no aparece como un refugio separado del conflicto, sino como una manera de atravesarlo.
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