Estando cerca de un río, en ti me puse a pensar y en un instante fugaz te imaginé muy lejana, y en un envase vacío que a su vera yo encontré, en su interior coloqué una carta de amor puro, lo deposité en las aguas y al manso río le dije “tú, que recorres a diario varios lugares a la vez, te suplico si la ves, entrégale este presente”.
Después de un día muy largo en que esperaba noticias, el río iba y venía y nada me contestaba, ¡y de pronto en una oleada, dos envases devolvió!
En uno de ellos había una carta de este río que se deletreaba así: “A tu apreciada mujer yo no la pude encontrar; la busqué por las bahías, por los golfos, por los mares, en cuanta costa me hallé hasta allí yo la busqué, y en un intento final para ver si la encontraba a mi lecho descendí, y allí todo comprendí que solo hay un lugar donde la podés hallar porque el día 20 de este mes, ella estará en el salón de Raul Gaggiotti, allá en la calle 23, para compartir la celebración del día del jubilado. Por eso, Floreal, yo te devuelvo el envase que tú me diste, no necesito buscarla porque seguro ¡segurísimo!, tú la encontrarás.
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